• Sebastián Blaksley

Capítulo 1.31 - Hacia la plenitud del ser

Actualizado: may 21

Alma bendita. Luz que brillas en un mundo sediento de paz y verdad,


Haz de saber que el cielo todo está aquí presente junto a ti. Y que, allí donde vas, él va contigo porque es lo que eres, y no puedes separarte de ello. Quizá percibas que el patrón de pensamiento de duda, acerca de tu propósito, se manifiesta de tanto en tanto. Con amor te digo que ello no hace que la razón de tu existencia no se realice. Una vez que le has dicho que sí a la verdad - y te aseguro que todo aquel que recibe estas palabras lo ha hecho -, ya no hay vuelta atrás.


He venido a recordarte que nadie puede dejar de cumplir la voluntad de Dios. Su voluntad es que sus hijas e hijos sean libres para ser lo que son en verdad. Evidentemente, esto es una cuestión de libre albedrío. Las decisiones de los hijos e hijas de Dios siempre serán respetadas, su Padre no fuerza a nadie ni a nada. ¿Con qué sentido haría algo así, si lo único que pueden hacer es expresar lo que son, de un modo u otro?


Vivir en contra de los planes divinos no es un pecado en sí mismo, aunque acarrea efectos contrarios a la dicha del amor, dado que Su divina voluntad es el amor perfecto. Pero aún así, es una opción permitida. De lo contrario no existiría, ni siquiera en la mente pensante. Recuerda que Dios es la mente en la que piensas. Por lo tanto, es la fuente del pensamiento. Incluso en los casos en que decides pensar de modo diferente a como piensa él. ¿Si no pudieras pensar diferente a Él, que clase de libertad sería la que se te dio?


Existen hijos que deciden alejarse de la casa de los padres, a pesar de que allí encuentran comodidades, amor y seguridad, para poder emprender un camino que los ayude a conocerse a sí mismos en la verdad de lo que son. Esa distancia es necesaria para ese hijo, o hija, pues su alma ha decidido emprender un viaje hacia el reconocimiento definitivo de su verdadera identidad, de tal manera que pueda vivir unida a ella. Ese camino, por el que el alma se aleja de la casa paterna para encontrarse a sí misma, es siempre transitorio. Esta es la razón por la que Dios le ha puesto un límite al tiempo.


Finalmente el alma retorna, siendo conocedora de la verdad acerca de sí misma. Entonces, podrá ser auténtica en su expresión y plenitud. Habrá cumplido el propósito de ese viaje, el cual aunque muchas veces pareciera incómodo y desafiante, es el que la lleva a reconocer la grandeza de su verdadero ser. Sin él, no lo hubiera podido hacer; porque ese es el camino que esa alma ha elegido en su sabiduría perfecta. Recuerda que el alma sabe quien la creó, siempre regresa a su primer amor, y ese es Dios.


¿Qué hace un padre amoroso y sabio, cuando su hija le anuncia que partirá a tierras lejanas, para apartarse de lo conocido, y de ese modo conocerse en espíritu y verdad? La ayuda. Respeta su espacio de libertad. La anima a volar su vuelo. La acompaña con la prudente distancia que el amor exige, para que el respeto y la confianza se manifiesten. Y queda siempre disponible, para que ella sepa que no existen razones para no acudir a él tanto como necesite, o para lo que pueda necesitar, hasta su regreso. No traspasará los límites que la hija está necesitando. Pues sabe que ese distanciamiento y camino son perfectos para su realización. La hija sabe que cuenta incondicionalmente con el padre. Si bien este es un ejemplo limitado, en cierto modo lo mismo sucede contigo y la creación.


Hemos usado un caso del cotidiano vivir, de tu propia experiencia. Algo que puedes contrastar fácilmente. Y cuya forma se asemeja bastante a lo que sucede en el viaje de las almas hacia la plenitud de lo que son. Todas nacen en el seno de la Madre de todo lo creado. Permanecen con Ella hasta que el Espíritu de sabiduría las toma dulcemente, sacándolas de sus brazos, y las acompaña a realizar el camino que las llevará al cumplimiento de su plenitud. Durante el trayecto, todo el cielo se involucra en ello, para que el alma reciba la asistencia debida. Y la recibe. En efecto, esta obra da testimonio elocuente de ello, tal como lo hacen cada circunstancia de la vida terrena. ¿Puede fracasar ese camino? ¿ Hay riesgos realmente en ese viaje? Desde luego que no. Nada fracasa en la creación. Todo procede del amor, en él se mueve y en él existe.


Hay una diferencia entre el ejemplo utilizado y la realidad del viaje de la creación hacia la plenitud, y es que incluso el camino mismo se realza en Dios, y con él, porque el amor es la fuente de toda la creación, y su única realidad. Por eso es que se te ha dicho que, vayas donde vayas el cielo irá contigo. El padre no se separa de sus hijos, aunque pueda quedarse en silencio para respetar su distancia cuando estos creen necesitarla. Pero nunca está ausente de la realidad del alma. Él está en cada pétalo de cada flor que conozca, en cada rayito de sol de cada amanecer que contemplará, y en cada mota de polvo que vaya pegándose en sus pies al caminar. Está en cada estrella de cada noche, y en cada cosa viviente. En el recuerdo de su amor y en el anhelo que el corazón tiene de ser feliz. No existe un solo paso que dé el alma que no sea en unión con Dios, por la sencilla razón de que ambos son una unidad.


Puede que creas que el camino que has recorrido en tu vida ha sido demasiado desafiante o doloroso. O quizá digas que no te gusta. Pero ha sido el camino perfecto para que puedas alcanzar la plenitud de lo que eres. ¿Podría haber sido diferente? No. No podría haberlo sido, porque fue el camino que tu alma eligió en perfecta comunión con la voluntad divina, y con santa sabiduría y benevolencia. Todo lo que fue en tu vida, ha sido tal como tenía que ser. Nunca podría haber sido de otra manera. Tampoco era necesario que lo fuera. Te aseguro que pronto llegará el día en que verás esta dulce verdad con perfecta claridad. Ese día, tu alma cantará un canto nuevo. Un canto dichoso de perpetua alabanza a la misericordia sin fin, el cual no cesará jamás de ser entonado.


Elegir el camino de la separación de la casa del Padre para encontrarse a sí misma, es una elección. Y una que está dentro de la pura potencialidad divina. No es la única, pero sí que es una opción. Y es la que tú has tomado, porque sabías que tu Padre estaría incondicionalmente a tu lado. Que te estaría cuidando, respetando los límites de la libertad. Y que al final del camino regresarías a Él, a quien siempre has llevado en tu corazón, y con quien siempre has estado de un modo u otro, para reunirte en la plenitud del amor. Y comenzar a co-crear juntos - de manera consciente - un nuevo amor santo por toda la eternidad.


Recuerda que has venido al mundo para recordar quién eres, y de ese modo ayudar a los demás a despertar a la verdad. Al hacerlo, la creación retorna a la luz de Cristo, el cielo y la tierra vuelven a ser uno, tal como siempre han sido y tu alcanzas la plenitud del amor.

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