• Sebastián Blaksley

Capítulo 2.5 - Portadores del amor

Amada alma llena de luz,


Si conocieras plenamente el don de estas palabras, y la grandeza de su fuente, llorarías de felicidad. Si aceptaras - en toda su magnificencia - el amor de tu Creador, y con Él, de toda su creación, tu corazón humano no podría resistirlo ahora. Esa es la razón por la que el mismo Cristo va ensanchando tu ser, día tras día, momento tras momento, hasta que se hace capaz de recibir cada vez más amor, más luz, más santidad, más ser. En ello consiste la eterna y continua creación divina. Dios va creándote y recreándote en su divino amor, para que puedas albergar su infinita realidad. En verdad te digo que, a medida que te unes a Él, y te adentras en sus abismos de paz y armonía, te vas haciendo más sensible, más perspicaz. Ves más.


Vengo a decirte desde el cielo de tu mente santa, unida a tu corazón puro, en la belleza de Cristo, que ese estado de alta sensibilidad que percibes en ti es un don de lo alto. Es el efecto de estar abrazada al amor de los amores. De vivir unida a la eternidad. Cuando le dices sí al amor, todo converge en él. Tus pensamientos se dirigen hacia él. Tus sentimientos también. Hasta el punto en que te haces consciente de que el amor es tu alimento, tu sustento y tu fuente. Tomar consciencia de ello es algo que a la mente pensante, tan acostumbrada a buscar explicaciones basadas en el aprendizaje del mundo, le cuesta integrar. Pero lo hará. Pues tu humanidad está lista para vivir como el Cristo humanado.


Amados de todo el mundo. Esta obra, tal como todo lo que os es revelado por medio de esta mano amiga, escriba del cielo; aquel a quien el mismo Cristo ha llamado “un lápiz en las manos del amor”, está dirigida muy especialmente a vosotros, portadores de almas altamente sensibles. Corazones capaces de sentir hasta la más mínima vibración de sentimiento. Vosotros que derramáis lágrimas ante la belleza de una flor, o podéis sentir que vuestros pechos se afligen al ver partir a un ser querido, incluso sabiendo que volverá, porque conocéis la gracia del amor que es presencia. Y sabéis que vosotros mismos sois una bendición.


Vosotros, que lloráis en silencio ante la contemplación del dolor del mundo. Y aún así, vuestras almas son capaces de no quebrantarse, y seguir entonando un cántico de esperanza y gratitud a la vida. Vosotras, almas sensibles que tenéis la capacidad de regalar una sonrisa afable, aún en medio de vuestros dolores, porque sonreís con la sonrisa de Cristo. Y sabéis que a veces el amor exige correr un velo sobre la verdad. Vosotros cuyo modo de sentir y percibir la realidad es tan diverso al que surge de una inteligencia sin amor. A vosotros van dirigidas estas gotas de rocío celestial, perlas de inestimable valor. Desde lo alto, caen sobre vosotros como regalo divino para fecundar la tierra, al unirse a vuestro amor. Y de ese modo, en ella crezcan las flores de la santidad.


Como Ángel vuestro, en unión con todo ser Angélico, y por ende con Dios mismo, os digo que os conozco desde siempre. Y sé que vuestro modo de sentir, vuestra capacidad de amar, y vuestra manera de ver las cosas, son el medio que el Creador ha elegido para co-crear con la humanidad el nuevo reino terrenal. Vosotros sois co-redentores del mundo, junto a Jesús y María. Para ello habéis venido a él, para dar amor con vuestra sola presencia. Para iluminar con vuestra existencia en él. Os aseguro que no es necesario que hagáis nada en particular para cumplir vuestra misión. Simplemente necesitáis ser lo que sois en verdad. Permanecer unidos a vuestro ser. En otras palabras, ser los devotos de la verdad que os hace libres.


Vosotros conocéis la verdad, puesto que en ella fuisteis creados, y constituye la esencia de lo que sois. No os conforméis con menos que Dios mismo, es decir con la eternidad, pues vuestra naturaleza no puede satisfacerse con nada que esté por debajo de ello. Volad el vuelo para el que fuisteis creados. Dejad toda cavilación y duda en relación a vuestro camino. En verdad, en verdad os digo que estáis cumpliendo de modo perfecto la voluntad de Dios en vosotros. Vuestras vidas dan testimonio de la luz de Cristo. Vuestras almas traen la Gracia divina a la tierra. No en función de lo que vuestra mente pensante piensa, sino en razón de la verdad de lo que sois. Así como en el cielo hay muchas moradas, también las hay en la tierra. Vosotros sois la morada de la dulzura del amor. Y por ende, los que albergan dentro de sí las delicias del Inmaculado corazón.


Almas benditas que recibís estas palabras. Abrazad vuestra sensibilidad. Amadla por lo que es, un regalo de vuestra Madre divina. Un tesoro de inestimable valor. Mostradle al mundo, qué cosa es amar con pureza. Vosotros sabéis cómo hacerlo, porque sabéis qué cosa es la verdad. Sois conocedores de la unión que existe entre la vida y el amor. Entre la alegría y la santidad, la dicha y la eternidad. Vinisteis al mundo con ese conocimiento. Dádselo, pues lo necesita como nunca antes. Para ello habéis elegido venir a él. Para dar testimonio del amor que sois en verdad. Un amor que constituye la razón de la vida. La fuente del ser. El fundamento de la existencia. Y de cuya realidad brota la alegría sincera, la paz que no tiene contrario, y el júbilo que no conoce fin.


Escuchad lo que a continuación os digo, almas sensibles que habéis dicho sí al amor, y acogéis con beneplácito y humildad estas palabras. Dios ha puesto su mirada en vosotros. Es a través de los corazones sensibles, que se crea el nuevo cielo y la nueva tierra, porque en su realidad solo existe el amor.


Alegráos, devotos del amor santo. El mismo Cristo mora en vuestros corazones. Regocijaos en esta verdad.


Junto a toda la creación, os doy las gracias por vuestro sí al amor.

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