• Sebastián Blaksley

Capítulo 2.25 - Lo nuevo es amor

Hijito del cielo. Alma purísima. Amor hecho humanidad,


Vengo a nuestro encuentro santo, rebosante de alegría, y lleno de gratitud, por la gracia de experimentar y extender la hermosura de nuestro amor. Un amor que también se manifiesta en estos diálogos llenos de luz.


Hoy os invito, a todos, a sumergiros cada vez más en el Inmaculado corazón de María, Madre de los vivientes, y co-creadora del nuevo reino terrenal. Ella es la mujer embarazada que ha ido al desierto a dar a luz. El desierto representa la virginidad de un espacio intocado. Allí donde el viejo orden establecido por el mundo, no ha hecho acto de presencia. Es el escenario perfecto para el nacimiento de lo nuevo. Así como la primera creación nació del soplo del espíritu vivificante sobre la tierra yerma, la nueva creación surgió de María, que es brisa de gracia y santidad.


En verdad os digo que el alumbramiento ya ha ocurrido. El Cristo renacido en la tierra ya está aquí. Estas palabras dan testimonio de ello. Son una anunciación del segundo advenimiento. Si entregáis vuestras mentes y corazones a María, madre de la creación y reina de la paz, podréis ver las cosas a través de los ojos del amor. Es decir, tal como Cristo las contempla. En razón de ello, reconoceréis cómo el Espíritu de Dios está transformando todo. También veréis que ello es efecto del nacimiento de lo nuevo.


Lo nuevo no es una idea, una creencia o un sistema de pensamiento. Tampoco es algo que surja de lo viejo. El pasado no puede crear el futuro, porque solo Dios crea. Lo nuevo es algo tan novedoso, que no se puede poner en palabras pre-existentes. Su realidad es tan nueva que, en ella no existen ni rastros de lo viejo. No porque haya sido destruido, sino porque simplemente se desvaneció, tal como lo hacen los sueños al despertar. Así de nueva es la novedad de Cristo.


Es cierto que un nuevo lenguaje será creado – y en efecto ya está siéndolo -, para poder decir lo que hoy solo se puede sentir. Y sinembargo, hablaremos del nuevo reino terrenal nacido del amor perfecto. Podemos hacerlo, porque el conocimiento de su realidad reside en nuestros corazones, que es la fuente desde donde brotan las palabras. Recordad que la boca habla de las profundidades del corazón. Con amor os digo, que si hacéis el suficiente silencio interior y exterior, os podréis haceros conscientes de lo que la sabiduría de vuestros corazones sabe, acerca del nuevo reino terrenal. Lo reconoceréis, en razón de vuestros anhelos de plenitud. Escuchad vuestros deseos profundos de armonía y santidad, de alegría, pureza y felicidad. En ellos reside la verdad de la creación, y el propósito de la vida.


En el nuevo reino terrenal - unido al nuevo cielo -, la dicha y la paz serán su sol y su luna. La hermosura y la pureza, expresadas de incontables formas santas, serán las estrellas de su firmamento. La verdad, será la luz que brilla sobre ella. La sabiduría constituirá el suelo firme, sobre el que los cuerpos caminen, y las almas se expresen libremente. Los colores crearán nuevos matices a cada instante, en unión con la santidad de la mente y el corazón de cada ser viviente. Será un mundo de paz, en un cielo de amor. La tierra será tan fecunda como jamás antes lo había sido. De ella, ya no surgirá nada que pueda dañar. No habrá ponzoña ni cataclismos. Solo existirá la serenidad de Cristo y la dulzura de Dios, creando y recreando vida sin cesar. Dado que la verdad es el fundamento de su existencia, y el amor su realidad, no hay otra cosa que risas y jolgorio. Todo resplandece en la hermosura de Cristo, fuente de luz verdadera y fundamento del ser.


En lo nuevo no hay separación de ninguna especie. Por lo tanto, las realidades celestiales y terrenas viven conscientemente en perfecta unidad. Cada aspecto de la creación se relaciona con todo por amor, y nada más que amor. Todos vivirán en paz. Es palabra de Dios.


Os bendigo en la santidad del ser.


Gracias por responder a mi llamada.

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