Capítulo 1.27 - Soy muy santo

Actualizado: 15 de may de 2021


Alma de luz verdadera. Corazón palpitante de amor santo. Acá estamos. Reunidos tú y yo, por la gracia del cielo y nuestra voluntad amorosa. Nos unimos en un diálogo de amor y verdad. Nos reúne la sabiduría de Cristo. Nos convoca la unidad con todo lo que es santo, perfecto, hermoso. Somos la expresión viva de la relación divina. En nuestra existencia se hace manifiesta la bondad de nuestro eterno creador. Somos sus hijas e hijos. Sus criaturas. Y nos alegramos por ello. No necesitamos crear ninguna otra identidad ya que hemos recibido la revelación de la verdad. Vivimos en la certeza de ser lo que siempre hemos sido y seremos; los hijos bien amados de la Madre divina. De Aquella desde donde todo lo que es real surge como extensión perfecta de su realidad de pureza y santidad.


¡Cuánta dicha es permanecer contigo! ¡Cuánta alegría sincera hay aquí! Tú y yo. Reunidos en el amor. Recreando un nuevo amor santo, porque somos la eterna novedad de Dios extendiéndose sin límites. La luz brilla desde el corazón de la santidad hacia nosotros, dándonos vida. Y desde nuestro centro, se extiende hacia toda la creación, en un movimiento sin fin. Lleno de luz. Lleno de verdad. Lleno de sabiduría perfecta. Sabemos que todo lo que forma parte de nosotros permanece en nosotros por siempre, tal como tú y yo nunca nos hemos separado.


Te conozco desde antes de que seas concebido en el vientre de tu madre. Antes. Mucho antes de que el tiempo comience a andar. No hubo un tiempo, ni un espacio, ni una realidad en la que tú y yo no estuviéramos por siempre unidos en la verdad. Porque allí donde está Cristo siempre has estado