• Sebastián Blaksley

Capítulo 2.4 - Moldeada por el amor

Hijito mío. Hermano en la luz.


Mi corazón canta de júbilo por nuestra relación santa. ¡Qué dicha es poder formar parte de tu vida conscientemente! Haz de saber que, en tu presencia reside el cielo, porque el Cristo en ti es lo que eres. Y allí donde Él está, reside la totalidad de lo divino y lo creado. En nuestra comunión, nos comunicamos de ser a ser, de corazón a corazón. Hablamos desde nuestra santidad, la cual es casa de sabiduría, morada de la verdad.


Hoy vengo a recordarte cosas que sabes pero que es necesario traerlas a la consciencia. En este diálogo de luz, hablaremos del camino que debe hacerse antes de llegar al punto en el que cumples tu propósito conscientemente. Es decir, cuando te reúnes con el coro de la creación para ocupar tu lugar como co-creador de la vida.


Dios es eterna creación. En el devenir de crear por siempre reside también su gozo. Las creaciones divinas no son estáticas. Todo lo contrario. Esta es la razón por la que se te dijo un día que; “eras el que serías, mientras que Cristo era el que es”, y ahora se te dice que eres el que eres, tal como Cristo es. En otras palabras, ahora eres el realizado. Sigamos adelante, con esta verdad presente en la consciencia.


He venido a revelarte lo que a continuación se dice. Existe un camino que recorrer, antes de que el alma humana pueda alcanzar el estado en el que se une por entera a Cristo en su humanidad; de tal manera que, desde esa unión pueda extender vida eterna en unidad con Dios. Ese camino es en realidad el acto de moldear el yo, lo cual forma parte de tu creación, es decir de la voluntad divina. Esto es lo que se quiso decir con la simbología del génesis, al decir que Dios formó al hombre del polvo de la tierra. Lo que se buscó explicar con esa expresión, es que el “yo” con el que ha sido creada la criatura humana es moldeado. Eso forma parte de su creación.


La vida va moldeando tu “yo”, para que este pueda llegar aun estado en el que es capaz de permanecer en armonía con el ser, y de ese modo alcanzar la plenitud. Esto es lo mismo que decir que, tu humanidad va siendo moldeada por el Espíritu de Sabiduría, para que se una a tu divinidad. Y puedas ser lo que siempre fuiste llamado a ser, Hombre-Dios, Mujer-Dios, humanidad divinizada.


Muchas veces, el no comprender esto es causa de ansiedad e ira, dado que no se comprende que los límites que el Padre pone a todas sus criaturas, no son un capricho, o algo que está ahí para causarnos dolor. Ese modo de pensar es propio de un niño, al cual normalmente no le gusta que lo limiten. Pero no es lo natural de un yo que se ha elevado lo suficiente en la verdad y la sabiduría, como para comprender, que es precisamente en los límites donde puede existir la belleza, y por ende el amor.


Creer que el amor lo acepta todo, bajo el argumento de que es incondicional, es no comprender. El amor no puede aceptar lo que no es verdad, es decir lo que no procede de él mismo, puesto que sabe que es pura ilusión. El amor integra. Sí, pero solo dentro del amor. El amor une. Sí, pero solo lo que es uno con su naturaleza, pues nada que no sea semejante a sí mismo puede formar parte de la unión.


Mezclar cosas no es unir. Para que ello sea posible, es necesario que revista la misma cualidad ontológica, por decirlo de algún modo. Es decir, ser de una misma sustancia o que se pueda fundir en una unidad en razón de su naturaleza. Así como el agua y el aceite no se pueden mezclar, tampoco lo pueden hacer la verdad y el amor con sus opuestos, porque simplemente sus contrarios no son reales. El sueño no puede existir en un estado de vigilia.


Si comprendes bien lo que se está diciendo, podrás entender porqué es necesario que, cuando te encuentres con un hermano o hermana, este sea un encuentro de corazón a corazón, de lo que eres en verdad, con lo que ellos son en verdad. Solo puedes unirte verdaderamente en ese nivel. Y también aceptar la verdad que te dice que, el camino de la vida que se te ha dado es perfecto tal como es. Todo es perfecto, porque Dios lo es.


Para poder continuar, es importante que recuerdes que el amor es severo, e imparte disciplina, en tanto que de ese modo puede haber orden y con ello armonía. Todo lo cual es necesario para que pueda reinar la paz, y hacer acto de presencia el amor. Esta severidad del amor no es como la del mundo, sino que está basada en su sabiduría, busca siempre un bien superior, el cual está unido a la libertad. Todo fue creado para la santidad, por lo tanto lo que converge hacia ella es lo que el amor propicia. Por esta razón es que no siempre dice que sí a tus deseos. Porque no todos ellos proceden de tu verdadera voluntad. Distinguir entre lo uno y lo otro es necesario, a la luz de la verdad. La sabiduría del amor puede hacer eso porque es uno con ella.


Recuerda también que solo puedes hacer lo que te gusta cuando sabés lo que verdaderamente quieres. Y eso solo es posible, cuando sabes quién eres en verdad. Por esa razón es que se te lleva por un camino determinado en tu vida, el cual está perfectamente diseñado para que alcances el pleno conocimiento de tu ser. Una vez que llegas allí, solo resta ser el que eres. Y de ese modo vivir en la plenitud del amor, destino de la creación y por ende tuyo también.


Alma pura. Alégrate de que Dios te ame con un amor responsable. Pues por ello eres moldeada dentro de los límites de su divino amor, los cuales no son impedimentos, sino formas que dan existencia a un Yo Crístico perfectamente definido, y por ende único. En otras palabras, tal como los límites del lecho de un río permiten que se encause el curso de las aguas destinadas a fluir por él, así el amor constituye el cause sobre el que fluye la hermosura de tu ser. Pues estas destinado a fluir en él y por él, de modo que la belleza de lo que eres y su santidad vayan dando nueva vida a su paso.


Bendita seas tú, alma llena de luz, que escuchas la voz de la verdad y la sigues.


¡Que todos alaben al amor de Dios y se regocijen en Él!

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