• Sebastián Blaksley

Capítulo 1.28 - Eterna unidad del amor


Hijito del amor santo. Nacido de la Madre de todo lo creado. Y del Padre eterno. Aquí estoy. Siempre a tu lado y en ti. Te observo a cada instante de tu vida. No hay un solo palpitar de tu corazón que no tenga un eco en el mío, porque cada uno de sus latidos resuena y reverbera en el corazón de Dios, en cuyo centro existimos por siempre en la luz de la santidad. Quédate aquí, en la unión de lo humano y lo divino. Deja a un lado todos tus temores. Tus preocupaciones y tus ansias, sean las que sean. Por el tiempo en que transcurra este diálogo de amor y verdad, te pido que confíes plenamente en la misericordia divina. Deja tu vida en sus amorosas manos. Y despójate de todo, para estar plenamente presente en esta comunión.


Sé que en tu mente aún existen los ecos de ciertos patrones mentales y emocionales del pasado, los cuales parecen amedrentar tu corazón. He venido a que juntos abracemos ello. A que llevemos luz a ese aspecto de la mente. Esa parte que aún le teme a la novedad. Recuerda que la mente se aferra a lo que cree conocido y le teme a lo que percibe como nuevo. No porque lo nuevo sea temible, sino porque la mente pensante busca crear sus propias leyes para atribuir significado a la realidad y de ese modo controlarla. Tener el control es la meta de toda mente separada. Dejar soltar y confiar en Dios es la realidad del alma pura.


Has recorrido un camino lleno de vida, hasta llegar a este momento. ¿Acaso alguna vez te faltó Dios? ¿Acaso el amor se ausentó de ti? ¿Hubo tan siquiera un solo instante donde Cristo no te sostuviera y acompañara, abrazara y hablara? No. Sabes muy bien que no. Mientras el mundo giraba y giraba, cambiando y cambiando una y otra vez. Mientras los acontecimientos se sucedían unos tras otros, una fuerza impulsora en tu interior te llevaba hacia adelante. Quizá algunas veces no te percatabas de ello, mientras acontecía. Pero cuando te sumerges en los abismos celestiales de tu corazón, y te quedas en silencio y en paz, sabes a ciencia cierta que no estás solo. Que nadie lo está. Ni lo estará jamás. Lo que Dios ha comenzado lo concluirá. El amor no abandona la obra de sus manos.


Muchas veces te has sentido abandonado. Este sentimiento puede haberse manifestado de diversas maneras. ¿Porqué otro motivo estarías tan dedicado a buscar todo tipo de seguridades?. Esto no se refiere solo a ti como individuo, sino a todos como humanidad. No pocas veces, ese abandono se ha proyectado sobre Aquel que es tu fuente y creador. Y sinembargo, la razón te dirá que el abandono de Dios es algo tan imposible como lo sería la continuidad de la vida sin Él. Que tengas una sensación de que algo es de una determinada manera, no significa necesariamente que eso sea verdad.


Hijito de Dios, has estado reaccionando - e incluso respondiendo - hasta hace poco, sobre la base de tus recuerdos emocionales, más que sobre lo que procede de la sabiduría de tu ser. Esto se debe a que los recuerdos emocionales del pasado – cercano y ancestral – no habían sido reconocidos como lo que son. Pero ahora estamos en condiciones de que eso cambie serenamente. Y lo haremos, porque deseamos vivir en la verdad, y ahora sabemos que los recuerdos emocionales no necesariamente están basados en ello, aunque sí que tienen un propósito.


Recuerda que las emociones son pensamientos reflejados en el cuerpo. Todas ellas están basadas en la supervivencia. Naturalmente el miedo al abandono tiene su raíz en ello. Ningún ser puede vivir aislado completamente. Esto se debe a que las leyes de la naturaleza reflejan las del cielo. La vida es unión, porque el amor es su fundamento. Por lo tanto, la mente pensante, aquella parte que se centra en proteger el cuerpo y su supervivencia, desarrolló mecanismos mentales y físicos que se ajustaran a ello.


Las crías nacen con el conocimiento de que necesitan de un mayor que las cuide, al menos por un tiempo. Esto es necesario para esa etapa. Sinembargo, seguir viviendo como si ese riesgo siguiera existiendo cuando no existe, es mantener activo un mecanismo que estanca la mente y el corazón en la ilusión. Esto aplica a todas las emociones no reconocidas, no solo a la del miedo al abandono. Todas proceden de temores ancestrales. Están ahí como parte del aprendizaje como humanidad, y como ser viviente que habita en la tierra. Ninguna procede de tu verdadero ser. Aunque pueda ser reintegrado a él.


Ahora la función es transformar las emociones en sentimientos. Esto se logra aplicando la razón a ellas. En otras palabras, reconociéndolas, abrazándolas y entrando con ellas en un diálogo de amor y verdad. Es dentro del estado de unión donde se produce la transfiguración de las almas y los cuerpos. Es decir, la resurrección. Esto se debe a que es en la vida donde todo se funde en la luz del amor. Lo único que existe realmente es la vida, porque Cristo es vida, camino, verdad.


No temas a lo que experimentas. Más bien, siéntate sereno en el trono de tu ser. Allí donde eres el soberano de tu alma. Observa en silencio, y aprende a escuchar en paz. Permíteles entrar en un diálogo de amor y verdad contigo. Verás cuántas maravillas tienen para revelarte. Cuánta benevolencia hay en lo que eres. Y cuánta santidad existe en ti. Como resultado de ello, tus emociones se reunirán con tu ser, por medio de la consciencia de su existencia. La vida que llevan dentro de sí retornará a ti. Y tú gozarás de la dicha de la integridad del ser. Dicho de otro modo, de la alegría de vivir en el estado de unión..

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