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Alegría en el amor - Carta 84

I. Vida sin fin


Hijos míos, he venido a sanar los corazones heridos, a traer paz a las mentes que la han perdido, a unir lo que estaba disperso. Por todas partes veis señales de lo que un mundo sin amor es capaz de provocar. Esas muestras de los efectos del miedo dan testimonio de que no existe nada que tenga sentido anhelar de esa realidad que, aunque nunca creada por Dios —y por ende ilusoria en la dimensión de la verdad— lastima a mis hijitos. Familias desunidas, o creadoras de valores que no promueven las virtudes procedentes del amor. Gobernantes que buscan apoderarse del poder que solo le corresponde al amor. Jóvenes cayendo en los abismos de la oscuridad y el desenfreno, haciendo un dios de sí mismos. Adultos alejados de la sabiduría que ya deberían haber alcanzado. Ansiedad en el caminar del mundo. Todo eso y mucho más —mis amados retoños— es muestra de lo que sucede cuando se crea algo desde cualquier cosa que no es amor.


Sin embargo, en la realidad dual los opuestos se enfrentan cara a cara. Frente a la oscuridad existe el rostro de la luz. Junto al miedo, sigue viviendo el amor. Allí donde existe la desarmonía, hace acto de presencia la concordia. Dios el Padre no se amedrenta ante las amenazas del miedo. Confronta todas las realidades existentes en la presencia del amor. Entended que la verdad no puede eliminarse de ninguna dimensión que pueda existir. Ella siempre resplandecerá radiante como el sol. Puede que ciertas nubes busquen nublar su fulgor, o esconder su belleza, pero eso no hace que deje de brillar en toda su gloria. No hay nubes que puedan ocultar el cielo totalmente, ni que lo puedan opacar para siempre. El viento del amor las disipa y el sol de la verdad las disuelve. Todo a su debido tiempo.


El soplo del espíritu de Dios se cierne sobre la faz de la tierra. Y así como una vez infundió vida a la tierra yerma, ahora está infundiendo santidad, a un mundo que se había extraviado de la senda del amor. Vivís tiempos de grandes desafíos, eso es cierto. Pero os aseguro que, si ponéis todo en manos de Dios, y hacéis participar a Cristo en vuestras decisiones, todo será más fácil. Nada es imposible para el amor. Estáis viviendo en los tiempos en que la señal del cordero se mostrará en los hijos de Dios como nunca antes. El pueblo santo saldrá a la luz y todos lo verán. Sus habitantes serán reconocidos por lo que son, los reunidos por el amor. Son tiempos de siega. Tiempos de separar la ilusión de la verdad. Los tiempos del canto de la caridad.


La fortaleza de la verdad se hace presente en la realidad del mundo. Ya nada puede acallar su voz. Son tiempos en que la luz canta su benevolencia, disipando la niebla del olvido de Dios que existía en las consciencias adormecidas. La confusión de los espíritus ha llegado a su cenit. Por causa de ello se aferrarán cada vez más al creador, única fuente de paz duradera. En esa búsqueda de aquello que constituya su refugio, las almas se volcarán al Padre como nunca antes lo habían hecho. Son tiempos de reunión. Tiempos de gloria. Tiempo de retornar a la relación directa con Dios.


II. Más allá de las apariencias


Quizá os preguntéis, cómo es posible que la Madre de la verdad os esté hablando del triunfo del amor, cuando por todas partes veis miedo, desorientación y violencia. Hacéis eso porque ponéis vuestra mirada en las cosas del mundo, dejándoos llevar por lo que la humanidad os muestra. Quienes utilizan como fuente de su saber a lo que el mundo les muestra, no pueden dejar de ver caos e insensatez. El conocimiento adquirido por medio de las leyes de los hombres, nunca os llevará a reconocer al amor. No puede hacerlo, porque ha nacido del miedo. Ha sido fabricado por su hacedor como medio de supervivencia, ante una realidad que es considerada hostil, y en la que parece no haber espacio para Dios. Por causa de ello la inteligencia humana se ha centrado en lidiar con la oscuridad, en vez de encender la luz de su consciencia, para que simplemente sea disipada, y poder así habitar en la morada de la santidad, donde siempre brilla el sol.


Solo existe un medio para que, viviendo en un mundo sin amor, podáis permanecer en la dicha del cielo; reconociendo jubilosamente que no sois del mundo. Sois los peregrinos del amor. Habéis venido a aportar vuestra luz purísima —traída dentro de vuestros corazones— desde el reino de los cielos, a un mundo que estaba sumergido en las tinieblas, pero que finalmente será absorbido por la luz radiante de la verdad. Sois los grandes transformadores del universo material. Con vuestras oraciones, vuestro sincero anhelo de hallar la verdad y vivir en ella. Con vuestra devoción al espíritu de Dios. Por medio de vuestra unidad consciente con Cristo, estáis creando junto a la santísima trinidad, los arcángeles y toda la creación santa, el nuevo reino terrenal.


En verdad, en verdad os digo que estos son los últimos tiempos; pero no de la humanidad amada por Dios sino del viejo mundo, el cual ya no puede seguir sosteniéndose porque estaba cimentado en lo que no era verdad. Lo que nunca fue, dejó de ser. Y lo que dejó de ser, volvió a ser por un instante, para desaparecer eternamente de la mente que lo concibió, no en la verdad sino en la ilusión. Ese ser que nunca fue, no tiene escrito su nombre en el libro de la vida, y nunca lo tendrá. Por ello es que no puede prevalecer. Alegraos de que así sea.


Viene cantando el pueblo de Dios. La nación santa desciende del Cielo, radiante como una novia vestida de blanco, adornada con jaspe y alhelí. Llega a la tierra de los mortales, para hacer de ella un reino de vida eterna. Nada que no sea verdad prevalecerá. Nada que no sea amor persistirá por mucho tiempo más. Ha llegado el tiempo del fin. El fin del miedo. Aceptad esta revelación con gratitud y un corazón dichoso. No os dejéis aturdir por los estruendos de su retiro. Levantad vuestra mirada al sol y no veréis las sombras.


Tomaos de la mano del Cristo en vosotros, y dejaos conducir más allá de la unión, hacia la fuente de la unidad que os da la vida. En ella quedará disipado todo dolor vivido. Y la alegría verdadera será la única realidad que viviréis. No porque os desentendáis de vuestros hermanos y hermanas, alejándoos de la realidad, sino porque conoceréis la verdad tal como es en verdad. Veréis cara a cara a Dios. Seréis testigos del poder del amor divino. Un poder que está más allá de toda palabra. Y cuya misericordia abraza a cada uno de los hijos de la vida.


No tengáis miedo a los tiempos del fin del miedo. Dejadlo ir. Comenzad a vivir vuestras vidas en la nueva realidad. El nuevo mundo que se está creando, basado en el amor de Cristo. El reino de mi divino hijo Jesús vivido en la tierra. Alegraos en el triunfo de mi corazón Inmaculado. Dejad que los efectos del temor sigan saliendo a la luz, cuando la consciencia Universal así lo disponga, no es para asustaros sino para sanar las mentes que aún quedan por sanar, y de ese modo hacer que todos puedan gozar de la vida eterna, en la unidad de la verdad.


Benditos sean los hijos de la luz.


Gracias por recibir mis mensajes.



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© 2021 Fundación Amor vivo -  Nuestro nombre "Fundación Amor vivo" busca representar nuestra aspiración de vivir siendo el amor que somos en verdad. Es decir, vivir aquí y ahora como el Cristo en nosotros. "Soy amor y nada más que amor" es la verdad que anhelamos hacer real aquí, ahora y siempre. Nuestra misión es extender la Luz de Cristo, viviendo, compartiendo y extendiendo los mensajes recibidos por Sebastián Blaksley al mundo entero, en unión y relación.

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