• Sebastián Blaksley

Capítulo 2.32 - El amor es certeza

Hermanas y hermanos en Cristo,


Quizá os hayáis preguntado, con que propósito traemos - a estos escritos acerca de la devoción -, el asunto de la diferencia entre lo que es real y lo que no lo es, tal como lo hemos hecho en los pasajes anteriores. Os respondo por amor.


Se ha dicho que devoción, es entregarse en cuerpo y alma. También, que eso es cuestión de grados, ya que podéis hacer una entrega parcial de lo que sois. Un poco a esto, otro poco a aquello. Creando así una lealtad dividida. En última instancia, esto es lo que siempre estáis haciendo, ya que no podéis no uniros a algo. El ser es unión. Este es el motivo por el que siempre os estáis uniendo. Incluso los que optan por una vida de “absoluta soledad”, están uniéndose por ejemplo a sus ideas, a la experiencia de no tener compañías de semejantes, a la naturaleza y a su cuerpo. En fin, no es posible vivir fuera de la unión.


Si la unión y el ser son una unidad, entonces la cuestión de fondo es a qué os estáis uniendo. O dicho de otro modo, qué cosa mantenéis dentro de la unidad de lo que sois, y que cosas fuera de ello. Os aseguro que en esto reside toda la diferencia. En la verdadera devoción, el alma se entrega por entero a la realidad. Por eso es que la oración es fuente de sanación. Porque en ella, reside la unión con aquello que procede de Cristo. Y dado que Él es la verdad, cuando os unís a su consciencia de puro amor, moráis en la realidad.


Nada que este fuera de la verdad puede ser real, porque simplemente no forma parte de Dios. Por esa razón es que no puede ser amoroso, ni benevolente. Y mucho menos, pacífico. ¿Qué paz, puede haber allí donde no existe ningún tipo de certeza perfecta? Algunos podrán argumentar que, la realidad puede ser lo que cada cual interprete de ella, y de esa interpretación surja la certeza - o convicción - de su propio entendimiento. Sinembargo, en vuestra experiencia, sabéis muy bien que eso no es cierto.


No ha habido nunca una decisión basada en las interpretaciones de la mente separada, que no os haya llevado al punto en que, es reemplazada por un nuevo modo de ver las cosas. Lo que ayer era deseable, hoy ya no lo es. Lo que un día fue la fuente de la felicidad, otro día se transforma en la base del dolor. Talvéz no todas las experiencias hayan ido de extremo a extremo, pero ciertamente habéis sidos testigos de la inestabilidad de las interpretaciones de la mente, y cuán cambiante y oscilante es su modo de entender.


También habéis experimentado lo siguiente. Lo que ayer, la mente pensante afirmaba como verdad, incluso con una certeza casi temeraria, hoy lo presenta como algo que simplemente ya no es así. Se abre paso a una nueva interpretación, la cual es vista como tan cierta y firme, como lo era la anterior, incluso siendo totalmente opuesta. ¿Qué sucede en esos caso? Algunos dirán que es lo normal, ya que es el resultado del crecimiento y la madurez. “Uno no piensa como niño, cuando es adulto”, dice el mundo. Pero amados del Cielo, ¿Cómo se puede estar en paz en un mundo tan cambiante? ¿Cómo se puede vivir feliz, permaneciendo en un reino donde la realidad cambia constantemente, y por ende nada es seguro en ella? Simplemente, es imposible.


Las oscilaciones, en cuanto al modo de ver las cosas, que procede de la mente intelectual, cuando esta es considerada como la fuente de la verdad y la revelación, engendran miedo. Esto se debe a que en ellas hay incertidumbre, tal como sucede con la inestable balanza del deseo, a la que está íntimamente unida. La falta de certeza es algo tan ajeno al ser, como lo es la ilusión a la verdad. Por ello, es que en este diálogo traemos este asunto. Para que recordéis que, solo viviendo en la realidad es como se puede permanecer en paz, y por ende ser feliz. Y que la única realidad es la que procede de Dios, ya que Él es su fuente y existencia.


Permanecer en Cristo es vivir en la realidad. Fuera de Él no existe nada que sea cierto. Esto es lo mismo que decir que, la única realidad creada es el ser que eres en verdad. No hay nada más. En él hallarás por siempre la certeza que procede del amor, y vivirás en paz. ¿Cómo hacer eso? Viviendo en la verdad de lo que eres. ¿Cómo se puede lograr algo así? Amando a Dios, con toda tu alma, con toda tu mente y con todo tu corazón; y a los demás, como a ti mismo, con el mismo amor con que Él te ama a ti, y a todas las cosas.


Ahora preguntas, y ¿Cómo se puede vivir de ese modo? Aquí esta la respuesta, la cual conoces muy bien, pues en ti reside la sabiduría del cielo. Sólo hay un camino. Dejándose amar, para que el amor te traspase constantemente. Y de ese modo, haga por ti, en ti, y a través de ti, lo que tenga que hacerse, o dejar de hacerse, en razón de su naturaleza. Dicho llanamente, abandonándose por entero al amor. Por eso, para que no se te olvide, y lo lleves en tu corazón todos los días de tu vida, te digo a ti, que recibes estas palabras:


Olvídate de lo vivido, y lánzate confiadamente en los brazos del amor.

Bendito seas tú que escuchas la voz del cielo y la sigues.


Gracias por responder a mi llamada.

9 vistas1 comentario

Entradas Recientes

Ver todo