• Sebastián Blaksley

Capítulo 2.8 - Luz de la vida

Alma que vives en la verdad. Tú que buscas el conocimiento de lo alto, porque sabes que existe aquello que está más allá de lo que perciben los sentidos corporales y puede comprender el intelecto. Déjame morar contigo en este diálogo de amor y santidad. Te doy gracias por tu devoción.


Hoy vengo a recordarte que nuestra unión es perpetua. Que siempre estoy a tu lado y en ti, en perfecta unidad con Cristo. Sinembargo, entre estar y estar hay grandes diferencias. Con esto, te quiero recordar, que todos tienen una relación directa con su fuente, es decir con el Creador. Pero la manera en que esta relación se expresa; difiere de unos a otros, tal como son diferentes las formas en que nuestros hermanos y hermanas se relacionan en el mundo. No existe una relación igual a otra, porque no existe un alma que sea idéntica a otra. Semejantes sí, iguales no. Esta es la razón por la que todos experimentan las mismas cosas, pero lo hacen de un modo distinto.


Se ha dicho que la herida es una ilusión. Y es verdad. Aún así, es necesario comprender lo siguiente, acerca de este asunto que tanto aflige al corazón humano. Se expande este conocimiento en esta parte de nuestro diálogo, y no antes, porque era necesario que experimentes la resistencia que pueda existir, en relación a la idea de que el dolor no es real. Y haciéndote consciente de ella, puedas trascenderla, y de ese modo dirigirte certeramente hacia la sima de la santidad, allí donde mora la sabiduría del amor.


Cuando decimos que la herida es una ilusión, estamos haciendo referencia al hecho de que ella procede de la creencia profunda en la insuficiencia. Solo los que se sienten insuficientes pueden albergar la herida, es decir indentificarse con ella. Esto aplica a todos - incluyéndote a ti -, cuando de algún modo buscáis obtener más valía del sufrimiento. La creencia en que no eres lo suficientemente amado, hermosa, abundante, inteligente, y una incontable lista de atributos más de los que crees carecer, es la fuente de la identificación con el dolor, y con ello del apego al sufrimiento, el cual crea el drama del mundo. Este es el motivo por el que ha llegado a la consciencia humana esta revelación, la cual incluye todo lo que recibes del Cielo, y compartes por medio de los símbolos de la palabra humana.


El propósito de esta obra – en toda su extensión -, es que la palabra de vida eterna, la cual brota del corazón de Dios, se adentre en las profundidades de la mente y el corazón humanos, para que la idea de que sois poca cosa, o que sois un ser indigno e insuficiente, sea desvanecida. Y de esa manera, la verdad acerca de la santidad, magnificencia y grandeza de lo que sois, vuelva a resplandecer en el alma, tal como lo hacia en los orígenes de todo origen.


En verdad, en verdad te digo que toda codicia, avaricia, lujuria, gula y los demás pensamientos y acciones que crean desdicha e infelicidad, tienen su causa en un profundo sentimiento de inferioridad, o minusvalía que hay en el corazón humano. Allí es donde reside la cuna del miedo. ¿Por qué otro motivo se codiciarían los bienes ajenos, o se desearía acumular más riquezas, conocimiento, placer, poder o cualquier otra cosa, sino para llenar un vacío que parece nuca llenarse? ¿Qué es ese vacío, sino un pozo sin fondo creado por la idea de ser insuficiente?


Es cierto que el mayor temor del alma humana, antes de despertar a la verdad, es su propia luz, y poder inconmensurable, pero ello se debe también a la creencia en la insuficiencia. Pues al creer que es una miserable pecadora, no puede dejar de sentirte como una extraña en la casa de la santidad, aunque esa sea la verdadera y única morada de su ser. En otras palabras, los que se sienten insuficientes, hacen de ello su identidad. Al hacer eso, no se identifican con nada que sea abundancia, pureza, plenitud, y los demás tesoros del reino, a pesar del hecho de que ellos son el reino y también sus tesoros.


¿Puedes comprender ahora un poco más, por qué es tan importante que dediques tiempo a estar en unión con Cristo conscientemente? Amada alma del alma de Cristo. Recuerda que fuera de Él no existe nada que sea verdad. Y que cuando te desconectas de Su divina realidad, te desvinculas de tu ser, porque ambos son una unidad. Como efecto de ello, la idea de que eres lo que no eres, pasa a reemplazar a la verdad acerca de tu realidad, es decir de tu identidad. Todos necesitáis una identidad. Por ello es que se os ha dado una en vuestra creación. Aún así, negar lo que sois es siempre una opción. Y desde luego, una que no trae felicidad, ya que lo que sois y la dicha sin fin son lo mismo. Esto se debe a que la alegría de ser es fruto de la santidad.


Os invito a permanecer siempre unidos al amor que sois en verdad. A abrir vuestros oídos espirituales y vuestros corazones, para escuchar la voz del amor todos los días de vuestras vidas, e incluso a cada instante. De ese modo, no os olvidaréis nunca quiénes sois en verdad. Y podréis vivir en armonía con vuestra naturaleza, la cual es una con la de Cristo. No por lo que habéis hecho, o por lo que realicéis con vuestras obras, sino por puro amor divino, regalo bendito de la Misericordia de Dios.


Os llamo a recordar a menudo lo que a continuación se os recuerda. Os aseguro que en ello reside la verdad que os hace libres. Haced de estas palabras una jubilosa letanía de amor. Llevadlas en el silencio de vuestros corazones, tal como si se tratara de una mujer en cinta, que lleva dentro de su vientre el tesoro más preciado, el don de una nueva vida.


Mi Fuente y yo somos uno, como uno son el viento y el aire movido por él. Juntos somos la luz del mundo. No hay tinieblas en mí, porque mi ser brilla en la Luz de la vida. Mi humanidad - y todo lo que soy - le pertenecen al amor. Por ello, mi corazón canta jubilosamente, ya no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí.

Os bendigo en la santidad de lo que sois.


Gracias por responder a mi llamada.

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