• Sebastián Blaksley

Capítulo 3.3 - El cielo es amor

Amada de la luz. Creada en la santidad del cielo,


¡Qué dicha es morar contigo! ¡Cuánta alegría hay en mi corazón, por el tiempo que pasamos juntos! Te doy gracias por abrirme tu corazón. Y permitirme dialogar contigo. Por medio de nuestra unión, extendemos amor al mundo entero. ¿Qué aspiración más sublime puede tener el corazón humano, sino la de reunirse con Dios, y retornar a la relación directa con Él? ¿Acaso puede haber meta más deseable, que la de vivir por siempre en el amor de Cristo? ¿Qué otra búsqueda puede tener más sentido, que la de ser felices y vivir en plenitud? ¿Qué otro propósito puede tener esta obra, sino el de vivir en la relación directa con Dios, es decir con el amor perfecto? Todas estas preguntas son una y lo mismo.


En el amor incondicional a ti mismo es donde mora el nuevo reino terrenal y el nuevo cielo. No se puede habitar en él, si no se deja atrás el pasado, sea el que sea que creas que fue. Tampoco puedes gozar en él, si te aferras a un supuesto futuro que no existe, ya que solo vive en la imaginación. El cielo es ahora, como también lo es la vida eterna. Habitar en la morada de los vivientes, es permanecer por siempre en el eterno presente del amor santo. Dios no tiene pasado, ni futuro. No tiene tiempo. Alégrate conmigo por ello. En sus brazos, todo tiempo colapsa. Toda cavilación de la mente es sumergida en el silencio de la reverencia. Las emociones se abisman serenamente en la quietud de la verdad.


Vivir por siempre en el corazón del Creador es lo que el alma anhela, pues sabe que allí es donde existe el reino de los cielos, que es el medio en el que puede hallar su plenitud, tal como un pez la encuentra en el agua. El amor, es la condición natural de lo que eres. Dicho de otro modo, es tu ser, y al mismo tiempo el ecosistema en el que puede desplegar sus potencias. Esta es la razón por la que alcanzas tu plenitud en el amor. ¿Verdad que esto tiene sentido? ¿Qué puede estar en armonía con un ser de puro amor, como el tuyo, y el de todos, sino el amor?


El amor te ha creado. Amor es lo que eres. Y amor es lo único que puede hacerte vivir en la realización de tu ser. Fuera de ello, no existe nada que pueda hacerte feliz, porque el amor solo se regocija amando, es decir dando y recibiendo lo que es. Amar, ser amado, extender amor, recibir amor, crear un nuevo amor santo. En ello consiste la realidad del ser. Todo lo demás, es tan ajeno a sí mismo, que ni siquiera se detiene en ello. No porque lo ignore, sino porque simplemente sabe que no existe, ni es real.


Hermanas y hermanos míos en Cristo. En el hondón de vuestros corazones se está viviendo el nuevo cielo. Se despliega a cada instante el majestuoso banquete de la creación. Los comensales gozan en la hermosura de Cristo. La paz reina sin opuestos. El amor pinta de colores las realidades divinas. Sois inundados por la gracia de la santidad, la cual fluye desde el Sagrado corazón de Jesús, y el Inmaculado corazón de María, hacia toda la creación. Todo eso, y mucho más, existe en el centro de vuestro ser. Allí, donde el divino amado del alma se goza con su amada, en las delicias de un amor que no tiene principio ni fin. Amor creador. Amor salvífico. Amor que extiende vida.


Habéis escuchado mucho acerca del deber de amar a los demás. Y hecho sinceros intentos de cumplirlo. Todo lo cual os regala bendiciones, en razón de vuestro propósito santo de extender amor. Alegraos de ello. Sinembargo, aquí no estamos hablando de esa dimensión de la experiencia humana. Estamos viviendo en la esencia de las cosas. Morando en el centro de la realidad. En razón de ello, hemos reconocido que todo comienza en uno mismo. Y que no se puede amar a los demás, ni a Dios, ni a su maravillosa creación, si no comenzamos por amarnos a nosotros mismos.


Amarte a ti mismo sin límites, ni medida; con un amor puro, lleno de ternura y sabiduría, es de lo que estamos hablando. En verdad, en verdad te digo que, así es como el nuevo reino terrenal comienza a verse y experimentarse, y con él el nuevo cielo que ya está aquí.


Gracias por responder a la llamada del amor.


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