• Sebastián Blaksley

Capítulo 2.7 - Inciensos de amor

Hija del Padre de las luces. Aquí estoy, a tu lado y en ti. Unidos por siempre en Cristo, con quien somos uno con toda la creación. Vengo a dar testimonio del diálogo incesante que existe entre el alma y su Creador. Lo hago por medio de estos diálogos. Te doy gracias por entregar tu tiempo, humanidad, y amor al servicio del cielo, mostrando al mundo la relación directa con Dios. Para que todos recuerden que en sus corazones existe la sabiduría del amor santo, y la belleza de Cristo, pues en ellos mora Él con toda su divinidad.


¡Ay, almas benditas! ¡Humanidad tan amada por Dios! Si meditarais más frecuentemente acerca del don que significa que seáis la morada de Cristo, la duda no tardaría en alejarse de vuestras mentes, y el miedo de vuestros corazones. Os invito a reflexionar acerca de esta verdad, y permanecer en silencio junto a ella durante la jornada. En verdad, en verdad os digo que obtendréis grandes beneficios de ello, pues siempre que os unís a la verdad, vuestras almas absorben el flujo de la divina unión, y el Espíritu de Dios os infunde nueva vida. Vuestro ser es renovado en el amor.


Alma bendita del Padre. Vengo a recordarte que, una cosa es vivir una vida, y otra muy diferente es ser la vida. En esta diferencia reside la distancia entre la ilusión y la verdad. Corazón lleno de luz, es tiempo de que comiences a aceptar viva y jubilosamente, que eres la vida, la verdad y el camino, tal como lo es Cristo. Sabes, porque te ha sido mostrado - y con ello lo has recordado -, que todas las afirmaciones de Jesús, en relación a sí mismo, no estaban destinadas a reforzar su identidad. Él sabe - y siempre supo - qué era, y qué es. Esas definiciones fueron dadas para que el mundo pueda escuchar a la verdad diciendo a viva voz, qué es cada uno de los hombres y mujeres que caminaron, caminan o caminarán por los senderos del mundo. Y que al saberlo, sean libres. Para que esta verdad se manifieste, es necesario vivir en unión con Cristo, de tal modo que la verdad infunda constantemente su fuerza vital, amor, y luz en la mente y el corazón. Y desde allí, se extienda a todo lo creado.


Hija del amor perfecto. No aceptes estas palabras sin más. Haz la prueba y verás. Únete al amor, y sabrás que lo que se te recuerda en estos diálogos es la pura verdad. Tu mente lo reconocerá jubilosamente, porque sabe qué cosa es la verdad. Y tu corazón se llenará de gozo, porque reconoce al amor cuando este hace acto de presencia. Quédate en silencio junto a la belleza y benevolencia de tu santidad, al menos por un instante, y verás cómo el cielo todo se derrama sobre ti. Haz la prueba y verás. Únete a la verdad de lo que eres, y te habrás regalado la vida sin fin.


En verdad, en verdad te digo que es perfectamente posible vivir inspirado, y recibir sin interrupción de tiempo, lugar o circunstancia la luz de la sabiduría del amor en tu humanidad. Eso es lo que Jesús y María han demostrado para ti. Vinieron al mundo para enseñar con su existencia, que existe un Ser superior de puro amor infinito, que tiene en sus amorosas manos el destino de la creación, y a quien todo le pertenece. Y que, viviendo sujetado a Él - no como dos que están juntos, sino como uno solo -, es vivir en armonía con la verdad, fuente de la dicha y plenitud del alma.


Amado mío. Hijito del tres veces santo. Dejame recordarte, que el secreto de la oración no reside en pensar mucho, o en el decir mucho, sino en amar mucho. Esto se debe a que solo el amor es capaz de unir dentro de sí lo que eres, y extenderse contigo más allá de ti mismo, sin dejar de ser lo que es. Al hacer esto, cumple para ti, contigo y en ti, el propósito de tu creación, el cual no es otra cosa que ser el rostro viviente del amor de Dios, y la extensión perfecta de su divinidad. ¿Puede alguien que tiene ese propósito, ser herido por los pensamientos y las obras del mundo? ¿O más bien, aquello que se percibe como herida, es el resultado de una interpretación desencajada de la verdad eterna? Escucha esta dulce verdad. En la santidad no puede haber heridas, porque no puede haber ninguna otra cosa que amor. En la verdad de lo que eres, no puede haber sufrimiento porque solo existe Cristo, eternamente unido a la creación perfecta.


¿Puedes ver ahora, con mayor luz, por qué es tan importante la verdadera devoción? ¿Aquella que consiste en permanecer unida al amor que eres en verdad, el cual mora en ti y en todas las cosas?


Hija del cielo, cuando estás en la presencia del amor, toda herida es sanada, toda torcedura enderezada, toda ignorancia reemplazada por sabiduría. No porque el Espíritu Santo cauterice el corazón, o cure lo que estaba enfermo, sino porque te reúnes con la verdad. Te invito, amada de Dios, a que en su presencia, no niegues lo que percibes como experiencias dolorosas, tampoco las alegrías que crees experimentar, sino que; permanece frente a su divina faz, con todo lo que estás siendo en el presente. Entrégaselo todo, de tal manera que él se ocupe, tal como está en su función hacerlo. Te aseguro que, al entregarle todo lo que experimentas en tu mente y corazón en el presente, te estás dando por entero. Haces que tu humanidad sea incienso de amor, un grato perfume puesto sobre el altar de la verdad. Como efecto de ello, te das cuenta jubilosamente, que quien recibe todo lo que le entregas al amor es tu ser, el cual nunca ha estado herido, y nunca lo estará, pues permanece eternamente unido a Cristo, fuente de toda perfección y santidad.


Amados de todo el mundo. Recibid con alegría lo que a continuación os digo desde el cielo de nuestra santa unión.


La verdad es el ungüento de las heridas, porque allí donde ella vive siempre está el amor.


Os bendigo en la luz de la santidad.

9 vistas0 comentarios

Entradas Recientes

Ver todo