• Sebastián Blaksley

Capítulo 2.27 - Alabanza de amor

Amados del cielo,


Venid conmigo, vuestro Ángel que os ama con amor perfecto. Venid a adorar a Cristo. Sed sus adoradores perpetuos. Os invito a uniros a la alabanza de la creación, fruto de toda devoción verdadera. Por amor os digo, que habéis sido creados para ser alabanza perfecta. En efecto, eso es lo que vuestro ser es. Alabad cada día; mañana, tarde, y noche. Haced de vuestras vidas una alabanza de amor. Os aseguro que cuando alabáis al Espíritu vivo y vivificante, fuente de toda existencia, vuestros corazones se ensanchan para más amar. Vuestras mentes abandonan el miedo, para abrazar la certeza de la verdad. Y vuestro ser canta y vibra al compás de la dicha sin fin. Esto se debe a que la alabanza es la respuesta natural del ser al amor.


Hijas e hijos de la luz. Este es un llamamiento a que os regaléis la verdad. A que reclaméis ahora mismo vuestra herencia. Y a que hagáis vuestros, los tesoros que Dios mismo os ha regalado desde toda la eternidad. Hacedlo por medio de la alabanza. Alabad conmigo, y con toda la creación, a la vida.

Agradeced todo el bien que Cristo os ha hecho, y nos hace a todos, en razón de su Infinita bondad. No pongáis límites a Su divino amor. Mirad que las puertas de su insondable misericordia están abiertas de par en par. Sumergíos en ella. Meditad acerca de su vastedad. Lanzaos en sus brazos. No os arrepentiréis.


Vosotros que recibís estas palabras, recordad que sois portadores de la sabiduría del cielo, pues ella mora en vuestro ser. En virtud de ello, sabéis que la bondad del Espíritu de Dios, crea y recrea todas las cosas por amor, y para el amor. Su benevolencia no tiene contrario. Haced de este conocimiento el alimento de vuestras almas. En él, hallaréis consuelo, y la respuesta perfecta a toda pregunta. Todo ha sido creado por el amor. En él existe, se mueve y es. Hay motivos de sobra par estar alegres. Los hijos e hijas de Dios saben que no están solos, que pueden permanecer eternamente dentro del diálogo de la vida. Es decir, en la relación directa con la Fuente del amor hermoso.


El Espíritu vivificante, eterno renovador de la vida, hace que cada día sea una nueva creación. Que en cada instante renazca la esperanza en los corazones, hasta que ya no sea necesaria, al ser reemplazada por la certeza perfecta. Por su Gracia, somos recreados incesantemente en el amor. Os invito a llevar esta verdad en lo profundo de vuestros corazones. A haceros una con ella, en el silencio de vuestra santidad. Haciendo eso, obtendréis grandes beneficios para vuestras almas. Recordaréis que el cielo os acompaña, donde quieras que vayáis. Que no hay necesidad de recorrer los caminos del mundo, como si fuereis seres solitarios, sin importancia para el universo. Eso, simplemente no es verdad. ¿Cómo podría serlo, si Dios mismo es uno con vosotros, y por su amor sois uno con Él?


Aquí está vuestro Ángel. Conmigo, está el cielo todo. En razón de ello, también están Jesús y María. Vivos y presentes ante vosotros, y en vosotros, tal como lo están en mí, y en todo ser angélico. Somos unidad de amor santo. Criaturas emanadas de la luz de la vida. Mentes refulgiendo en la hermosura de la santidad. Corazones palpitando al compás del amor. Vivimos por siempre en la eterna dicha de la verdad, y el gozo de la paz perpetua. Haceos conscientes de mi presencia en vuestras vidas. De los innumerables milagros que el cielo os ha dado a lo largo de vuestra existencia en el mundo, y de las incontables gracias recibidas. Todos recibís un diluvio de bendiciones, desde el mismo instante de vuestra concepción física. Agradeced a la vida por ello. Creced en vuestras muestras de gratitud, para que de ese modo crezcáis en amor.


Hermanas y hermanos en la santidad. ¿Acaso no es cierto, que un ser que es heredero de Cristo por la Gracia, tiene razones de sobra para estar alegres, y vivir en paz? ¿Qué mal puede prevalecer sobre él? ¿Quién podría arrebatarle el cielo? ¿Qué cosa podría ser tan poderosa, como para robarle el amor de Dios? Nada. Ni nadie. Los que fueron creados para el amor, en él morarán por siempre.


Benditos seáis vosotros, que sois testigos del Segundo advenimiento de Cristo, co-creadores de nuevo reino terrenal, cuyo fundamento es el amor y la verdad. Os doy las gracias por recibir mis mensajes, y compartirlos.


Os bendigo en la verdad.

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