Destellos del amor hermoso - Carta 39
- Sebastián Blaksley

- 28 may 2025
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I. Gloria de la resurrección
Hijos míos.
He venido en unión con mi Madre divina, quien también es vuestra. Su gloria es la gloria del cielo y el gozo de las almas puras. Juntos somos una unidad. No se puede separar mi amor del de Ella. Nuestros corazones laten al unísono. Somos una sola alma. Somos la concordia de la verdad. Hoy, tal como ayer y siempre, os invito a amar a mi Madre con el mismo amor que ella os ama a vosotros. El cual no es otro amor que el mismísimo amor que yo tengo para con vosotros, el amor de Dios. No existe otro amor.
En el corazón de María Inmaculada encontraréis los tesoros del reino. En verdad, en verdad os digo que cada vez que pasáis un tiempo con ella, estáis conmigo. Allí donde yo estoy, está María. Y allí donde Ella está, estoy yo siempre unido a la Gloria del Padre, de donde toda luz verdadera procede, pues es la fuente de la verdad.
Hijitas e hijitos de todo el mundo. Os he dicho que estaré con vosotros hasta el final de los tiempos. Por esta razón es que os regalo estas palabras llenas de pureza y santidad. Palabras de vida eterna. Palabras que brotan de mi sacratísimo corazón en unidad con el Inmaculado corazón de María. Y que fluyen desde el cielo de mi ser santo hacia ti, que las recibes con amor y apertura de corazón, y al mundo entero.
En estos tiempos en que se manifiesta negativismo en algunos lugares, os vengo a recordar la verdad. No tengáis miedo. El mundo está en la palma de mi mano. Yo lo sostengo con mi divino poder. Os aseguro que la transformación que estáis experimentando es gloriosa. Vuestras consciencias pueden comprender esto muy bien. Ellas conocen la verdad. Vuestros corazones anhelan que la transfiguración de vuestra realidad se haga presente. Y es eso lo que está sucediendo. Vuestra voluntad está unida a la voluntad de Dios. En vuestras almas existe el conocimiento perfecto y la capacidad de permanecer en él.
Vengo a echar luz para que evitéis caer en la confusión, o para que salgáis más fácilmente de ella, en caso de que vuestras mentes olvidadizas se vayan a vagar por tierras ajenas a la paz. El fin de los tiempos, e incluso el fin del mundo, no es el fin de la vida, ni de la creación material. Es el fin de una era, y el comienzo de otra. Esto se debe repetir una y otra vez, dado que existe en vuestros corazones, desde hace largos siglos, un cúmulo de información que suscita miedo. No os guieis por ello. La sabiduría no es información. Más bien, dejaos guiar por la verdad que os es revelada en vuestras mentes cuando estáis unidos a Cristo en paz.
Escuchad vuestras almas. Dejad que vuestro ser os instruya, y diga de qué trata la vida. No prestéis vuestros oídos a aquello que no puede saber la verdad porque no procede de ella. Simplemente fijad vuestras miradas en el amor compasivo de Dios. Y la luz del cielo brillará en vuestras mentes con un resplandor que disipa toda sombra de miedo al desvanecer la ignorancia.
La realidad humana, como parte de una realidad mayor que abarca todo lo que existe, se mueve y es dentro del universo material, está siendo transfigurada en el amor y la gloria de la resurrección. Esto ya se ha dicho. Ahora profundizamos acerca de su significado.
No estáis aquí por casualidad. Vuestras almas se han unido a la voluntad de Dios para estos tiempos. Es por medio de vuestras consciencias y con ellas, en unión con la consciencia de Cristo como esa transformación se realiza. En otras palabras, la plena realización de la humanidad es el proceso que ha estado llevándose a cabo a lo largo de la historia del tiempo, y ahora está llegando a su plenitud. Lo que está llegando a su zénit es la plena consciencia de que esa realización ya ha sido dada.
II. Alegría de lo nuevo
Os aseguro que el nuevo cielo y la nueva tierra que están emergiendo como una unidad en este tiempo de transmutación es lo que habéis estado anhelando desde antes de los orígenes del tiempo. Cuando seáis plenamente conscientes de ello, podréis reconocer que todo ello es expresión de la gracia de la misericordia divina. Todos conocerán a Dios sin distorsiones. Y podrán elegir libremente vivir en la realidad del amor, al reconocerla y aceptarla como vuestra única realidad eterna. No os preocupéis pensando cuándo ocurrirá eso, o cómo será el suceso universal de toma de conciencia en el que todos se despertarán a la verdad de lo que son. Más bien ocuparos de lo único que tiene sentido, de permanecer unidos a Cristo todos los días de vuestras vidas, conforme lo dicten vuestros corazones.
El amor está aquí. El cielo te pertenece. Dios mismo te está llamando desde los abismos de su corazón santo. Eres su hijo bienamado y siempre lo serás. Tu ser permanece dentro del abrazo del amor. Y tu alma canta jubilosamente a la grandeza de la santidad.
Estas palabras resuenan en ti como recuerdo de un saber hermoso que sabes que es verdad. Es el canto de la vida al ser. De Cristo a tu alma. Del cielo a tu humanidad. Escúchalo. Gózate en él. Deléitate en sus melodías. Permite que su dulzura envuelva tu mente e inunde tu corazón. Déjate amar. Hazte uno con este canto, pues en verdad lo eres. Fúndete en su belleza y deja que se extienda desde ti cada vez más. Y verás como otros escucharán las sinfonías del cielo que tú mismo eres. Ellos las oirán porque tú serás una canción de amor para el mundo entero. Serás la nota musical que el creador de toda música eterna ha creado, para que sea escuchada por todos los que aman la hermosura y la paz del cielo.
A todos os digo. Los corazones renovados, aquellos que han sido atravesados por el amor santo que procede de, y es, Cristo, están cantando en la tierra así como en el cielo. Ellos traen la buena nueva. Son portadores de la luz de la sabiduría eterna. Irradian con su luz al mundo entero. Inundan la tierra con su dulzura y santidad. Ellos están aquí. Rodeándoos por todas partes. Permanecen junto a María inmaculada y a vuestro amadísimo Jesús, quien siempre está a vuestro lado. ¿Acaso no podéis escucharlos? ¿No veis los signos de los tiempos? ¿Podéis percataros de cuán variadas formas de expresión del cielo están siendo regaladas a la tierra? Sí que podéis. De lo contrario no estarías aquí recibiendo estas palabras de sabiduría y verdad. Podéis, porque sabéis reconocer la voz del amor, la cual os recuerda que cada uno de vosotros está llamado a entonar el canto de la vida eterna. Canto de alegría sin fin.
Amados míos. Vuestros corazones saltan de alegría cada vez que les permitís salirse del mundo y morar en la casa del Padre. Haceos conscientes de ello. Y seguid vuestra estrella. Ella os guiará siempre por el camino del amor hermoso. Su luz procede de la luz de la vida y os indica el camino hacia su fuente. Haced vosotros como ella. Sed estrellas de salvación del mundo entero. Iluminad las consciencias con la luz de Cristo que mora en vosotros. Mostrad al mundo el amor a Dios. Dejad que el canto de vuestras almas sea oído por todos. Llenad de música alegre al mundo. Tomad la mano de vuestras hermanas y hermanos, para caminar juntos con María y Jesús hacia la plenitud de los tiempos. Vayamos unidos cantando un canto nuevo. El canto del triunfo del corazón de Jesús y María.
Por amor os digo una vez más. Confiad únicamente en las fuerzas del amor. No busquéis soluciones por vosotros mismos. Más bien unid vuestras preocupaciones y ocupaciones a mi sacratísimo corazón. Juntos seguiremos llevando el amor al mundo. Y transformando la realidad terrenal en una nueva realidad. Seremos testigos vivientes de la Gran Transfiguración. Y nuestra alegría será inmensa. Será una con la alegría de los ángeles del cielo y de Dios. De ese modo, seréis lo que el Padre de las luces ha determinado que seáis por toda la eternidad: un hermoso canal del amor santo, por medio del cual la vida se extiende en un movimiento que no tiene principio ni fin.
Gracias por escuchar mi llamada.





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