Capítulo 3 - Silencio del corazón



Hijos míos. Muchas veces vuestros cansancios se deben al ajetreo del mundo. Especialmente en las grandes ciudades donde se hace difícil unirse conscientemente a mí inmaculado corazón y gozar de la belleza de la paz. Los excesos son siempre dis-armónicos. El alma ama la armonía, tanto como ama el equilibrio.


La mente sufre cuando es sobre estimulada porque supera su capacidad de entendimiento. Cada cosa tiene su tiempo. Su proceso. Eso incluye también a la mente y el corazón. Tantos estímulos impiden que vuestros sentidos puedan procesar todo serenamente y vuestras funciones se alteran.


Quiero invitarlos a conocer un nuevo estado. Nuevo y eterno a la vez. El estado de la ausencia de ansiedad. Las ansias desmedidas son síntoma inequívoco de un desequilibro. Retornar al estado de ecuanimidad os hará sentir libres, felices y por sobre todo podréis ser vosotros mismos plenamente.