• Sebastián Blaksley

Capítulo 1.21 - El signo de los tiempos

Hijitas e hijitos del amor perfecto. He venido a consolar a la humanidad por medio del conocimiento del sig

no de los tiempos. Este saber dará paz a los corazones agitados. Y os ayudará a permanecer en el refugio de amor divino que existe en el centro de vuestro ser. Allí, en el hondón del alma, donde cada uno de vosotros permanecéis unidos eternamente al amor de Dios, en Cristo, junto a toda la creación.


Estáis viviendo tiempos de grandes transformaciones. Tiempos de nacimiento del nuevo reino terrenal. En verdad, en verdad os digo que el reino de paz que Jesucristo ha anunciado está listo. Llegará mucho antes de lo que os imagináis. Se manifestará en un abrir y cerrar de ojos. Súbitamente las piezas comenzarán a moverse unas tras otras, a una velocidad tal que ni siquiera os daréis cuenta. Y miraréis para atrás y os percataréis de que lo viejo ha pasado, y lo nuevo está aquí, frente a vosotros, para ser vivido en la plenitud del amor, aún estando en la tierra. No sufriréis nada por ello, todo lo contrario. Será como un dulce despertar de un sueño que ni siquiera se recordará.


El lapso temporal que estáis viviendo ahora, no es otra cosa que el tiempo de la transición, el cual no será largo. En efecto, podemos decir que estáis en el tiempo final de ello. Para poder transitar en paz, estos tiempos de luz y amor, es necesario sumergiros cada vez más en la confianza total en el corazón de María Inmaculada. Es Ella, quien por medio del amor divino que constituye Su purísimo ser, por designio del Creador, está haciendo nacer el nuevo cielo y la nueva tierra, con vosotros y en vosotros. Su obra no está desconectada de vuestra voluntad. Ella, como Madre de la creación, da a luz el reino terrenal de Cristo. Un reino donde habrá solamente paz, abundancia, risas y jolgorio. Un tiempo donde lo temporal y lo eterno serán tan semejantes que no se podrá distinguir lo uno de lo otro, pues ambos se verán como la unidad que son.


Hijas e hijos de todo el mundo. Escuchad con atención. El tiempo del reino de la paz en la tierra está a las puertas. Ya no es necesario seguir pregonando la transformación, aunque aún quede un corto tiempo para finalizarla. Ahora, vuestra Madre divina os pide confianza ilimitada en Su amor perfecto. Confiad en ella. En verdad os digo que gozáis de una inmensa protección divina, como nunca antes había sido dada a la humanidad. Esto también es un acto de justicia. A tiempos más desafiantes, gracias mayores.


Vuestro Padre y creador del Universo, sabe cómo la transición puede afectar a vuestras mentes y corazones. Al saberlo de modo perfecto, os regala bendiciones inimaginables para que estéis serenos. Los miedos que ahora podéis sentir, proceden del hecho de que; a la mente pensante, tan aferrada a lo conocido, le cuesta sentirse cómoda con la des-estructura que ve a su alrededor. Al observar cómo los acontecimientos se precipitan a gran velocidad, y los cambios se presentan profundos, percibe que no logra procesar toda la novedad que sin duda ya no puede negar. Y sinembargo, lo nuevo será pronto su nueva familiaridad. Y podrá reposar en la certeza de la luz.


Estos son tiempos de luz y amor. Esta es la razón por la que observaréis cada vez más, como todo sale a la luz, nada queda oculto. En otras palabras, como todo es llevado ante el amor. Lo que no proceda de él no permanecerá. Esta es la realidad de los últimos tiempos, ya que también lo es para el nuevo reino terrenal. Los que no entiendan esto sufrirán intentando esforzarse para que las cosas no cambien, pero no lo lograrán. Estarán intentando detener el viento con las manos.


El amor ha hecho acto de presencia en el universo físico con su luz de sabiduría, y nada podrá impedir su avance. Cada vez serán más los que aceptarán esta verdad, ya que la verán y la recibirán jubilosamente. Será un despertar.


Ciertamente no es necesario que todos acepten la luz, para que ella brille en el mundo. Os aseguro, que incluso aunque ninguna la acepte, ella brillará en toda su gloria y magnificencia. Os digo esto para que estéis serenos y tranquilos, y no os preocupéis acerca de cómo es que todo esto ya está sucediendo. Pero también os digo que son muchos, incontables, los que ya brillan en la luz de la verdad, aún estando en la tierra. Son muchos más de los que podéis imaginar. Los hay por todos los rincones del mundo. Van extendiendo amor, por medio de lo que son. Van co-creando junto a María Inmaculada, en unión perfecta con el Sagrado corazón de Jesús, el reino de Cristo en la tierra. Entre ellos estais vosotros que recibís estas palabras con un corazón abierto y lleno de deseo de vivir en la luz.


Almas benditas que estáis en el mundo, sin ser de él. Cuando os asalten los miedos, cosa que no sucederá por mucho más tiempo, recordad estas palabras. Y lanzaos seguros a los brazos de María. Ella está presente en la tierra, así como en el cielo. No existe ni uno solo de sus hijos e hijas que quede afuera de su corazón Inmaculado. Ella abraza a todos por igual. Y los nutre con su divino amor. No solo para que gocéis eternamente en el cielo, sino para que podáis vivirlo aún en la tierra. Poned vuestros hijos e hijas en sus manos. Vuestros trabajos. Vuestros hogares. Vuestras relaciones. Vuestros bienes, sean los que sean. Vuestros despertares, atardeceres y noches. Vuestras mentes y corazones. Todo, ponedlo en Sus manos. Ella se ocupará de vosotros sin dilaciones y con total dedicación amorosa. No os olvidéis que en Ella reside el poder de Dios en toda su potencia.


Os digo que pongáis todo en manos de Maria, no porque no lo esté ya en Ella. Sino para que os hagáis conscientes de su presencia actuante en vuestras vidas. Vosotros sois parte esencial del despertar de la humanidad. Lo estáis haciendo con Ella y con el cielo todo, pues Cristo y vosotros son una unidad. Estáis en el mundo para propiciar el retorno a la consciencia divina, del Universo material. Seguid adelante con serenidad y confianza ilimitada en vuestro ser, en el plan de Dios y en el amor de vuestra Madre celestial, quien vela por cada uno de vosotros y los sostiene dentro de su abrazo maternal.


Os doy las gracias por haber venido al mundo a hacer que la luz de Cristo brille en él, y de ese modo sea reintegrado al reino de los cielos. Gracias por vuestro amor a Dios. Y por vuestro invaluable servicio a la creación. Gracias por ser los co-creadores del nuevo cielo y la nueva tierra. Juntos estamos realizando el plan del amor. Llevaremos a toda la creación a la plenitud del amor.


Permaneced en paz.

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