• Sebastián Blaksley

Capítulo 1.33 - Alquimista de la creación


Alma purísima. Hija de la luz verdadera.


Hoy llegamos al último diálogo de este primer libro, en el que nos adentramos con mayor profundidad en el conocimiento del propósito de la creación, incluyendo el tuyo como hija de Dios. Juntos hemos llevado más luz al recuerdo de que, todo converge en el amor, y que de un modo u otro, todo está viajando hacia la unidad con la verdad. Es decir, hacia la plenitud del amor. Hemos recordado que nuestra función aquí es la de recordar quiénes somos en verdad, y volver a unir el cielo y la tierra. En otras palabras, de llevar a toda la creación - en unión con Cristo - de regreso a las Moradas del cielo, a la eterna dicha de la santidad del ser.


¡Qué alegría es tener certeza! ¡Cuánta paz siente la mente y el corazón, al conocer la verdad!

Por amor y con él te digo, que la creación ha estado sometida durante un largo tiempo a influjos de miedo, es decir impactada por su energía particular. Tal como ya sabes, tanto el miedo como el amor son energías, en el sentido en que tienen su propia vibración o potencia. Ambos causan un efecto. Poco importa si ese efecto es real o ilusorio según la verdad, si para ti siguen siendo reales. Recuerda que esta revelación no busca crear nuevas teorías o modos de pensar. Va dirigida a ti. Solo está interesada en tu plenitud, y con ella en la de la creación. Por lo tanto, reconocemos que, si para ti algo es real, lo experimentas como tal. Es desde esa dimensión de experiencia personal desde donde realizamos la transformación. Dicho de otro modo, no pasamos por alto nada de lo que forma parte de tu humanidad presente.


Escucha lo que a continuación te digo en espíritu y verdad. Así como el miedo crea un ajuste en la mente, el corazón, e incluso el cuerpo físico, -pues la tensión que provoca tiene efectos en ello –, lo mismo sucede con el amor. Esta es la razón por la que - una y otra vez - se te invita a extender la verdad. Para que disipes la ilusión. Por ello es también que se te llama a compartir alegría sincera. Para que remuevas la desesperación de las mentes aturdidas por el temor. Amada mía, se te está convocando nuevamente para que, como hija de la luz, extiendas luz. Y de ese modo, desvanezcas la oscuridad. Para que lleves amor al mundo, y como efecto de ello desparezca el miedo. Así es como el nuevo patrón mental se instaura en la mente y el corazón, y también en el plano corporal. Es desde ello, desde donde nace la nueva humanidad, el nuevo cielo y la nueva tierra.


Cada vez que extiendes luz, creas una reacción – por decirlo de algún modo – en tu cuerpo físico, espiritual, intelectual y emocional. Eso hace que extiendas, incluso más allá de tu forma humana, hacia el espacio y la materia que te rodea, una energía que la afecta. Cada pensamiento o sentimiento amoroso que tienes, recrea cada célula, cada partícula de la materia que conforma tu cuerpo, y cada parte de tu alma humana. Eso hace que impacte también con todo lo demás, ya que estás unido a todo. En verdad te digo, que no puedes mover un solo dedo de tu mano, sin que todo el universo quede afectado por ello. Aún no puedes ver esto, pero finalmente lo verás. Todo permanece unido en la creación, porque Dios es unidad.


¿Puedes comprender ahora la importancia de tu función, y la grandeza de tu poder? Sí que puedes. Estás listo para aceptar tu luz, tu santidad, tu fuerza inconmensurable, y tu poder de ser alquimista de la creación, en unión con Cristo. Has recordado - y por ello aceptado -, lo que eres. Y que, como parte de ello, tienes la capacidad de hacer de todo un cielo. Tienes el poder de transformar en oro el carbón, en diamante la piedra, y en una nueva tierra la que hoy pisas con tus pies.


Ser de puro amor, siempre has tenido el poder de ser un alquimista. Puede que por momentos no te hayas dado cuenta, pero eso no hace que tu poder desaparezca. De hecho, te aseguro que nunca has dejado de serlo. Siempre has estado transformando y siendo transformado. Basta que ingreses a un determinado lugar, para que quede cambiado con tu sola presencia. En efecto, dejaría de ser el mismo sin ti. Te digo estas cosas para que puedas ver, con este ejemplo cotidiano, lo que ocurre a nivel de la consciencia universal, y de tu rol dentro de ella.


Volvamos ahora al caso de la alquimia de las emociones. Hemos recordado ya que, las emociones son pensamientos reflejados en el cuerpo, las cuales están a la espera de ser transformadas en sentimientos. Eso sucede cuando les aplicas la razón, es decir cuando entras en un diálogo de amor con ellas, aceptándolas, abrazándolas, y permitiendo que te sea revelado el mensaje que vienen a traerte. Una vez que llevas las emociones a tu consciencia, reconociéndolas como una parte de tu humanidad, y por ende dignas de ser amadas, le llevas luz. Como resultado de ello, dejan de ser emociones, para ser sentimientos que se unen al corazón. En razón de esa unión, pasan a ser extensiones de amor. Lo mismo sucede con todo aquello que unes a tu verdadero ser de luz y santidad. Recuerda que todo lo que abrazas en el amor que eres, es llevado a tu consciencia, y en razón de ello, transmutado en luz, es decir en más ser.


Así como la alquimia se realiza en los asuntos de las emociones - y cualquier otro movimiento del mundo interior -, lo mismo sucede con la creación. Cuando extiendes el amor que eres, este viaja por toda la creación. Si en su viaje universal halla amor, entonces se une a él. De esa unión nace un nuevo amor santo. Se extiende más amor. Más luz. Más alegría. Más vida. Si en su extensión por toda la creación encuentra miedo, lo disipa transformándolo en amor puro por medio de su abrazo de luz. Nada queda sin ser afectado por el amor, cuando este es extendido desde lo que eres.


Alma bendita. Una vez más te digo que tienes el poder de ser alquimista de la creación. Puedes hacer de todo un cielo. Esta es la razón por la que Cristo te ha elegido a ti, y a todo el que recibe estas palabras, así como a incontables otros hermanos y hermanas a lo largo del mundo y la humanidad, para co-crear junto a Él el nuevo reino terrenal. Por ello te recuerdo lo que a continuación se dice:


Extiende luz, para conocer la grandeza de tu gloria.

Regala paz, para morar en la certeza de los hijos de Dios.

Comparte alegría, para ser feliz.

Vive en la santidad, para que puedas reconocer lo que eres en verdad.

Haz esto, y estarás viviendo en la plenitud del amor.

Te doy las gracias por escuchar mi voz y seguirla.

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