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Capítulo 15 - El mundo perdonado

Actualizado: 17 jul 2022

15. El mundo perdonado


Amada mía. Nacida de mis entrañas divinas. He venido en la luz de nuestra gloria, para dar testimonio de la verdad en la unidad que somos. Estas palabras llegan a todo el mundo, independientemente de que algunas mentes y corazones no sean conscientes de ello. Tal como ya sabes, mi palabra es como el viento, nadie sabe de dónde viene ni a donde va, pero sopla. Siempre sopla mi espíritu de amor vivo, y va a donde tiene que ir.


En nuestra unión, extendemos luz al mundo entero. En nuestro abrazo, incluimos a toda la creación; dando vida eterna, y recibiendo el gozo de crear lo bueno, lo santo, lo perfecto. Lo hacemos de múltiples maneras, muchas de las cuales ni siquiera pueden ser puestas en palabras humanas.

Amada del cielo. Descansa en la certeza del poder de nuestra unión. Reposa en los brazos de mi divinidad. Sumérgete en los abismo de la verdad que es siempre verdad, en su benevolencia, en su hermosura. Deja que te alcance mi voz. Escúchame con apertura de corazón. Regálame la dicha de pasar un tiempo juntos en estos diálogos de amor y santidad. Iluminando. Bendiciendo. Permitiendo que la Gracia divina se extienda a todo y todos.


Se ha dicho que el mundo ha ingresado en una fase – por decirlo de algún modo – de sanación profunda y extensa. Esto es lo mismo que decir que ha sido sumergido en las aguas del perdón de Cristo. Un mundo perdonado es un mundo sanado. Por esa razón es que el perdón a cumplido un rol de significativa importancia durante los tiempos recientes. Nunca antes en la historia de la creación, la consciencia había estado tan unida a la necesidad de perdón y su manifestación.


El camino del perdón es la senda final de la era de la razón. En efecto, los efectos de los patrones mentales y emocionales que se habían desarrollado, por causa de una mente que estaba separada del amor, es lo que ha llevado a la humanidad a traer a la consciencia la necesidad del perdón. En otras palabras, sus efectos llevaron al alma humana a invocar al cielo, pidiendo que el perdón divino se derrame sobre el mundo entero. Hizo esto de múltiples maneras. Esto no siempre fue así en la historia de la creación. Existió un tiempo en que la mente humana no era capaz todavía de concebir siquiera la palabra perdón.


No hay sanación sin perdón, del mismo modo en que no hay vida sin amor. Es por esta razón que se ha manifestado de modo universal una espiritualidad centrada en él. Antes de ello, los caminos espirituales estaban casi totalmente sumergidos en la búsqueda de la verdad. Esto se debía a que todavía no existía una distinción clara entre el aspecto filosófico del ser y el espiritual. Si bien ambos forman parte de la unidad que eres, no son lo mismo. Esto se puede comprender fácilmente cuando piensas en el cuerpo. Sus partes integran la unidad cuerpo, pero las manos no son lo mismo que los cabellos. Ni estos, lo mismo que los pies.


Creer en un Dios que es filosofía, y por consiguiente teología, fue un rasgo preponderante de la era de consciencia que acaba de dejarse atrás. Como tal, fue algo necesario, pues sin ello no se podría haber arribado a los tiempos actuales. Todo está unido. Todo tiene un propósito. El viaje de las almas, de la consciencia, y con ello de la creación, también. Aún así la idea de un Dios que se puede conocer por medio del razonamiento de la mente pensante, es algo que no está completamente unido a la verdad. No hay dudas de que la mente es parte integral de lo que eres, y como tal puede recibir – y en efecto recibe – a Dios, ya que en ella puede morar el conocimiento. Sin embargo, lo que el mundo ha estado llamando “mente”, o “pensamiento”, no es tal en relación al reino de Dios.


Hijita mía. Escucha lo que aquí se dice. La mente divina no tiene nada que ver con aquello que has llamado mente, ni tampoco el corazón de Cristo con lo que has llamado corazón. ¿Cómo iban a ser lo mismo? ¿Acaso la mente de Dios puede albergar pensamientos alejados de la verdad, o su divino corazón tramar cosas que el amor jamás tramaría? Es evidente que no.


En la morada de la luz solo existe luz. En la casa de la verdad, solo habita la verdad. En el reino del amor solo hay amor. De la misma manera, en tu verdadero ser solo existe santidad, belleza, armonía, paz, y los demás tesoros del reino de los cielos; los cuales no solamente forman parte de lo que eres, sino que son lo que eres. Ser conocedores de esta verdad, y vivir en armonía con ella, es de lo que se trata la verdadera sanación. Dicho de otro modo, es el regalo que te trae el perdón, a ti y al mundo entero.


Decir que el mundo necesita sanar es lo mismo que decir que necesita del perdón. Este entendimiento está íntimamente unido al del propósito de la vida. Se te ha dicho en verdad, que el perdón te llevaría hasta las puertas del cielo; y que una vez allí, Dios mismo daría el último paso. De eso es de lo que estamos hablando. No para presentar esta verdad de un modo nuevo, sino para que nos hagamos conscientes, de modo universal, acerca del hecho de que ya estáis a las puertas del reino. Os aseguro que Dios ya está dando los pasos para completar la obra de sus manos. Veréis grandes maravillas. Las veréis en esta era. Esa visión, que es parte de la gracia que el perdón os regala, hará que nada quede igual, en cuanto al modo de concebir las cosas. Eso creará un efecto que transformará el mundo en luz, como nunca antes había sucedido.


Accederéis a un conocimiento de la luz de Cristo, el cual quedará grabado en la memoria individual, y colectiva. Ese conocimiento os será dado en el evento universal del alumbramiento. Evento este, que constituye un “episodio” de ampliación de la consciencia de la creación. Por medio de él - y en él – el universo ingresará a la era de la plenitud del corazón. Podría decirse, que la luz de la consciencia divina ingresará a la creación en un tiempo dado, y por medio de vosotros permanecerá en ella, iluminado, amando, y abrazando por los siglos de los siglos. Esa luz es lo que en el alumbramiento universal refulgirá de modo visible para toda la creación, nadie podrá dejar de verla y experimentarla.


Observa, pupila de mis ojos, que he dicho “ingresará a la era de la plenitud del corazón”. Se ha dicho de este modo para que puedas comprender que en la era del corazón, es decir dentro de ella, existirá un episodio de ampliación de la consciencia como no lo ha habido nunca antes. Los cielos se abrirán, y las consciencias verán la Gloria de la santidad. En el instante de un instante, la mente comprenderá la verdad, en un grado y profundidad que dejará asombrado a muchos, y felices a todos. Una vez que esto suceda; la mente y el corazón humano, y de toda la creación, comenzarán a vivir en unidad. Eso hará que la separación sea eliminada de la existencia humana. Para ello, debe ser también desvanecida de toda la creación. Y así será. Todo ocurrirá al unísono, durante el alumbramiento universal.


Una vez que la mente y el corazón retornen a la unidad que siempre han sido, comenzará a experimentarse un largo período de paz y armonía en la creación. Esto es la antesala de la venida de Cristo en toda su gloria para reclamar su herencia, es decir la totalidad de la creación, tal como ha sido creada desde la eternidad. Recuerda que la era del corazón se fundirá con el segundo advenimiento. De modo que no habrá otras eras, además de esta – que es la manifestación de la sexta ola de consciencia – y la séptima que es en sí la segunda venida.


Hijas e hijos míos. Os digo que el perdón es parte esencial del amor. Sin él, no existiría la expiación, ni la resurrección. Pero por su gracia, existen. Abríos al perdón del cielo, un don que sólo Dios puede dar, y está disponible para todos los que lo invocan. Extender el perdón, vivir el perdón, y hacer de él un regalo santo de la vida, es parte fundamental del camino del corazón. Amados de todo el mundo, os estoy llamando a llevar el perdón a un nueva dimensión de conocimiento. Unid perdón, sanación, amor. Haced de esta trinidad vuestro baluarte, y vuestra estrella segura. Sabréis, porque lo experimentaréis, que el perdón trae amor, y el amor trae al perdón, y que en razón de ello, la sanación es dada.


Hasta ahora, el perdón no se había comprendido en su totalidad, como es en verdad. Muchas veces se lo asoció a cosas que aumentaban el sufrimiento, y causaban nuevas heridas; en vez de sanar, hacer feliz, y calmar el corazón, para que la paz y el amor puedan extenderse libremente a través de él. Pero en la era del corazón, se comprenderá y aceptará jubilosamente, que el perdón es un estado permanente del ser. Todo lo que ingresa en él, por decirlo de algún modo, queda perdonado y sanado; tal como todo lo que es lanzado al fuego del amor hermoso, es quemado y fundido en sus ardientes entrañas.


El perdón mental es un perdón incompleto; el emocional también, ya que las emociones son pensamientos reflejados en el cuerpo, proceden del aspecto pensante de tu humanidad. El perdón se completa cuando ingresa a la consciencia. Es decir, cuando esta abraza cada traza de sufrimiento, cada dolor vivido, cada sueño roto, cada herida percibida. Al abrazarla, la transforma en perlas de santidad. Esto se debe a que el sufrimiento es un aspecto del alma separado del ser. Retornar a la consciencia, es lo que hace que regrese al ser. De ese modo, el alma vuelve a su estado de integridad. Por eso decimos que el perdón es un estado, para dar a entender que no es un acto, sino una expresión perpetua del amor.

Es la gracia del perdón lo que propiciará la llegada de Cristo. En realidad, Él ya ha llegado. El perdón da testimonio de que esto es verdad, porque es un aspecto de su divino ser. No es el perdón humano lo que sana, sino el verdadero perdón. En otras palabras, Cristo. Repetimos esto aquí, para que comencéis a daros cuenta de que Dios ya ha irrumpido en vuestras vidas, y que su amor ya ha realizado en vosotros lo que estaba escrito desde toda la eternidad: vuestra plena realización en la verdad.


Sois los realizados, y por eso los propiciadores de los tiempos de la realización del amor. ¿Podéis comenzar a daros cuenta, cómo el Creador hace todo con y en la criatura? ¿Podéis ya comprender que no existen distancias entre lo creado y su fuente, que uno vive en el otro, porque son unidad? Esto se comprenderá primero con la mente pensante, luego con el corazón humano, y finalmente con la consciencia plena. Una vez que eso suceda, no os quedará ninguna duda de que Dios y vosotros sois uno. Hoy podéis vivir esta verdad por medio de la fe, y os aseguro que eso trae méritos inimaginables a vuestras vidas. Pero llegará el día en que la hermosura de la fe dará paso a la certeza del conocimiento directo, y se fundirá en ella.


Si hay algo que distinguirá a la era del corazón de otras, es la manera en que se manifestará la fe. Muchos creerán que se ha perdido. Pero eso no es así. La fe no se puede perder. Lo que se pierde, no procede de la verdad, aunque parezca hacerlo. La verdadera fe, pues de ello estamos hablando, tiene que estar unida a la verdad para ser tal, de otro modo sería otra cosa.


La fe dejará de ser una creencia mental, integrada en el yo individual sobre la base de lo aprendido, para ser una expresión perfecta de la certeza del corazón. En cierto sentido, podemos decir que la fe será elevada a las cimas máximas de la santidad. Se fundirá con el amor. No será algo que se considera de menor valor, como lo fue en el pasado, sino que, al igual que el perdón se la honrará por lo que es, un rayo de luz del Sol mayor que es el amor.


Una vez más, todo convergerá en el amor. Todo será reunido en Cristo, pues a Él - y solo a Él - le pertenecen el poder y la gloria, la verdad, y también la creación, entre la que te encuentras tú, que eres la luz de sus ojos, extensión perfecta de su amorosa voluntad.


Benditos vosotros, que escucháis la voz de la verdad y la seguís. En verdad os digo que sois los propiciadores del nuevo advenimiento. Dejaos llevar por el amor. Sumergíos en las profundidades de la verdad. Os aseguro que veréis grandes maravillas, y seréis tan dichosos como no sois capaces siquiera de imaginar.


Bendito sea el amor. Alabada la sabiduría. Y amada la nueva creación, nacida de las aguas del perdón.

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