• Sebastián Blaksley

Capítulo 3 - Silencio del corazón



Hijos míos. Muchas veces vuestros cansancios se deben al ajetreo del mundo. Especialmente en las grandes ciudades donde se hace difícil unirse conscientemente a mí inmaculado corazón y gozar de la belleza de la paz. Los excesos son siempre dis-armónicos. El alma ama la armonía, tanto como ama el equilibrio.


La mente sufre cuando es sobre estimulada porque supera su capacidad de entendimiento. Cada cosa tiene su tiempo. Su proceso. Eso incluye también a la mente y el corazón. Tantos estímulos impiden que vuestros sentidos puedan procesar todo serenamente y vuestras funciones se alteran.


Quiero invitarlos a conocer un nuevo estado. Nuevo y eterno a la vez. El estado de la ausencia de ansiedad. Las ansias desmedidas son síntoma inequívoco de un desequilibro. Retornar al estado de ecuanimidad os hará sentir libres, felices y por sobre todo podréis ser vosotros mismos plenamente.


Es cierto que estos son los tiempos de lo femenino. Por esa razón me es dado manifestarme de múltiples maneras en un caudal de gracias como nunca antes se había visto en la historia de la humanidad. Eso ya es evidente. Vayáis donde vayáis podéis observar este movimiento de la ternura del amor de Dios. Expresiones cada vez más visible del aspecto femenino del ser. Son los tiempos d ella unidad. Tiempos de inclusión. Tiempos de dulzura y verdad. Son los tiempos de María. Todo esto es verdad, pero también lo es el hecho de que son los tiempos de la juventud espiritual.


Le hablo muy especialmente a mis hijos los jóvenes, Esta obra está dedicada cona mor a ellos, así como también existe para haceros más conscientes de la dulzura del amor y de la necesidad del amor maternal.

Los jóvenes son, no solamente el futuro del mundo, sino el presente y la eternidad, puesto que son hijos del altísimo, santos retoños del amor. El cielo es un reino de alma niñas, por eso he insistido tanto, en unión con mi divino hijo Jesús, en que os hagáis como niños en los brazos de la madre.

Todos forman parte de esta obra porque los que son llamados jóvenes, sea que se consideren como tales a la manera que fuere, muchas veces necesitan ser guiados por sabios que saben qué cosa es el amor y la verdad. Guiar no significa enseñar ni ejercer un tipo de autoridad, significa simplemente mostrar un camino conocido. Y por sobre todo, mostrarlo por amor. Nadie puede quedar excluido de mi llamada porque soy el amor divino hecho maternidad y el amor es inclusión.


Los jóvenes buscan modelos a seguir, tal como lo hace todo el mundo. Esto no es una cuestión de minusvalía, es un asunto de identidad. Vuestra identidad es una identidad compartida. La de todos. En efecto, no puede haber identidad sin identificación y para ello es necesario “identificarse con”.


La alegría que naturalmente expresan los jóvenes y su deseo de danzar y abrazar es propio del alma enamorada de Cristo, aunque pueda ser una fuerza que se tergiverse.


Jóvenes de todos los rincones del mundo. Vosotros sois la esperanza de vuestra Madre celestial. En vosotros he puesto mi predilección. Os aseguro que no sucumbiréis. Retornad al amor. Encontradlo en el silencio de vuestros corazones. Ahí conoceréis la pureza que ciertamente anheláis. No os identifiquéis con lo que es pasajero, pues vuestro valor es eterno. Sois santos como santa es la fuente desde donde brota la vida que se os ha dado. Respetadla, honradla. Amaos a vosotros mismos con un amor honesto, puro y servicial. No os contaminéis con nada del mundo. Y si sentís que ya lo habéis hecho, no desesperéis. Aquí esta la madre. Con los brazos abiertos y el corazón anhelante de tenerlos de regreso en el hogar de la dicha sin fin. Muchas veces vuestras caídas, tal como la de todo el mundo, procede de una lucha universal en el plano espiritual y sois sarandeados por ellas. Tal como una pequeña flor es sarandeada por el viento cuando sopla sin piedad sobre ella.


No os angustiéis por el futuro porque el futuro soy yo. Vuestras vidas, especialmente tu vida, tú que recibes estas palabras, está en mis amorosas manos. No sucumbiréis. El triunfo está garantizado. ¿Acaso creéis que algo puede detener a esta Madre que permanece por siempre unida al poder del amor de Cristo?


No creáis que las fuerzas que experimentáis en vuestro interior os dominan. Quizá consideréis que sí por ahora, pero llegará el día en que seréis señores de vosotros mismos. Viviréis vuestras vidas como si se tratara de un árbol plantado en tierra firme, cuyas raíces están tan bien desarrolladas y absorben alimento de un suelo lleno de nutrientes saludables. Seréis conscientemente la expresión del amor de Dios.


Hijos míos. No he venido a criticar sino a servir. He venido a deciros que os expreséis libremente en la verdad delo que sois. Sois hermosos tal como sois. Y mucho más cuando permanecéis unido al amor en oración y contemplación. Existe un silencio en vuestros corazones donde vosotros sois plenos. Vosotros que tenéis más desarrollado el sentido de la búsqueda de desafíos, os invito a uno nuevo. El desafío de la ternura de Dios. Esta será una auténtica revolución para el mundo. La revolución del amor. Vosotros estáis llamados a liderarla con ternura y santidad. Siendo auténticos de todo corazón. Amando a todos por igual, sin excluir a nadie ni a nada. Mostrándole al mundo lo que significa amar y ser amado en verdad. No con palabras ni atropellos, sino la suavidad propia de los hijos de Dios.


Escuchadme todos. Joven no es el que tiene una determinada edad cronológica, sino todo aquel que tiene un corazón ardiente y libre. Por lo tanto, estos mensajes y está obra en su totalidad, van dirigidos a las almas que están en el mundo siendo almas niñas, espíritus jóvenes que han venido a la tierra para sembrar el amor de la segunda venida de Cristo. Van dirigidos a ti, a quien te he llamado desde siempre para unirte a la pacífica revolución del amor que ya está siendo manifestada.


Súmate a nuestro movimiento del espíritu. Permanece en Mí, como yo permanezco en mí. Esta madre te está llamando. Te necesita para hacer brillar con más fuerza en el mundo, la luz de la vida. Mi corazón sanará tus heridas. Mi amor borrará de tu memoria todo dolor vivido. Me ser te abrazará de tal modo que nunca más derramarás un lágrimas. Seré el abrazo del amor hermoso. Abrazo de una madre sin igual. Abrazo de la santidad del ser.


Quédate en silencio en Mí, y siente la ternura del amor.

1 vista0 comentarios

Entradas Recientes

Ver todo