Capítulo 28 - Ser el cielo en la tierra

I. Un solo ser santo


Amados del cielo. Criaturas santas que vivís - incluso sin daros cuenta a veces - en el abrazo del amor de Dios. Sois la personificación de la verdad que os ha dado y da la existencia, y os la seguirá dando por toda la eternidad. ¡Oh, cuánta felicidad hay en las almas que viven en el amor! ¡Cuánta dicha experimentan los corazones dóciles que se dejan llevar por el viento del espíritu! Desapegados de todo, viven asidos al amor. La libertad es su herencia y su realidad. Son como las aves del cielo, que ni siembran ni cosechan, y sin embargo vuelan libres en la alegría de ser.


Hijito mío, a ti te digo, y en ti lo digo a todos los hombres y mujeres del mundo, es cierto que el mundo es un reino de dualidades. A lo alto, lo bajo. A lo bondadoso, lo carente de bondad. A la luz, la oscuridad. Y así, en todo lo que es del mundo. Y a pesar de ello, no existen razones para que un mundo dual te aleje de la verdad acerca de lo que eres. Es decir, que te separe del amor.


En verdad, en verdad te digo que puedes vivir en el mundo siendo el amor que eres en verdad. Puede que tus hermanos y hermanas crean que no, e incluso vivan saltando entre los extremos de la experiencia dual. Yendo un poquito de aquí para allá, conforme al grado de toma de conciencia de la verdad en el que se encuentren. Eso es muy cierto. Pero aun así, eso no es motivo para que tengas que alejarte de Mí.


Yo soy el amor que eres en verdad. Soy aquello que tu corazón ha anhelado desde el instante en que el anhelo de amor ha existido. Soy la luz que la mente ha estado buscando desde tiempos inmemoriales, para poder vivir en la certeza de la verdad. Y de ese modo poder reposar en la paz que solo la sabiduría del amor puede dar. Soy la unión de todo lo que es verdad en ti, y por ende auténtico. Soy la realidad de lo que eres. En mí reside la escapatoria a toda ignorancia, porque yo soy la sabiduría. Soy el refugio seguro donde el alma yace en la serenidad del cielo.


Tú y yo somos una unidad. Tú, el amor receptor. Yo, la fuente de todo amor. Ambos, el amor que se extiende en razón de nuestra unión. Hacerte consciente – y permanecer en esa consciencia - de mi presencia en ti, o dicho de otro modo, de que yo soy tu realidad, es la esencia del camino de la verdad. Recordar ese conocimiento de tu ser, el cual te dice en verdad que únicamente yo el amor soy lo que eres, es lo que sucede en nuestra relación divina. Estos diálogos dan testimonio de que esto es verdad. Tu corazón salta de alegría al oír mi voz. Y tu mente se goza en la belleza de la verdad que mi palabra extiende, como si se tratara de un salpicar de gotas de agua diamantinas que irradian luz desde su interior y refrescan el alma.


La mente siempre está en diálogo. Sea en el silencio o no. Esto se debe a que la mente fue creada para pensar y no puede hacer eso si no tiene una base sobre la cual hacerlo. Los pensamientos se nutren de una fuente. La mente recurre a ella antes de extenderse por medio de los pensamientos. Esa es la razón por la que observas actividad mental constante. Eso no supone ningún problema en sí mismo. No es la actividad del pensamiento lo que antes te cansaba, o que quizá aún hoy pueda hacerlo, aunque sin dudas en menor grado. Lo que cansa es el pecado. Es decir, todo pensamiento que está desencajado del amor. Y consecuentemente, todo sentimiento que se asocia a ese pensar que no procede de la luz.


Usamos aquí la palabra pecado, no para suscitar temor, sino precisamente para lo contrario. Pecado es todo aquello que dificulta la dicha sin fin en la que tienes derecho a vivir, en razón de ser el hijo de Dios. Todo lo que atente contra la felicidad, la paz interior, y la armonía del ser es a lo que le damos ese nombre, para poder entender que en el reino de la dualidad existe aquello que es contrario al amor que eres en verdad. Y de ese modo poder decidir permanecer en la luz, sin necesidad de adentrarnos nunca más en las tinieblas.


Ser feliz es ser amor. Ser sabio es ser amor. Ser santo es ser amor.


Como puedes observar, amado mío, no estamos ya hablando de buscar felicidad, sabiduría o la santidad,. sino que hablamos de ser aquello que tu corazón anhela en sus profundidades. Esto nos lleva a reconocer de modo sencillo que el corazón tiene la capacidad de saber qué cosa es el amor, donde mora la verdad. Lo sabe porque se siente disgustado ante todo aquello que no está en unidad conmigo. Es decir, con tu verdadera naturaleza, la esencia del amor perfecto. Ese conocimiento del corazón es connatural a lo que es. Por lo tanto, no se puede perder. Esta es la razón por la que es tan importante escuchar al corazón y asumir el compromiso irreductible de seguir su voz. El amor te habla al corazón. Esto es tan cierto como que la verdad te habla a la razón.


A medida que aprendes a escuchar ambos lenguajes, el de la mente y el del corazón, y permites que lo que eres lo observe sin juicio alguno y lo abrace en la santidad de tu ser, comienzas a sentir la paz de haber retornado a la integridad del alma. Ese estado de unidad en el que todo lo que surge en tu interior es abrazado por el amor que somos, es lo que trae la paz del cielo a tu realidad interior y desde allí a todo lo que existe y es.

II. Ser comunión


Ser feliz es ser el que eres en verdad. De aquí se desprende que la dicha del alma procede y existe en la verdad de tu realidad. Cada vez que sientes que estás viviendo en armonía con lo que sabes que es verdad en ti, eres feliz. Y por lo tanto extiendes felicidad. Puede que en ciertas ocasiones ello se manifieste con una sonrisa, o un canto alegre, un abrazo afectuoso, o palabras afables llenas de luz. Muchas otras veces con un simple silencio, en el que el alma se sumerge en la certeza de ser lo que es en verdad, y por ello descansa en paz.


El conocimiento del cielo te ha sido dado en tu creación y no puede perderse. Solo puede negárselo en cierto grado, y nunca en su totalidad. Por lo tanto, el saber qué cosa te hace feliz, y donde reside la paz que buscas y tanto amas, es parte de lo que eres. Sabes, porque te lo dice tu corazón, que estas palabras son verdad. Sabes quién es el que te está hablando al alma. Todo tu ser se estremece al escuchar la voz del cielo llamándolo al diálogo del amor hermoso. La llamada del amor es irresistible. No se puede acallar.


Hijo mío, tú que durante todos estos años - largos y hermosos en el reino del tiempo; minúsculos en comparación con la eternidad, pues el tiempo es largo y corto a la vez – has estado recibiendo y compartiendo mi palabra, has de saber que el diálogo es tu lenguaje natural. No existe otro en el que te sientas más a gusto. Esto se debe a que la unión y relación es el estado natural de tu ser. Hablar con Dios, con el Espíritu Santo, con los ángeles del cielo, con Jesús y María, con los santos y bienaventurados del reino, así como con tus hermanos y hermanas, y con la creación toda, es vivir en la relación de la totalidad. Ese es el único estado en el que lo que eres permanece en la consciencia de tu perfecta compleción.


El diálogo es la realidad de la comunión. En efecto, el diálogo es comunión. Esto significa que la relación existe realmente solo cuando hay un diálogo. Es decir, cuando dos corazones se unen en la verdad. Esta definición de diálogo te permite comprender la importancia que existe en escuchar tu corazón, honrarlo y amarlo, así como también el corazón de los demás. Recuerda que si no aceptas los sentimientos de tus hermanos y hermanos, los honras y abrazas en el amor, es decir si no los reconoces, tampoco aceptas, honras, ni sumerges en la luz los tuyos, pues son uno. Lo mismo ocurre con su modo de pensar, y de manifestarse. Todo debe ser integrado en el amor para que puedas dejar de vivir en una dualidad que hace que te sientas zarandeado de un lado al otro de sus extremos. No hay necesidad de vivir así, incluso en la experiencia humana.


Una vez que sabes lo que eres, y aceptas vivir en esa verdad, no hay razón para el miedo. Recuerda que todo temor procede del miedo a no ser, y que si la causa desaparece, su efecto también. Te aseguro que todo ataque de pánico, angustia de todo tipo y sentimiento de inseguridad que hayas experimentado jamás, procede de ello. Del hecho de haberte desconectado – o creer que lo has hecho – de tu verdad. Es decir, de la verdad acerca de tu ser. Dicho llanamente, de creer que te has traicionado a ti mismo, expresando como verdad lo que sabes que no lo es. Ya sea que esa expresión haya sido con palabras, actos o simplemente con pensamientos o emociones consentidos. Lo mismo da, pues para el alma no existe tal cosa como el adentro y el afuera. Solo existe la extensión de sí misma, cuya fuente eres tú. Cuando el yo busca manifestar algo que es contrario a la verdad del alma, entonces se suscita el conflicto interior.


Así es como opera el corazón, te avisa por medio de su estado, qué tan dentro del amor está el yo o en qué grado se ha alejado de él. No es que el ser se aleje - eso es imposible pues sería alejarse de sí mismo - sino tu humanidad, en tanto que pensamientos, sentimientos y deseos. Pero esto no tiene por qué ser así. Solo lo es cuando uno sigue viviendo la experiencia de la dualidad.


Quizá creas que hemos retrocedido un poco al hablar de estas cosas que ya han quedado muy atrás. Cosas tales como la definición de pecado, yo, pensamientos, fuente del amor y del miedo. Pero déjame decirte que no es así. Hemos hecho uso del conocimiento que tenemos para dar un paso hacia adelante y expresar con perfecta claridad cuál es la manera más simple y sencilla de abandonar el mundo dual.

III. Ser uno


No eres un ser dual. Eres un ser único y por ende uno. La experiencia de la dualidad es algo ajeno a tu ser. Es un lenguaje que no puede ser entendido por nada de lo que forma parte de ti. Ni tu alma, ni tu mente, ni tu corazón pueden reposar en paz en ello. Esto se debe a que no fuiste creado por un ser dual sino por el Amor Uno, de cuya santidad nacen todas las cosas en la unidad del ser. Y en cuya única luz brilla la verdad y la vida. ¿Cómo abandonar la experiencia dual estando en un mundo de dualidades? Eligiendo vivir en uno de los polos en la que esa realidad se experimenta. Puedes elegir en todo momento entre la paz o el conflicto. La serenidad o el ataque. El tener razón o el ser feliz. El agradar a los demás o el ser fiel ti mismo. En fin, el vivir en la ilusión o en la verdad, el miedo o el amor. No existe razón para no hacer esta opción a cada instante. Y de hecho la haces, seas consciente o no. En efecto, tomar conciencia de ello es de lo que tratan estas palabras.


Dado que siempre estás eligiendo cómo experimentar los acontecimientos de la vida, lo que aquí se propugna no es una nueva acción, o un nuevo esfuerzo que debes hacer. No. Lo que se te está recordando es que nunca renuncias al poder de elegir. Lo único que sucede cuando crees que eliges algo inconscientemente, es que estás haciendo una elección basada en un hábito mental. Esta capacidad de crear patrones mentales y respuestas emocionales automáticas es algo muy útil para el propósito de estas palabras. Y la usaremos para que la verdad se extienda desde tu ser a todo el mundo.


Las opciones que crees que haces de modo inconsciente no lo son realmente. Lo que sucede es que son elecciones que has estado repitiendo una y otra vez hasta el punto de haberlas transformado en un hábito, de tal manera que ya no tengas que volver a pensar en la elección. Así es como aprendiste las cosas que has aprendido, tales como caminar, escribir y otras tantas. Lo que ahora haremos es utilizar ese mecanismo de creación de hábitos para el propósito del reconocimiento de la santidad que eres. Es decir, para que te sea un hábito el hecho de vivir siendo amor y nada más que amor. En otras palabras, para vivir única y exclusivamente en la luz que eres, que siempre has sido y que por siempre serás. La luz de Cristo.


Siempre que te encuentres en una situación que crees que puede hacerte perder la paz y la armonía interior, y por ende la felicidad, recuerda que todo es cuestión de elección. No puedes elegir cómo son las cosas, pero sí que puedes elegir cómo relacionarte con ellas. No puedes determinar qué cosa ha de ser el mundo. Pero sí puedes decirle al mundo:


La paz es mi única herencia, mi única estrella y mi único anhelo.

Cuando haces eso, lo que sucede es que los acontecimientos - pues de eso se trata la vida del mundo, de acontecimientos que vienen y van - dejan de determinar tu estado interior. En pocas palabras, alcanzas la santa indiferencia del mundo. O dicho de otro modo, pasas a ser el soberano de tu alma. Abandonas la dualidad.


En realidad, los acontecimientos nunca determinaron nada en tu interior. Es siempre la elección que haces la que determina cómo te sientes en relación a las cosas o a ti mismo, y cómo lo experimentas. La experiencia no tiene nada que ver con los sucesos, sino con las decisiones que tomas en tu interior profundo. Y eso es una cuestión de lo que crees ser. Por ello es que insistimos una y otra vez en recordarte lo que eres. Para que la verdad del amor que tu ser es te sea algo tan natural como respirar. Y de ese modo ya nunca más te olvides de la santidad de tu ser, de la hermosura de tu corazón y de la belleza de tu mente santa. Y en razón de ello, camines siempre por la senda del amor hermoso, único camino que te hará feliz.


Vive solo en el amor. Conserva pensamientos amorosos para contigo, para con los demás y para con el mundo entero. Cultiva las flores de las virtudes en tu alma, para que los perfumes de tu santidad sean esparcidos por toda la tierra. Embellece tu cuerpo físico y espiritual con sentimientos nobles. Revístete de grandeza. Camina por el mundo envuelto en la luz de la verdad. Lleva el tesoro del conocimiento de quién eres en verdad en el santuario de tu corazón y el templo de tu consciencia. No permitas que se infiltren en tu interior cosas que no tienen nada que ver con la grandeza de tu divinidad. Y verás cómo el cielo se hace presente en ti. Hablarás con los ángeles. La creación te cantará canciones de amor, y tú te unirás a su canto. Serás alegría para tus hermanas y hermanos. Reposo para las mentes fatigadas. Bálsamo para las heridas. Y refugio para los que están cansados de dar vueltas y más vueltas en un mismo lugar. Serás el cielo en la tierra.


Benditos sean los que viven en el amor.

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