• Sebastián Blaksley

Capítulo 1.29 - Fiesta en el cielo


Hermana mía. Alma santa. ¿Porqué sigue temiendo tu corazón? ¿Acaso no te ha dicho el espíritu de sabiduría, que no te alcanzará ningún mal, y ninguna plaga se acercará a tu carpa, porque Dios te ha encomendado a los Ángeles para que te cuiden en todos tus caminos?


Acá está tu Ángel. Aquel que con alegría y amor viene en representación de todos los ángeles del Cielo. Soy uno y todos a la vez. Cada cual tiene muchos ángeles a su lado. Todos cumpliendo la misma función de amar, custodiar, guiar, respetar, colaborar. Esta es la función de todo ser viviente. Existimos en una realidad de unión. La colaboración es la ley de la creación. Dios mismo forma parte de ello. Así como cada uno de nosotros, criaturas creadas por el amor, colaboramos con el plan divino, de la misma manera el Creador colabora con nosotros. Somos unidad.


Te recuerdo estas cosas, para que no caigas en la costumbre mental de creer que estás en un mundo lleno de peligros, por el que debes caminar solo y sin los medios necesarios para vivir en paz, armonía y plenitud. Lo que vengo a recordarte, es que la creencia en que tienes que resolver tu vida a tu modo, y que para ello debes utilizar el conocimiento adquirido por medio del aprendizaje de la mente pensante, es simplemente una creencia que no es verdad. Has entregado tu vida a Dios, y él se ocupa de ella. El amor divino nunca falla. No abandona. Ni tampoco descuida.


Has sido llamado para lo grande, y eso será lo que sucederá en tu existencia. Aún no puedes ver la totalidad de las cosas. Pero las verás a su debido tiempo. Esto no es una cuestión de capacidad o incapacidad, es una cuestión de amor. Tu Madre celestial, quien te ama con un amor sobrenatural, sabe qué cosas ir revelándote a lo largo del camino. Su perfecta caridad reconoce cuándo hay que descorrer un velo y cuándo no. Todo tiene su tiempo, en el plano del tiempo. Por esta razón es que te pido una vez más que tengas paciencia contigo mismo, con los planes de Dios para ti y el mundo entero y conmigo también. No es necesario exigirse nada. Juntos aprenderemos a fluir con lo que viene a nuestras vidas.


Todo procede del amor, en él se mueve y a él va. Alégrate de saber que pronto llegará el día en que puedas comprender plenamente esta verdad. Y verás como todo en tu vida es perfecto tal como ha sido y es. ¿Cómo podría ser de otro modo, si no eres otra cosa que hija de la perfección?


Confía en mí. Entrégame tus angustias, las limitaciones que crees tener, los temores en relación al mundo y al porvenir. Entrégame el cuidado de tus seres queridos. Y también de aquellos que te son más difíciles en el camino. Comparte conmigo tus alegrías y gozos. Regálame tu sonrisa. Hazme parte de todo en tu vida, tal como yo te invito a formar parte de la mía. No hay un solo aspecto de mi realidad angélica que no te sea dado. Todo lo mío es tuyo, porque no poseo nada que no sea de Dios. Te doy mi luz para que se una a la tuya. Te regalo mi amor para que envuelva tu santidad. Te entrego todo mi poder y mi gloria, mi santa inteligencia angélica y la sabiduría de Cristo que vive en mí. Te lo entrego todo para que permanezca unido a ti por toda la eternidad. De ese modo, nuestro ser se funde en la armonía de la realidad divina.


En verdad, en verdad te digo que cuando le dijiste sí al amor, me dijiste sí a mí también, tu ángel del cielo que te ama con amor perfecto. Un júbilo inefable envolvió mi corazón al escuchar desde las profundidades de tu ser, tu sí irrevocable al amor de los amores. Tu corazón se percató de ello, en el hondón de tu realidad. Hubo alegría, canto y fiesta en el cielo en ese instante. Es esta una celebración divina que perdurará por toda la eternidad. En ella, los ángeles entonamos nuevos cánticos de amor, cuya belleza está más allá de toda imaginación. Somos los cantores del cielo, tal como lo son todos los seres que permanecen en la pureza de la santidad. De nuestros corazones brotan melodías celestiales.


A causa de nuestra incontenible alegría, nuestro canto se hizo uno con toda la creación. Y entonamos un nuevo himno de gratitud a nuestro Padre y creador por tu regreso, por tu sí al amor. En nombre del cielo, hoy te doy las gracias por habernos regalado el júbilo de formar parte de tu vida, y de ser testigos vivientes del triunfo del corazón Inmaculado de María en ti.


Gracias, en nombre de todos los ángeles de Dios, y de toda la creación. Gracias, por tu sí al amor.

6 vistas0 comentarios

Entradas Recientes

Ver todo