Capítulo 2.12 - Ven. Confía en Mí

Amada alma de Dios. Nacida de la luz del Padre,


Aquí estamos nuevamente, unidos en la verdad, abrazados en el amor que es sabiduría eterna. Tu Ángel está a tu lado y en ti. Nunca estás sola. Te rodea un universo lleno de amor y bondad. Dios mismo te contempla a cada paso. No hay un solo cabello de tu cabeza que caiga sin su consentimiento. Vengo a recordarte que cada instante que pasas con Cristo, lo haces conmigo y con todo lo que forma parte de la santa creación. Toda luz se hace presente en razón de tu unidad con la verdad, cuando permaneces conscientemente unido a Él.


Desahogar tu corazón en el Sagrado corazón de Jesús, y el inmaculado corazón de María, es un acto de comunión que acarrea innumerables, e inimaginables gracias y bendiciones. No solo por el hecho de experimentar que puedes expresar tus penas y alegrías, y encontrar consuelo, sino porque los milagros existen, y la oración es el vehículo por medio del cual estos se manifiestan. Recordar esta verdad es de gran importancia y un regalo del cielo. En verdad te digo, que muchos de los sufrimientos humanos proceden del hecho de que, el vínculo con la Fuente del ser se encuentra obstruido en sus consciencias. Con esto quiero decir, que el diálogo incesante con el Creador de la vida se ha cortado, desde su hijo. Aunque nunca desde el Padre, ni en la verdad. Recuerda que no puedes dejar de estar unido a quien te ha creado con, y por, amor.


Vivir la vida con Dios hace la diferencia, no solamente porque experimentas la verdad de su amorosa protección y compañía, sino porque cuando te unes conscientemente a Él, vas co-creando tu realidad en unión con el Amor perfecto y la Sabiduría sin fin. El poder del Creador es algo de lo que pocas veces sois plenamente conscientes. Aún así, este poder sostiene con sabiduría la vida de todos. Cuando observas la naturaleza, puedes ver cuán potente es la vida, cuánta fuerza manifiesta por todos lados. Eso permite que te des una idea del poder que subyace tras ella. A ese poder que ha dado existencia a todo lo que existe, y sigue haciéndolo, es al que te unes en la oración.


La devoción y la oración van de la mano, en el sentido en que son una unidad. Explicaremos esto. Quizá pienses que existe una inexactitud en esta afirmación, ya que puedes entregarte en cuerpo y alma a causas sociales, políticas, morales o de otra índole que nada tienen que ver con la oración, en el sentido religioso de esta palabra. Sinembargo, si consideramos que la oración es un acto de unión, cuando te entregas por entero a algo, o alguien, te estás uniendo con ello. Esa unión es en sí una oración. Por eso es que da frutos. Al unirte a una causa, le otorgas el poder de la unión, el cual no es otro que el de tu voluntad. Todo poder reside en la unión, porque fuera de ella no puede suministrarse el combustible que permite que la potencia se transforme en acto.


Para que existas, Dios mismo se unió a lo que eres. Si no hiciera eso, no podrías sostenerte en la existencia porque no habría un poder que lo permita. Esto aplica, no solo a ti, sino a todo lo creado. Nada puede existir fuera de la unión. Por lo tanto, la devoción, si se la entiende bien, es la vida del ser. Tal como ya se ha dicho, ella es el acto de unirte a aquello que consideras lo suficientemente valioso como para entregarle lo que eres. Al hacer eso, le otorgas tu poder y también tu gloria. Recuerda que el alma humana siempre es poderosa, y que no existe escapatoria a ello. Tampoco es necesario escapar.


Así como le otorgas tu poder a aquello a lo que te unes, Dios le otorga poder a aquello a lo que está unido. Y dado que está unido a ti, te brinda su poder y su gloria para que puedas ser el que eres en verdad. Lo mismo ocurre con toda criatura. Esta es la razón por la que puedes ver cuanta fuerza hay en la naturaleza, o en la vida. La fuerza vital de la que eres testigo consciente por medio de tu humanidad, no es ni un ápice del verdadero poder del Amor que te ha creado y sigue dándote vida. Ese poder eres tú, porque eres su extensión. Cuando te sumerges en la oración, te reúnes con él. Y al hacerlo, lo haces con la verdad acerca de lo que eres. En otras palabras, con tu poder y tu gloria. En razón de ello lo extiendes, puesto que toda extensión procede de la unión.


Amada del Cielo. Es Cristo quien te está recordando – a ti y a todo el mundo, por medio de este diálogo -, dónde reside la ternura, dónde habita la dulzura, y dónde su fortaleza incomparable, siempre unida a la dicha sin fin y su inquebrantable paz. Y lo hace, con el propósito de que aceptes esos tesoros como tuyos, pues te pertenecen por derecho de nacimiento. Permanece en Él, y los milagros se manifestarán cada vez con mayor vivacidad. Quedarás enmudecida ante el amor actuante de Dios en tu vida. Verás cosas que ni ojo vio, ni oído escuchó. Verás la hermosura del amor, y la protección de la verdad. En otras palabras, serás testigo permanente del amor de Dios. Un amor que te escucha. Te cuida. Te asiste. Un amor que inunda, no solamente tu ser, sino tu vida entera. Y que abraza todo lo que amas y eres. Pues lo que amas, forma parte de ti y por ende de Él.


Escúchalo ahora decirte desde las profundidades de su divino corazón.


Ven. Confía en Mí.


Gracias por responder a la llamada del amor.

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