• Sebastián Blaksley

Capítulo 2.26 - Cristo es novedad

Hijos del amor santo. Vosotros que recibís estas palabras. Quizá os preguntéis, por qué hay que esperar en el tiempo para gozar de lo nuevo. He venido para que, juntos abracemos esta pregunta y permitamos que el saber hermoso nos regale la respuesta perfecta. Recordad, antes de continuar con este diálogo, que una pregunta como esta, tiene sentido solo para una mente que aún no se ha despegado de los viejos patrones mentales y emocionales. Pero carece de tal, para los que le han dado la bienvenida al misterio y elegido al amor como su única fuente. La mente que sabe, que existe una realidad más allá de lo que el intelecto puede explicar, y se ha unido al corazón, ya no experimenta dudas acerca de la verdad, ni de la benevolencia divina.


Tal como se ha dicho, el ser fue creado con, y en, el conocimiento perfecto. Esto incluye, no solo al saber acerca de lo que es, sino de todo lo que forma parte del propósito de Dios. Naturalmente, el conocimiento acerca del plan de expiación, la encarnación de Cristo y la instauración de su reino, también forma parte de ello. Es cierto que la mente pensante no puede aún ponerlo en palabras, dado que utiliza un lenguaje que no tiene anclaje para expresar la novedad de Cristo. Esto se debe a que la palabra humana, tal como ahora se manifiesta, utiliza el aprendizaje del pasado para explicar las cosas. ¿Dónde has aprendido que la miel es dulce, sino en el pasado?


Alma creada por el amor. Dejame recordarte que, para poder vivir en la verdad, es necesario renunciar a tus propias interpretaciones. Y hacer realidad la verdad que te dice: no dotes a Dios de ningún atributo que tu comprendes, porque nada de lo que entiendes forma parte de Él. Primero abrazamos esta verdad. La llevamos al silencio de nuestros corazones. Allí donde la luz de la santidad del ser que somos, la envuelve en la belleza y paz de Cristo. Una vez hecho eso, damos un paso más hacia el reconocimiento de la segunda parte de ella. Aceptamos lo que a continuación nos dice el amor.


Tienes derecho a saber, pues has sido creado por la sabiduría perfecta.

Una vez que hemos unido ambas partes de esta expresión de la verdad, soltamos todo lo que la mente pensante conocía como fruto de lo aprendido. Nos despojamos de lo viejo. Dejamos hablar al corazón. Escuchamos. Nos sumergimos en un silencio de expectación. Nos adentramos en el misterio de la vida. Allí donde la voz de Dios nos habla de amor, de santidad, de dicha sin fin. Y damos rienda suelta al diálogo que desde el cielo se manifiesta en nuestro ser. Entramos en el templo de la unidad. Y nos damos cuenta, de que la realidad divina no puede ser algo que esté sujeto al tiempo, el espacio, o cualquier otro tipo de limitación.


Sabemos, porque nos lo dice la verdad, que Dios es infinito y por ende eterno. Por lo tanto, su reino está aquí y ahora, en todo lugar, instante y circunstancia. En toda existencia. Puesto que nada, que no sea de Él puede ser verdad. Nada que no proceda de Él puede hallar un lugar donde morar. Lo sabemos porque nos lo dice el corazón. Somos hijos e hijas de la verdad. Conocemos -pues fuimos creados en el conocimiento perfecto -, que la realidad divina no tiene contrario. Que ella nunca ha dejado de existir. No ha sido opacada, ni velada. Tampoco separada del amor y la vida. Sabemos que solo Dios es real. Y con Él, sus extensiones perfectas, entre las que nos encontramos tú y yo, por siempre amados del cielo.


Aquí estamos, hermanas y hermanos en Cristo, unidos en la santidad de nuestro ser, recordando la verdad acerca de la eterna dicha de Dios, la cual no puede dejar de existir por siempre. Reconociendo que el poder divino no puede ser obliterado, ni atacado. A Él le pertenecen todo poder, todo honor y toda gloria.


En verdad, en verdad os digo que podéis comenzar a vivir vuestro cielo en la tierra desde ahora. Cada vez que permanecéis en la verdad y el amor, estáis viviendo en el reino de Cristo. Cada instante en que os sumergís en el Inmaculado corazón de María, siempre unido al Sagrado corazón de Jesús, estáis caminando por los eternos camino del nuevo reino terrenal, y morando en la dicha eterna.


Almas llenas de luz, el amor os está llamando a hacer de todo un cielo. Para ello, simplemente necesitáis amar con el corazón que Dios os ha dado. Nadie puede amar en lugar de otro. Os invito a aceptar jubilosamente; lo que el conocimiento os revela, al recordaros que el amor es el fundamento de la vida, la plenitud del ser, y la fuente de la creación. Permaneced en la verdad, y estaréis, no solamente viviendo en el nuevo reino terrenal desde ahora mismo, sino siendo vosotros mismos el reino.

Os bendigo en la paz.


Haced que la santa sabiduría de Cristo, sea la fuente de vuestro saber y obrar.


Gracias por responder a mi llamada.

7 vistas2 comentarios

Entradas Recientes

Ver todo