• Sebastián Blaksley

Capítulo 2.29 - Gloria del amor hermoso

Amado mío,


Vamos llegando al final del segundo libro de esta obra. ¡Cuánta dicha hay en nuestros corazones, por recorrer juntos el camino de la devoción! Una senda llena de amor. Unidos permanecemos en la verdad. Nos alegramos de poder caminar con Dios. Conversar con Él. Vivir en su corazón. Escuchar su voz, recordándonos cuánto nos ama. Y cuán grande es la obra de sus manos, en nosotros. Llevamos en alto el recuerdo del abrazo eterno de su divinidad. Confiamos en su divina bondad. Hacemos de esa confianza, el tesoro de nuestra existencia. Sabemos, porque nos lo revela la verdad, que llegará el día en que nuestra fe en su amor, será transformada en un amor sin fronteras, pues al final todo convergirá en Él.


Seguiremos caminando por los senderos del mundo, extendiendo la luz que mora en nuestro ser. Llamando a todos a permanecer en la morada santa. A conocer las delicias de Dios. Compartiremos, con quienes el Cielo disponga, el conocimiento del amor hermoso. Avanzaremos seguros, porque sabemos que la santidad de su divino ser nos acompaña, donde sea que vayamos. Nuestro amado Padre, será siempre nuestra fortaleza. En su omnipotencia nos refugiamos. A Él le entregamos el corazón. Como Madre divina, nos guardará, y alimentará hasta saciarnos. Como creador de nuestro ser, colmará la medida de nuestra plenitud.


Amados del cielo. El amor está transformando los patrones de pensamiento, y respuesta emocional, en un grado que no le es posible aún reconocer a la mente pensante. No os preocupéis por ello, por sus frutos lo reconocerá. Escuchad lo que a continuación os digo, con todo el amor de mi corazón.


Cuando los pensamientos de desánimo parezcan acercarse, recordad que la mente ha estado en un proceso de transformación profunda de su modo de pensar. Antes, sus pensamientos estaban erigidos sobre la piedra angular de la supervivencia, en la ilusión de un ser que no es y nunca será. Ahora, resplandece en la luz de la verdad. Esto, aunque no siempre sea comprendido en su totalidad, es un salto de dimensiones gigantescas. Y de efectos inimaginables. No podéis daros una idea, de cuánto habéis sido transformados por el amor. Y de cuán profundamente, está siendo transmutado el Universo, en razón de vuestro sí al amor. Permitid que vuestra humanidad repose en paz. Dejad a la mente en libertad. Abrazad en el amor, a cada aspecto de lo que sois. Llevad serenidad y dulzura a vuestros corazones. Llenad de luz vuestras vidas. Dejaos amar.


En verdad, en verdad os digo que esta obra es un medio perfecto para la creación de lo nuevo en, y a través, de vosotros. El poder de sus palabras des-programa la mente y el corazón, y los lleva en unidad de regreso al estado original. Esto es, a un estado en que se recobra la capacidad de pensar, sentir, y ver, en perfecta unidad con Cristo. De ese modo, vuestra humanidad es llevada suavemente, ante la majestuosa catedral de la verdad eterna. Al tabernáculo santo, donde Dios mismo mora en unión con el alma.


¿Creéis acaso, que una conversión de semejantes proporciones, puede ser fácilmente asimilada, por esa parte de la mente y el corazón que estuvo por tanto tiempo asida a las cosas del mundo, valorando aquello que no tiene valor, y buscando lo que no se puede hallar porque no es verdad? Es indudable que no. Recordad que, en el reino del tiempo, existe un tiempo para todo.


Tú que recibes estas palabras. Alégrate de haber llegado a este punto del camino. En verdad te digo, que una nueva luz desciende sobre ti. Que los gritos ensordecedores del pasado, y el crujir de los viejos patrones de pensamiento, ya van quedando muy atrás. Tanto, que ya casi ni se ven, ni se sienten. Y si a veces los percibes con mayor fuerza, no es porque la tengan, sino porque habéis decidido ver en la luz de la verdad, todo aquello que deba ser desvanecido por la santidad de vuestro ser. Lo que antes estaba oculto, ahora se ve. Lo que antes se negaba, ahora se acepta y entrega. Aquello a lo que se le temía, ha sido llevado ante el trono de la consciencia de Cristo. Allí, el divino amor lo ha transmutado en más consciencia del amor que sois. Es decir, en más conocimiento perfecto.


Os regalo el canto angelical que brota de la dicha de mi corazón.


“Aleluya canta el cielo. Un alma resplandece en la gloria del amor santo. Con su luz, ilumina las mentes, sana los corazones, y renueva la faz de la tierra. Su hermosura es el fruto de la unión divina. Regalo bendito de la Madre de los vivientes, para toda la creación. Hozana en las alturas. Cristo ha sido reconocido. El amor extendido. La verdad honrada. ”

Descansad en paz.


Gracias por responder a mi llamada.

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