• Sebastián Blaksley

Capítulo 20 - Diálogo

Actualizado: jun 8

Hijos míos,


Nuevamente os invito a orar por la verdadera unión. No pocas veces buscáis uniros de maneras que nada tienen que ver con la unidad. Quienes habéis perdido la capacidad de reconocer al amor, necesitáis crecer constantemente en el conocimiento que procede de lo alto. Este es el motivo por el que me manifiesto cada día más. Para llevaros a un mayor conocimiento del amor de Dios.


Los que aún no se han despojado de la fijación en sus propias interpretaciones, dando excesiva importancia a sus modos de pensar, experimentan dificultad para aceptar los cambios que la vida les presenta por amor.


No os olvidéis que Dios os ama con un amor desestructurado. No os aferréis a sistemas que proceden simplemente de una construcción mental diseñada para crear una sensación de seguridad, en un mundo que es percibido como inseguro. Solo el amor perfecto es refugio para vuestros corazones. Solo la verdad puede brindarle seguridad a la mente.


Las uniones basadas en imponer a los demás un criterio de pensamiento, sea el que sea, no proceden del amor porque el amor es incapaz de ser arrogante. Someter a los demás para obligarlos a ajustarse a lo que unos piensan, por más santo que pueda parecer ese deseo, es algo ajeno a la verdadera caridad. Os invito de corazón a abandonar todo intento de imponer vuestra voluntad a otros. No tengáis miedo a la libertad. No busquéis someter a nadie, pues de hacerlo perderéis de vista al amor.


La unidad reside en el reino de la libertad. Y en ningún otro lugar. Cuando la vida os regala la experiencia de soltar estructuras para poder ampliar la experiencia de libertad, permitid que así sea. El amor os liberará de las ataduras que construisteis para sentiros seguros, y a cambio os regalará la certeza de la verdad, en la que permaneceréis seguros por siempre.


El diálogo es unidad y viceversa. Cuando oráis por la unión, estáis orando por la construcción de un mundo donde el diálogo y la concordia sean sus basamentos. Luego de tanto tiempo de haber vivido de una manera tan ajena a la voluntad de Dios, necesitáis crecer en la capacidad de dialogar. No podéis hacer eso sin recibir la Gracia del Cielo.


Pedid y se os dará, os dijo mi divino hijo Jesús. Hoy, esta Madre os dice: pedid la Gracia de la unión. Pedidla con fe y sincero deseo de vivir en paz. No defináis vosotros qué cosa es la unidad. Permitid que el Altísimo os inunde con su amor y la sabiduría del cielo será la fuente de vuestro saber y obrar. En ella conoceréis qué cosa es vivir en la armonía de la concordia.


Cuando creáis tener un plan que os parece bueno y adecuado para el propósito de Dios, orad y pedidme que os ilumine dentro de la unión. Luego, soltad vuestras ideas acerca de cómo debieran ser las cosas. Vivid siempre en el amor. Vosotros sabéis qué cosa crea concordia y qué cosa discordia. No os aferréis a vuestros planes. Existe el Plan de Dios; y solo Él puede hacerlo realidad en cada uno de sus hijos, y en la totalidad de la creación.


Culpar a otros por los supuestos problemas del mundo o propios es un modo de atacar y solo conduce a más separación. Permanecer unidos en el amor es el camino de la creación. Ser responsable de algo no significa ser culpable, sino que vuestras vidas son una respuesta a lo que va aconteciendo. Responded con amor a todo, y veréis cómo vuestra realidad es sumergida en la belleza de la paz. Dejaos llenar de sabiduría por Aquel que es su fuente y sabréis distinguir entre el amor perfecto y lo otro.


Si lo que decís y hacéis procede del amor, os daréis cuenta por lo que sentís en vuestros corazones.

La dificultad para dialogar y de ese modo crear un reino de unión y concordia, procede del deseo de imponer criterios. Ello es causado por la creencia de que vuestra verdad debe ser acatada por los demás. Lo cual solo es posible si creéis que la verdad es débil y necesita ser impuesta.

Hijos de Dios. Nada de eso procede del amor. Nunca ha traído paz ese camino.


Os estoy llamando a recorrer la senda del diálogo fraterno. Si los demás no os escuchan, no intentéis atacarlos. Renunciad a la creencia en que podéis cambiar lo que es y lo que será por medio de los ataques. Quizá logréis algo por ese medio, pero os aseguro que será a expensas de vuestra paz. No busquéis conquistas, ni atesorar victorias. Más bien buscad crear un mundo de paz y armonía.

Que vuestros hogares sean templos erigidos a la concordia. Y vuestras vidas, expresiones del amor de Dios. Que allí donde estéis se pueda respirar un clima de pureza espiritual.


Os bendigo a todos.


Gracias por recibir mis mensajes. Hacedlos vuestros. Vividlos. Encarnad la verdadera caridad.


Sed el rostro de Cristo en la tierra.

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