3. Suenan las trompetas

3. Suenan las trompetas

Una vez que la llamada del cielo se hizo humanidad en el Cristo humanado, se hizo más audible para la creación material. O mejor dicho, se hizo una con la realidad terrenal que el alma estaba experimentando. Si meditas acerca de lo que aquí se te está diciendo, verás que esto tiene sentido. Si la llamada es universal, no puede estar ausente en ninguna de las realidades que existan, incluso aquellas que no fueron creadas por Dios. Con esto me refiero a que, a pesar de que la mente pueda querer fabricar un mundo de fantasías, la pregunta de Cristo al alma seguirá activa en el centro de cada ser. Recuerda que los pensamientos no son el ser, ni las fantasías pueden llegar al centro de lo que eres. Si lo hicieran, no seguirían siendo ilusiones, ya que lo que se une a ti se hace verdad en razón de lo que eres.


El motivo por el que la llamada de Cristo está activa siempre, y es universal, es porque es la llamada a la existencia. Sin ella, nada existiría. Y Dios sabe que deseas existir, tal como lo desea toda criatura. De lo contrario no las hubiera creado. El acto creador no es una acción egoísta. No surge de la divina voluntad separada de la voluntad del creado. Al llamarte a la vida, el amor ha respondido a tu voluntad de ser.


El llamamiento de Dios a la creación es eterno, por lo tanto se hace ahora y siempre. Lo mismo sucede con la respuesta. Al responde el alma a la invitación del cielo, a vivir eternamente en la dicha del amor perfecto que ella es, lo hace de modo perpetuo. Esta respuesta sin fin, no significa que se tenga que pensar en responder, o hacer eternos discernimientos. Ni siquiera requiere palabras. El amor no piensa en los términos de lo que llamas pensamientos humanos. No elabora razonamientos. Tampoco hace nada. El amor simplemente es. ¿Qué otra cosa puede pedirle Dios al alma, sino su voluntad de amar, ya que eso es lo único que es totalmente suya?


La llamada a la existencia no es un capricho divino, es la voluntad de ser que existe en ti. ¿Cómo es posible que antes de ser creado, ya hubieras expresado tu voluntad de ser? Esto se responde de modo muy sencillo. Nunca hubo tal cosa como un antes de ser creado. Existes desde toda la eternidad porque Dios es eterno. No hubo nunca un tiempo en que tu y Yo no existiéramos unidos en la verdad. Ni lo habrá.


¿Cómo comprender la verdad que te dice que has existido desde siempre, y tu existencia es la respuesta a tu voluntad eterna de ser? Reconociendo la verdad de lo que eres; un aspecto de Dios. Por lo tanto, tienes que ser eterno. Eres el espejo del cielo en el que Dios mismo ve reflejado un aspecto de su ser. En otras palabras, eres literalmente un pedacito de cielo. La suma infinita de todos los espejos de santidad – que son los diversos aspectos de la creación – es lo que hace que Dios se conozca a sí mismo en la filiación. ¿Acaso un creador puede conocerse como tal, de otro modo que no sea en sus creaciones? ¿Si la creación es el rostro de Dios, donde Él mismo se conoce en su poder creador, como no iba a ser santa, bella, perfecta?


Para que pueda existir el libre albedrío, era necesario que existiera la potencialidad de darle la espalda a la verdad. Evidentemente, de si tomaba esa opción, de ello surgiría un estado en el que, a pesar de que la creación fuera expresión de lo divino, no puedes verla ni reconocerla. Pero, tal como ya hemos dicho, darle la espalda al sol no significa que el sol deje de existir, o que sus rayos dejen de abrazarte con su luz, calor y vitalidad. Lo único que eso quiere decir, es que estabas mirando para otro lado. Hacia la nada. Un modo sencillo de comprender esto es el siguiente. Al dejar de mirar a la verdad como tu única realidad, lo que hiciste fue dejar tu capacidad creadora en suspenso, por eso es que la mente quedó en blanco. No dejaste de ser el que eres, pero sí que quedó en suspenso la respuesta a la invitación a formar parte de los procesos creadores de Dios, a los que estás llamado a unirte desde el instante mismo de tu creación.


Dios es ternura sin fin. Esto hace que su voluntad disponga que sus hijas e hijos bien-amados sean despertados serenamente y con suavidad. La llamada a despertar al amor, es más suave que la más tenue brisa de verano, y más tierna aún que un hermoso copo de nieve. Al mismo tiempo, es portadora del poder que crea la vida, y sostiene al universo en la existencia. El amor siempre respetará la libertad.Esta es la razón por la que a cada cual se le respeta su tiempo y proceso, para hacerse consciente y responder a la invitación del amora vivir en la verdad. El cielo puede esperar, pues sabe que incluso en esa espera hay amor, santidad, perfección. Lo hay, porque respetar la libertad del alma es un acto de amor perfecto, y por lo tanto santo.


En términos de la verdad, poco importa si optas por un camino u otro en relación a lo que eres. Dios siempre irá a tu lado y en ti. Él seguirá contemplándose a sí mismo en toda su Gloria al contemplarte a ti, porque no ve ilusiones. Ve todo tal como es, pues es la fuente del ser. Por lo tanto, la llamada a despertar no es para Él, sino para ti. ¿Para qué? Para que tú también puedas ver la grandeza, magnificencia, e inefable belleza de Cristo, y de ese modo te goces eternamente en la alegría de conocerte en Él.


Lo que Dios ve cuando te mira, deja al alma muda de amor y hermosura. Lo que su divino ser vive, en esa perpetua visión de la verdad, es dicha sin fin, vida en abundancia, plenitud sin límites, amor sin fronteras. Todo eso y mucho más - en términos de perfección - es lo que te pertenece por derecho de nacimiento. Y lo que el amor divino quiere que hagas tuyo, pues tuyo es. Y no solo dispone eso para ti, sino para toda la creación. A todos os llama para que viváis en la verdad de la santidad que sois, por toda la eternidad. Es un llamamiento a vivir en la paz que no tiene contrario y es el basamento de la vida.


Se te está diciendo con claridad, amada de mi corazón, que lo que sucedió hasta este momento, tanto para ti como para la consciencia universal del creado, es que se recorrió un camino en el tiempo para poder elegir, es decir para hacer la opción fundamental del alma. También se está revelando que esa opción fundamental ha sido hecha por tu alma y por toda la creación. Dicho llanamente, el universo creado le ha dicho sí al amor. En razón de ello, todo está siendo embebido por él. Iluminando.


Reuniendo. Santificando. Como efecto de ello, se ha abandonado la era de la razón, para dar inicio a la era del corazón. La historia de la creación ha sido un viaje sin distancia, desde el estado de creado a la espera de realizar su opción eterna, hasta el momento en que le dice sí a Cristo. Una vez realizado esto, en el interior profundo de la consciencia, la humanidad vive su noche oscura del alma, para luego resucitar a la luz de la vida. Así como es adentro, es afuera. Tal como aconteció en tu camino de ser, lo mismo ocurre en el mundo entero.


Sí, amada mía. El tiempo que antecedió a esta nueva era llamada era del corazón, la cual se está manifestando ahora, ha sido un largo camino desde la negación del ser, hacia su aceptación, para luego atravesar la noche oscura universal. Y de allí, pasar a vivir en la luz de la divina gloria. No podía ser de otro modo, pues no existen diferencias esenciales entre la parte y el todo. Entre lo que cada aspecto de la naturaleza humana es, y lo que es el todo de la humanidad. A estas alturas es necesario que comprendas qué es verdaderamente aquello que llamamos noche oscura universal. De eso hablaremos en este diálogo de amor y verdad.


Lo que llamas noche oscura, independientemente de que se refieraa un alma o a toda la creación, pues ambos son una unidad, hace referencia al tiempo que va desde la plena aceptación del amor, como la única verdad del ser, hasta el des-hacimiento de lo que no es verdad. Una vez que las diversas capas de ilusión se van desmantelando, la santidad del ser puede refulgir en toda su magnificencia. En cierta medida, es como si fuera el parto de Cristo en la creación.


Antes del alumbramiento hay un proceso. Así como la vida de un niño que va a nacer, se va gestando en la oscuridad del vientre de la madre, tu serpermanecía en las profundidades del corazón de Dios, resguardado de todo engaño, a la espera del momento perfecto en que debía salir a la luz. Ese tiempo perfecto es ahora. No un ahora eterno, en el sentido de que siempre pudo ser y siempre podrá serlo. Sino, en un ahora concreto. Este momento histórico de tu vida, de tu alma, y de toda la creación, incluyendo desde luego al mundo entero. Ahora, y no antes, conforme lo comprende el tiempo. ¿Acaso no fue para ello que se creó el tiempo, para darle tiempo a la creación para hacer la opción fundamental?


La llamada universal ha sido escuchada, y respondida. Nadie que la escucha puede dejar de responder, pues escuchar y responder son en verdad lo mismo. Así es como sucedió en tu consciencia y en la de la creación. Llegó el tiempo en que te decidiste a escuchar la voz del amor en tu interior. Cuando hiciste esa elección, le diste al unísono tu sí a Cristo, pues de eso se trataba la llamada. Al darle tu sí, tomaste la decisión irrevocable de que todo lo que no fuera verdad acerca de ti, y de tu realidad, se desvaneciera para siempre. Dicho de otro modo, le pediste al Espíritu Santo que venga a iluminar tu humanidad, y deshiciera todo lo que no estaba en armonía con la santidad de tu ser. Y Él no se hizo esperar.


Tan pronto lo invocaste, el Espíritu Santo hizo acto de presencia en ti, y comenzó a hacer lo que es su función hacer, restaurar y sostener el recuerdo de lo que eres en tu mente y corazón. Para hacer eso, te dejaste llevar al desierto donde te habló al corazón. Fue un diálogo de padre a hijo, de madre a hija, de maestro amoroso a alumno humilde y receptivo. Un diálogo en el que participó no solamente tu humanidad, sino toda la creación. Fue un encuentro de la totalidad, realizado en la parte. En ese encuentro de corazón a corazón, todo quedó transformado. Lo que nunca fue, dejó de ser para siempre. Al hacerlo, estructuras de pensamiento, patrones mentales y emocionales, creencias, modos de ver las cosas y de ser, fueron primero reemplazados por sus opuestos en santidad, para finalmente ser abandonados por completo.


Como efecto de la transformación, tu mente y corazón fueron vaciados de todo lo que considerabas “tuyo”, para poder ser absorbido por el amor. Dejaste de pensar por ti mismo, para permitir que sea Cristo quien piensa en ti. Abandonaste el deseo de vivir por ti mismo, para permitir que sea Cristo quien viva en ti. Esto no es algo que sucedió solamente en ti. No podría haber acontecido en tu consciencia particular si antes no estuviera disponible esa opción. De manera tal que, los tiempos que antecedieron a ese encuentro real con Dios, sirvieron como preparación de la opción fundamental que viniste a realizar al mundo.


El paso por el tiempo es el último peldaño del alumbramiento del ser. Es atravesando ese estadío como naces a la vida eterna. Esta revelación es de gran relevancia, pues te permite conocer el propósito del mundo tal como lo ve Dios. Piensa en él, no como una vida que se te da para ver si apruebas un examen o un conjunto de pruebas, sino como la última etapa de un camino hacia la plena realización de lo que eres. Los que vienen a él vinieron a despertar, pues están listos para hacerlo. En efecto, todos los que caminan por los senderos del mundo están despertando. En ese sentido todos están despiertos, pues han venido al reino cuya meta es la de despertar al amor.


¡Cuán misericordioso es Dios, que ha permitido que exista el reino del tiempo, para que su hija bien-amada pueda optar por el amor! ¡Cuán sabias son sus obras! Ha hecho que en él exista todo lo necesario, para que se pueda alcanzar el conocimiento de la verdad y ejercerel libre albedrío. ¡Qué bondadosos, sus designios! Él mismo ha decretado las leyes del universo. Al hacerlo, lo ha dotado de las leyes perfectas para que el alma pueda conocer la verdad acerca de su ser. Y al conocerse en su serena luz, le regale un sí perpetuo al amor de Cristo. Así es como el alma se dice sí a sí misma, pues no es otra cosa que amor.


¡Qué grande es el amor! Su ser está más allá de toda palabra. Con su voz ha dado vida a todo lo que vive. Para sus creaciones es madre y padre, hermana y hermano, amigo y unidad. Estando su ser más allá de todo símbolo, se hace palabra humana. No teniendo límites, se une a la forma para hacerse uno con la materia. Siendo eterno, abraza el tiempo. Y todo ello, por puro amor al alma. En su bondad ha dado órdenes a sus ángeles para que hagan sonar dulcemente las trompetas del cielo. Para que todo el universo puedan oír la voz del amor llamando a la vida que no tiene fin. Y ha dicho que ese cántico celestial perdure por los siglos de los siglos hasta la consumación de los tiempos. De tal modo que todos puedan pir con claridad la llamada de lo alto, diciéndole a cada criatura:

Ven, amada mía, amor de mi ser. Ven a gozar de las maravillas que preparé para ti desde toda la eternidad.
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