• Sebastián Blaksley

Capítulo 23 - Santa indiferencia del mundo

Hijos míos,


No existe alma que camine por la tierra que no llore ante el horror que ve en el mundo. Uníos a ese sentimiento, como a todos los que surjan en vuestro interior. No anestesiéis vuestros corazones. El alma que anhela la verdad, no puede dejar de acongojarse ante los desolados panoramas de desamor, que descubre a cada paso que va dando en la experiencia humana. Su caminar es penoso y apesadumbrado. Lleva una espina clavada en su corazón. Tanto más dolorosa, cuanto más sensible es el alma.


Amados de Dios. Os quiero invitar a honrar cada sentimiento que brota de vuestro ser santo. Si unís a mi inmaculado corazón cada latido de vuestros corazones, os aseguro que todo sentir será transformado en una fuerza activa, cuya potencia crea una nueva realidad surgida del amor divino.


Los sentimientos que experimentáis en vuestra humanidad, son llamamientos. Id allende ellos, hacia la verdad que buscan revelar. Aprended a reconocer su lenguaje. Ellos existen por una razón. No los neguéis ni ataquéis. Aceptadlos como lo que son, mensajeros del alma. No os precipitéis a interpretar lo que os quieren decir. No actuéis sin la debida reflexión, surgida de la contemplación amorosa.

No todo lo que experimentáis procede del Cristo interior. Si os ejercitáis en el silencio del corazón, podréis conocer qué es lo que el amor os está pidiendo en cada sentir y pensar. Dios llama y responde. Haced que esta verdad sea una vara de gentil discernimiento para vuestras vidas.


Si confiáis en el amor, hasta el punto de hacer de esa confianza el motor de vuestras vidas, sabréis que no puede llamaros a algo sin daros la respuesta perfecta, y sin crear las condiciones necesarias para que el llamamiento sea cumplido. Esto es lo que significa “soy el Alfa y la Omega”.


La sabiduría del cielo, cuya fuente es el corazón de Dios, se extendió hacia el espíritu humano en su creación. Desde él, se expresa en forma de pensamiento y sentimiento, por medio de la mente y el corazón, para crear la realidad de la experiencia humana-divina. Luego retorna al cielo de donde ha venido. Aumentando en su paso, a través de vuestras almas, su belleza, santidad y luminosidad. Creando así un nuevo amor santo. Este es el flujo de la divina potencia. El devenir de la verdad. La cual viaja desde la fuente de la vida eterna, hacia cada mente creada extendiéndose en un movimiento sin fin. En esto consiste la realidad a la que está llamada la naturaleza humana, conforme lo establece el Plan original del Creador.


El poder de vuestros espíritus es grande como grande es todo lo que sale de Dios.

Os llamo a cultivar la capacidad de reflexión amorosa, la cual se perfecciona en el silencio.

No tengáis miedo a lo que sentís, ni a lo que pensáis. Abrazad lo que llamáis “la energía” de vuestro pensar y sentir, y permitid que vuestra conciencia de puro amor haga con ello lo que Cristo disponga. Si la sabiduría os llama a la acción, se os comunicará con perfecta claridad. Si os llama a la espera o la contemplación, también. No creáis que el hacer es más importante que el orar. Ni que los planes surgidos de una mente separada del amor puedan resultar en algo amoroso.


Existe una sola manera de crear un nuevo mundo, y es permaneciendo dentro de la consciencia de Cristo. Es en la unidad con el amor donde la fuente de la creación es una con vosotros. Es viviendo conscientemente en esa unidad, como el poder del cielo puede extenderse a través de vuestras almas, y crear una nueva realidad a la manera de Dios.


Solo la palabra de Dios crea vida. Uníos a Ella y una nueva creación surgirá. Dios es señor del Universo. Y si bien no hace nada sin su hijos, es a Él a quien le corresponde llevar adelante junto a ellos el plan de expiación. Lo único que se necesita de vuestra parte, es una santa disposición a abrir vuestros corazones, y permitir que el amor haga lo que solo Él puede hacer. Solo el amor puede salvar al mundo, y lo salvará. Es palabra de Dios.


En la medida en que llevéis vuestros sentimientos y pensamientos a la contemplación amorosa, surgida del silencio del corazón, aprenderéis a reconocer el lenguaje del amor. El cual está más allá de toda palabra, y de todo pensamiento del mundo.


No pocas veces, vosotros veis una pequeñísima porción de la realidad de las cosas. Por eso es importante que aceptéis que el dolor es un misterio, tal como lo es la vida. Entregadme vuestras lágrimas para que yo las pueda transformar en diamantes de santidad. Haced que vuestros corazones sean un eco de mi corazón inmaculado.


Os invito a unir vuestros corazones al mío cada vez más. Así seremos el palpitar del corazón de Dios.

No os sumerjáis en la desesperación, pues el amor siempre triunfa. Llegará el día en que el nuevo reino terrenal sea visto y vivido en la luz de la Gloria del Padre. Y vosotros, que hoy lloráis por causa del desamor del mundo, viviréis para siempre en la dicha que no tiene fin.


Ayudadme a crear un nuevo mundo. Sumaos al movimiento del amor hermoso que está instituyendo esta Madre. Permaneced unidos a la consciencia de Cristo. Haced de ese modo, que vuestro dolor sea activo. Poneos en movimiento ahora mismo. Venid a Mí, y juntos transformaremos la realidad desde la paz del cielo. No dejéis a Dios afuera de la solución. Tampoco a vuestras hermanas y hermanos. No os excluyáis a vosotros mismos. Todos unidos en Cristo, creamos un nuevo cielo y una nueva tierra.


Os regalo la Gracia de la santa indiferencia del mundo. Un don que os llevará a no caer en la trampa del ego, que busca convenceros de que todo está perdido, o de que se pueden resolver las cosas sin Dios.

Os aseguro que estáis viviendo el triunfo de mi corazón inmaculado. La oscuridad está saliendo a la luz cada vez más. Un nuevo sol está asomando. Una nueva realidad ha llegado. Id por el mundo anunciando la buena nueva. Cristo está aquí.


Os doy las gracias por responder a mi llamada.

21 vistas0 comentarios

Entradas Recientes

Ver todo