Capítulo 2.3 - Devotos de la verdad y el amor

Amada hija del Cielo. Alma nacida de las profundidades de la misericordia sin fin.


Hoy vengo lleno de alegría a morar una vez más en tu presencia, de este modo particular. Nuestros diálogos están llenos de amor y sabiduría. Irradian luz y belleza, porque dan testimonio de la santidad en la que permanecemos unidos por siempre. Nuestra relación es fuente de gozo para mi corazón. Te doy gracias por permitirme formar parte de tus relaciones, de tu vida, de tu realidad. He sido creado para servir al amor, y en realizar esa función reside mi contento y plenitud. Que dicha es saber que Dios mismo permanece en perpetua unión con cada una de sus criaturas. Y que nada puede separarnos de su amor.


He venido a decirte – o mejor dicho recordarte – que todo ser creado alcanza la plenitud al darse. Sé que esta verdad es conocida por ti. Aún así, es necesario traerla a este diálogo, para continuar avanzando hacia un mayor conocimiento de la gracia de la devoción. Poder entregarte con todo lo que eres, a la relación directa con el Amor que es la fuente de la creación, es decir con el creador de la vida, es un tesoro que nos ha sido regalado al ser creados. No siempre es visto como tal por la mente pensante, pero ciertamente lo es.