• Sebastián Blaksley

Capítulo 2.9 - Plenitud y devoción

Alma llena de luz,


Gracias por responder a mi llamada. Y permitirme formar parte conscientemente de tus relaciones, y con ello de tu vida. Mi amor por ti es tan grande, que no existe una palabra humana capaz de expresarlo. Te amo con el único amor verdadero, el de Dios. He venido a recordarte, por medio de la revelación de la verdad, que en tu ser existe la realidad del cielo. Esta es la razón por la que es perfectamente posible que tengamos una relación sensible, tal como puedes tenerla con cualquier criatura y aspecto de la creación.


Por medio de este diálogo, continuaremos extendiendo el conocimiento acerca de la devoción. Recuerda que, a los efectos de esta obra, consideramos devoción a toda entrega que haces de ti mismo a algo, o alguien. Naturalmente, esto sucede cuando consideras que existe un objeto lo suficientemente valioso, como para poner lo que eres a su servicio y unión. Este puede ser un ideal, de cualquier tipo que fuere, una persona, un sistema de pensamiento, o una idea, entre otros. En fin, cualquier cosa puede ser objeto de tu devoción. Dicho de otro modo, nadie se entrega voluntariamente a algo si no lo considera digno de ello.


Presta atención a lo que aquí se dice. Lo que estamos haciendo, es traer a la consciencia tu capacidad de entregarte por entero a una causa, persona, ser, o cosa, tanto sea física como inmaterial. En verdad, en verdad te digo, que has tenido tus devociones en el pasado. Y las tienes en el presente. De hecho, todos son devotos de un modo u otro. Esto se debe a que la devoción es parte de la realidad del alma. O bien te haces devoto a la verdad, o bien a la ilusión. O bien al miedo, o bien al amor. O bien al todo de todo, o bien a la nada.


Hija de la santidad. Como alma pura creada por Dios, ser devota de la verdad y el amor es a lo que estás llamada desde toda la eternidad. Ninguna otra devoción te dará paz, ni felicidad. La causa de ello es que - tal como ya sabes -, la verdad es el único refugio seguro para la mente, ya que solo en ella reside la certeza. Del mismo modo, es solo en el amor donde el corazón encuentra reposo y sosiego, ya que sabe solo en él se puede vivir en la plenitud del ser. Este llamamiento universal a la devoción, no significa que tengas que ir por el mundo buscando prosélitos, o hermanas y hermanos para convencerlos acerca de lo que conoces. No. Nada de eso forma parte de esta manifestación. Confundir la devoción al amor y la verdad, con el deseo de imponer maneras de pensar y creencias, es confundir el amor con el temor.


A ti que recibes estas palabras te digo. Esta es una invitación a hacerte consciente de dónde están puestas tus devociones. Para hacer eso, simplemente es necesario que te preguntes ¿Cuáles son las fuentes de tus alegrías? ¿Qué cosas son las que consideras lo suficientemente valiosas, como para darte felicidad duradera y paz interior? ¿Qué es lo que hace cantar tu corazón con pureza? ¿Qué es aquello que consideras de tan alta estima; como para entregarle tu vida, alma y corazón?


Si escuchas los latidos de tu corazón, te darás cuenta a qué cosas les estás dando tu devoción. Recuerda que siempre te entregas a algo. Y que aquello a lo que te dedicas en cuerpo y alma, es, o bien al amor, o bien al miedo. No hay una tercera opción. Poco importa cuál es la forma en que estas alternativas se manifiestan. En el plano de la verdad, la forma no es contenido. En su reino, no se confunde lo que es diferente con lo que es igual. Es evidente que una vida entregada al miedo, producirá frutos distintos a los deuna que se entrega al amor. Dedicar tus pensamientos al amor y la verdad, hará que entregues todo lo que eres a Cristo, porque allí donde está tu devoción está tu corazón. Y con ello tu tesoro.


Hija de la santidad. Has recorrido un camino lleno de gracias y bendiciones para llegar hasta aquí. En verdad te digo, que has crecido en sabiduría mucho más de lo que eres capaz de reconocer ahora. Estás más cerca del Cielo de lo que te imaginas. Alégrate de que así sea. Y descansa en la certeza de que seguiremos avanzando hacia un mayor conocimiento del amor de Dios, propósito central de esta manifestación que procede de lo alto. Tomados de la mano, y unidos al Sagrado corazón de Jesús y al Inmaculado corazón de María, continuaremos nuestro camino hacia las maravillosas profundidades del amor hermoso. Allí donde la luz de la vida refulge soberana en tu ser. Y la belleza de la santidad constituye la esencia de todo lo que existe, se mueve y es. Estamos yendo juntos hacia el centro de la verdad. En otras palabras, al pleno recuerdo del amor que no tiene principio ni fin. El primer y único amor verdadero del alma. El amor de Dios.


Gracias por responder tu sí al amor.


Que la paz sea en ti.

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