• Sebastián Blaksley

Capítulo 2.30 - Camino a tu lado

Actualizado: jul 16

Amados todos. Vosotros que recibís estas palabras del cielo. No solo los que sois conscientes de ellas, por medio de los símbolos escritos, escuchados o representados. Sino, todos a los que esta obra está destinada, desde toda la eternidad. Os hago esta aclaración, para que sepáis a ciencia cierta, que la voz de Dios, manifestada en estos escritos, llega a todos por igual. Lo hace de un modo que es misterio para la mente pensante, pero no para los que saben que existe mucho más que, solamente aquello que los razonamientos intelectuales son capaces de comprender.


Vengo a deciros, por voluntad de la Madre de la vida, lo que a continuación os es dado. Escuchadme con amor y apertura de corazón. Recibid estas revelaciones como lo que son. Un regalo bendito, dado a vosotros por Aquella que es la fuente de todo ser verdadero, y de toda existencia santa. No os detengáis en las palabras, o los nombres. Absorbedlas con el alma. Dejad que el espíritu que fluye de ellas os envuelva, y os regale la paz que tanto anheláis. Vosotros, que habéis sido elegidos en el designio para recibirlas, sabéis de quien es la voz que os habla por medio de ellas. Lo sabéis porque sois hijas e hijos de la verdad.


En las tierras de la santidad existen luces que nunca se apagan, y alegran la visión de las almas. Colores de hermosura inefable, de los cuales emergen música y canto. Las formas no limitan, sino que demuestran. Las identidades, refulgen con claridad en las inmensas realidades divinas. La unidad es el deleite de los espíritus. La sabiduría de Cristo, el fundamento de su dicha sin fin. En ella, la verdad brilla como sol perpetuo. El amor es viento suave que refresca y abraza todo. Desde el interior del firmamento divino, brotan melodías de gratitud. La soberana de la paz, Madre de los vivientes, se pasea en unión con toda la creación. De su Inmaculado corazón emergen Gracias inimaginables, las cuales son dadas a cada criatura, en razón de su pureza y divina perfección.


Todo le es dado en plenitud, al alma que abraza la verdad. Por esta razón es que se hace heredera de Cristo, pues él es la verdad. En verdad os digo, que no os podéis siquiera imaginar la grandeza de vuestra realidad, tal como Dios la ha creado para ser. Estáis llamados a cosas grandes. Muy grandes. A realidades inefables. A algo que está más allá de cualquier valoración. Os invito a no olvidaros nunca de ello. Quizá os preguntéis a qué viene todo esto. O incluso, cuál es la razón por la que el cielo ha llamado a esta mano amiga, la cual vive unida a un corazón lleno de devoción al amor y la verdad, para ser un lápiz en las manos de Dios. Os respondo.


En un mundo donde las mentes están tan entretenidas con cosas que no tienen ningún valor, porque no son eternas, ni sirven al amor santo, es necesario que existan obras como esta. El amor de nuestro Padre y Creador es infinito. En su inagotable bondad, regala para la tierra, incontables manifestaciones celestiales. Lo hace para que, aquellos que han despertado a la consciencia del amor, puedan recorrer el camino del mundo, sin dejar de recibir constantemente el regalo de escuchar su voz, y sentir vivamente su presencia en sus vidas. El amor los ha llamado. Ellos han respondido. Por tal motivo, permanece unido a su humanidad de modo sensible y vivaz. También se manifiesta con claridad, para que aquellos que aún no han despertado a la verdad divina de lo que son, tengan la oportunidad de hacerlo.


No existe un solo paso terrenal de las hijas e hijos de Dios, que no sea contemplado, y abrazado por el amor divino. Mi presencia en vuestras vidas, da testimonio de ello. Estoy aquí. En cada aurora, cada mediodía y cada noche. Camino a vuestro lado a cada instante. Voy a trabajar con vosotros, si vosotros vais. Velo junto a vosotros cuando dormís. Permanezco orante junto a vuestras almas cuando venís a la oración.


Os invito a hacer de la devoción al amor y la verdad, el alimento de vuestras vidas. Os aseguro que os sorprenderéis a cada día, por los milagros que recibiréis como fruto de vuestra apertura a escuchar la voz de Cristo y seguirla. No tendréis ninguna duda acerca de si lo que oís, procede del cielo o no. En vosotros reside la verdad. En vuestros corazones habita el amor. En vuestras almas resplandece la santidad. Haced la prueba y lo veréis. Dejaos sorprender por el amor.


Gracias por responder a mi llamada, y permitirme formar parte de vuestras vidas.


Os bendigo en la paz.

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