• Sebastián Blaksley

Capítulo 1.22 - El plan perfecto del amor


Amadas almas todas. Vosotras que recibís estas palabras. Recordad que nada ocurre por casualidad. Tampoco el hecho de que estéis recibiendo estos diálogos de amor y verdad, los cuales son parte integral de la obra dada a este lápiz en las manos del amor, para que sean compartidas con quienes tienen que serlo. Todo forma parte del plan de Dios para estos tiempos. Observad cómo por todos lados existen muestras claras de un despertar de la consciencia que no tiene comparación en la historia de la humanidad. Nunca antes la luz había brillado con tanta claridad en la tierra.


Nos os preocupéis por el hecho de que la mente pensante, tan aferrada a lo que le es familiar, conocido, y a asustarse ante lo nuevo, sienta que no logra procesar las nuevas frecuencias de energía de pensamiento que conlleva la novedad que está naciendo. Pronto lo hará. Son tiempos de paciencia para con vosotros mimos y vuestros procesos interiores. Así como también para el mundo, el cual tiene sus tiempos.


Todo está yendo por los caminos trazados por Cristo desde toda la eternidad. No estáis a la deriva. No estáis sumergidos en un caos informe, viajando sin rumbo en una realidad incomprensible. Estáis viviendo los tiempos del segundo advenimiento. Tiempos de nacimiento del nuevo reino terrenal. Un reino de paz, concordia y alegría sin igual.


Así como muchos no comprendieron el signo de los tiempos en el pasado, y especialmente en los de la primera venida de Cristo a la tierra, así sucede con muchos de vuestras hermanos y hermanas hoy en día. Pero eso no tiene porque ser así para ti, ni tampoco motivo de preocupación. Deja que cada cual piense como quiera pensar. Tú vive el presente en el amor de Dios. Y permanece unido a la voz del amor. Ella te revelará todo lo que deba serte revelado. Recuerda que también hubieron muchos que se abrieron a aceptar la novedad del Dios humando. Ellos, junto a Jesús y María, propiciaron la llegada de la plenitud del amor. Es decir, la perfecta realización del plan de Dios. Fueron los co-creadores de la primera venida, así como tú eres un co-creador de la segunda.


Quizá algunas mentes todavía no logren ver el panorama completo y sigan pensando con el viejo modo de pensar, y eso haga que vean lo que no es verdad. Pero eso no hace que la realidad divina sea diferente de lo que es. No existe el azar. Solo existe la voluntad de Dios. Y ella es siempre benevolente, amorosa y poderosa. En verdad, en verdad te digo que la Gran transformación que el amor está llevando a cabo en el plano físico, es lo que vuestras almas vinieron a realizar en unión con la fuente de la creación, es decir del Amor perfecto. Y lo que ellas desean. Pues vuestro Espíritu conoce el plan divino. No estáis donde estáis por casualidad. Vuestro ser sabe acerca de esta verdad perfectamente.


Os revelo estas cosas, o mejor dicho se las recuerdo, porque sé que muchas veces os olvidáis de cuán importante sois para la creación, y de vuestra función en el vasto plan divino. Os dije, al inicio de esta primera parte de esta obra, que os revelaría con precisión el propósito de las cosas. Y así lo estoy haciendo. En rigor de verdad, lo estamos haciendo juntos, pues somos una sola mente, un solo corazón, un solo ser santo.


Estas palabras no van dirigidas a una idea, conjunto o abstracción. Van dirigidas muy particularmente a ti. Desde toda la eternidad han sido concebidas para que las recibas allí donde estás tú ahora. El amor – que es la fuente de la creación – te conoce desde antes de que exista el tiempo. Y sabe muy bien por qué y para qué te ha elegido. No estás recibiendo esta revelación porque sí. Lo haces porque tú misma la has co-creado con la mente Uno y el corazón Uno. Es decir, con Cristo. Y la has llamado para que venga a ti en el momento indicado. Pues forman parte de los medios perfectos para el nacimiento de la nueva consciencia universal que está naciendo. Esta obra es parte esencial de ello. Y tu corazón lo sabe. Pues la conoce incluso desde antes de que tu mente pensante lea las palabras que conlleva. Las obras del espíritu no están sujetas al tiempo, ni al espacio o la materia. Tú tampoco. Así como tampoco estás sujeto a la leyes de los hombres, ni del tiempo. Estás sujeto a las leyes de Dios. Tu vida está en Sus manos. Y así siempre será.


Dios no hace nada solo. Todo lo realiza de modo perfecto con sus Hijas e Hijos. Entre ellos, estás tú. No hay dudas de eso. Esta verdad nos lleva a reconocer juntos que tu presencia en la tierra en estos tiempos no es un accidente o algo que no tenga sentido. Es parte de un amoroso plan que el Padre de las luces ha diseñado junto a ti. Y a todos aquellos que están aquí para que se cumpla Su voluntad, de que la creación retorne a Sus brazos y goce eternamente en Su divino amor.


Los logros del plan de expiación son compartidos. Son tan tuyos, como de Dios. Tan vuestros, como lo son de María Inmaculada. No solamente somos una sola alma, sino una familia divina. En otras palabras, la filiación en su conjunto realiza - en unión con su fuente -, el plan del amor perfecto. Esto se debe a que el amor es unión y Dios es amor. Por lo tanto, también es unión. Al serlo, no puede - ni desea - hacer nada en soledad. Tú tampoco.


Desde antes de que vengas al tiempo, sabías que todo esto que está sucediendo, tanto en tu vida particular como colectiva, sucedería. Y sabes, en el fondo de tu corazón, que todo va andar bien. Viniste al tiempo con ese conocimiento. Y su realidad permanece en ti tan invariablemente, que nada puede hacer que se separe de tu ser. Viniste al mundo a colaborar con la transformación de la consciencia universal. De ese modo, desde los pequeños átomos hasta las estrellas, los planetas y todo ser viviente, son transmutados por la luz de Cristo.


La creación le pertenece a Dios, no a los hombres. Tu vida también. De tal manera que no existen razones verdaderas para temer. El temor que a veces sientes es simplemente el reflejo de los últimos estertores de la energía del miedo, reclamando tu ser para seguir existiendo. Pero ya no hay vuelta atrás. La oscuridad no prevalecerá. La luz ha llegado y no se irá jamás.


El amor está transformando todo. Vuestros corazones son el vehículo por medio del cual su fuerza sanadora, restauradora y re-creadora está siendo vertida en cada cosa que existe, en cada tiempo que haya existido, o vaya a existir, y en cada espacio de todo el universo. En verdad, en verdad te digo que el nuevo reino terrenal ya está aquí. Muy pronto será reconocido por todos. La luz de la gloria de Cristo iluminará la tierra desde el cielo. Cada aspecto de la creación cantará alegremente un himno de gratitud y alabanza al amor de los amores. Y la paz reinará para siempre. Es promesa de Dios.


Bendito seas tú que vives en el amor.


Gracias por co-crear el nuevo cielo y la nueva tierra. Gracias por traer la luz de Cristo la universo.


Permanece en paz.

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