Capítulo 35 - Refugio de amor santo

I. Siempre a tu lado

Criatura santa. Nacida de las entrañas de mi divinidad. Si conocieras la totalidad del amor que eres, solo conocerías una realidad: la gratitud del alma hacia el Creador por haber sido llamada a la existencia. ¿Qué otra cosa puede suscitar el amor sino dicha y seguridad? ¿Qué otra cosa puede anhelar el corazón que es amado con un amor que no tiene principio ni fin, un amor que lo abraza todo en la santidad del ser, que todo lo sana, todo lo limpia, todo lo santifica en la luz de la verdad?


Es cierto que muchos parecen vivir en el mundo sin extender amor con sus obras. Aun así, su esencia es amor puro. Ellos, al igual que les ha sucedido o les sucede a todos los que caminan por la tierra, no saben qué son. Al no saberlo, no pueden reconocer ni aceptar la dulce voz de la verdad que con serenidad los llama diciéndoles: ven santidad personificada. Ven y sumérgete en la realidad de lo que eres en verdad. Y verás grandes maravillas. Verás el cielo que te es dado por derecho de nacimiento, y la pureza del poder de crear eternamente nuevas extensiones de amor santo.


Hijito mío. Consagrar la vida a la verdad es una decisión que se puede tomar. Un camino que está al alcance de todos, en todo momento, lugar y circunstancias. Cuando se opta por recorrer esta senda, cesan los conflictos y la paz se yergue lozana en el corazón. Nada que no sea santo es humano. Esta afirmación es de vital importancia para quienes desean vivir en la verdad. En verdad, en verdad os digo a todos. El hombre nunca es más hombre que cuando vive en el amor.


Dios ha creado las almas. Las ha creado para que gocen perpetuamente de las maravillas que Él creó para toda la eternidad. A cada alma le ha sido regalada una mansión en el cielo de la verdad. Una casa donde morar eternamente junto a su creador y gozar por siempre de las delicias del amor santo. Hijos míos. Lo que no procede del amor divino es antinatural a vuestra humanidad. No os dejéis confundir por las voces que os dicen de múltiples maneras que lo profano es algo que pueda estar en armonía con lo que sois, pues ello simplemente no es verdad.


El mundo está viviendo una gran prueba. Y vendrán nuevas. Muchos estarán débiles ante ellas, no estarán preparados. La confusión se apoderará de ellos y perderán el sentido de lo santo. Considerarán que todo es igual, perdiendo así la capacidad de discernir entre lo que es diferente y lo que es semejante. En medio de esa confusión, sus acciones serán confusas, crearán más confusión, y finalmente más dolor para sí y para otros. Esto es inevitable cuando se ha estado viviendo tanto tiempo una vida sin Dios. No porque sean castigados, sino porque lo que es antinatural a lo que sois no puede crear otro efecto que algo de semejante cualidad. Esta es la ley de creación, todo surge de aquello a lo que el poder creativo se ha unido para poder crear. Y dado que vosotros sois creativos por naturaleza, siempre estáis co-creando, o bien dolor o bien delicias santas.


Aunque el mundo esté sumergido en una gran prueba y nuevas pruebas sobrevengan, existe una salida. No os amedrentéis por los tiempos de oscuridad que se viven y se avecinan. Quienes pertenecen al corazón de María, pertenecen al Sagrado corazón de Jesús. Y quienes me pertenecen viven en la luz. Mi corazón, siempre unido al Inmaculado corazón de María, es el templo sacrosanto de Dios. La casa segura donde las almas pueden reposar en paz y saber que jamás sufrirán ni el más mínimo rasguño. Os aseguro que en mi Sagrado Corazón no existe oscuridad ni posibilidad alguna de que la capacidad de hacer daño ingrese. En él solo existe la santidad en la que fuisteis creados junto con todo, y que sois en verdad.

II. Cristo, el arca de la verdad

Hoy vengo a invitaros a reflexionar acerca de una nueva perspectiva en relación a un relato que mi espíritu de Sabiduría ha dado hace siglos, el del diluvio universal. Su propósito no era, ni es, el de relatar un hecho histórico. Más bien, se tomaron elementos de un hecho y se los unió de tal manera que se pudiera dar al mundo una profecía. El carácter profético del relato del diluvio universal es algo que se ha pasado por alto muchas veces. Hoy os será revelado por amor.


El diluvio universal hace referencia al tiempo de la gran prueba por la que toda persona atraviesa en su vida particular y colectiva. Se rfiere a la gran prueba de la humanidad y de la persona. No a los desafíos regulares de la vida, sino a un momento en el camino del alma en que todo parece derrumbarse a su alrededor, o estar siendo sometida por fuerzas que parecen zarandearla de un lado al otro con una fuerza que parece superar en gran medida sus propias capacidades. Sin importar cuál sea la forma que esto adopte universal o personalmente, ante ello siempre se experimenta lo mismo: una profunda sensación de que la amenaza que se yergue sobre el alma sobrepasa por mucho sus fuerzas y capacidades para enfrentarlas. Esto eleva el grado de miedo experimentado. Puede hacerlo incluso hasta el nivel en que el temor se transforme en pánico. Esta etapa del camino tiene su propósito. Es el de permitir que la toma de conciencia del miedo sea tal, que ya no sea posible su negación. Cuando eso sucede, no existen muchas opciones para el corazón humano. En realidad, podemos decir que solo existe una. El retorno a su creador.


En el fondo de vuestros corazones existe la sabiduría del amor. Es decir, de Cristo. En ella conocéis que vuestra perfecta seguridad reside en Dios, en vuestra fuente y centro de toda existencia. Puede que en ciertos momentos vuestras mentes se hayan olvidado o apartado en cierto grado de esta verdad, pero ello no hace que la realidad de lo que sois quede anulada. La unión de vuestro ser con Cristo es eterna. Ser conscientes de ello es de lo que trata todo camino espiritual que esté fundamentado en la verdad. Una vez que retornáis a la verdad de lo que sois os reunís con el cielo.


Amados míos. Os estoy invitando a experimentar un amor que crea nueva vida en vosotros, y a través de vosotros. El amor de mi Sagrado Corazón, siempre unido al Inmaculado corazón de María. Os aseguro que si os dejáis incendiar por las llamas de mi amor divino, el fuego de vuestros corazones será avivado de tal modo que arderéis en el amor. Vibraréis con mi ser y vuestro palpitar será uno con el mío. Soy Jesús de Nazareth, la alegría de las almas puras. Vivir unido a mí es la meta de vuestro ser santo. Permitid que vuestra humanidad sea abrazada por esta verdad. No os quitéis libertad. Venid a mí y encontraréis lo que vuestros corazones anhelan en lo profundo.


Quien permanece en mí no debe temer ningún mal pues no le alcanzará. Con mi humanidad divina permanezco junto a cada uno de mis hermanos y hermanas. Los abrazo y cuido con especial dilección. Y esto lo hago con todos. Pero vosotros, que abrís vuestros corazones a mi amor, recibís no solo el abrazo inmanente de mi amor, y la vida que brota de mi divinidad, sino que además pasáis a formar parte de los procesos creadores de Dios. En otras palabras, de la vida plena de su divinidad. Y con ello quedan abolidas las distancias entre el cielo y la tierra, lo humano y lo divino. Os fundís en el cielo de mi amor santo. Esta es una invitación a que retornéis ahora mismo al coro de la creación y permanezcáis en él, de tal manera que seáis felices de verdad.


No tengáis miedo. Jesús está presente todos los días de la vida en vuestra existencia. No ha existido un solo instante en que no esté junto a ti y en ti. Soy el resucitado y nada puede impedir que yo permanezca en unión perfecta con todo y todos.


Sentid como saltan vuestros corazones al oír mi voz. Haceos uno con la verdad de lo que sois. Haced que vuestro proyecto de vida sea vivir unidos al amor hermoso, junto a mi Sagrado corazón y el Inmaculado corazón de María vuestra madre eterna. Si hacéis eso, os aseguro que el temor se disipará. Esto no es algo que se pueda hacer desde el intelecto, es decir desde la mente pensante. Más bien es algo que se hace desde el corazón. Por eso os digo una vez más, dadme vuestros corazones y haré grandes cosas en vuestras vidas. Haced que el palpitar de vuestra existencia sea uno con el mío y juntos extenderemos la eternidad.

III. La verdad es ahora

Dejad que os alcance mi voz. Permitid que mi abrazo llene de ternura vuestras vidas. Vivid conmigo un amor que no es del mundo. Y cantaréis por siempre un himno de gratitud a la vida por haberos llamado a la existencia. Seréis manantial de agua viva junto a mí. Os invito a no distraeros con razonamientos filosóficos o teológicos que a veces os hacen perder el rumbo. Más bien vivid en el amor. Permaneced en la unión de la mente y el corazón en el Cristo viviente que sois en verdad. En esa realidad es donde sois tal como fuisteis creados para ser. Y desde ella podéis vivir una vida en armonía con vuestra verdadera naturaleza humana y divina a la vez.


No es necesario hacer ningún esfuerzo para permanecer unidos al amor. Solo requiere dejarse enamorar por Cristo. Cuando hacéis eso, comenzáis a vivir las delicias del amor hermoso. La vida comienza a fluir a raudales por vuestra humanidad y todo lo que sois. No existe un solo aspecto de vuestra realidad que no sea alcanzado por la potencia del amor divino, cuando le permitís que os inunde con su luz de sabiduría y verdad.


No busquéis ser parecidos a otros. Tampoco forjar vuestras personalidades a vuestro modo. Más bien os digo que me entreguéis a mí vuestra mente, cuerpo y corazón. Mi presencia transformará vuestras vidas de tal manera que todo en vosotros será una pura extensión de amor divino. Dejaos absorber por mí. Fundiros en mí. Haced silencio y venid a mi presencia en cualquier instante del día. No es necesario ninguna preparación. Solo se requiere la disposición de hacerlo, pues todos tienen pleno acceso a mi divinidad. La puerta de mi corazón es tan ancha como infinitamente ancho es mi ser. No hay un lugar donde yo no esté. No hay un tiempo donde yo no resida con toda mi divinidad. Soy el fundamento de la vida y de todo ser. Soy la fuente de la creación, y en ella me podéis encontrar también.


En nuestra relación directa descubriréis siempre nuevas delicias del amor hermoso. Es este un descubrir que es eterna novedad. Por ello es que os lo repito a menudo. Incluso a vosotros que recibís estas palabras, y ya habéis ingresado muy en lo profundo del corazón de Dios, se os lo vuelvo a decir; para que no caigáis en el error de creer que ya nada nuevo existirá en vuestras vidas tocadas por el amor. Os aseguro que la vida se renueva a cada instante, tal como se renueva mi amor por vosotros. No existe un solo momento de la existencia que sea igual al otro. Nueva vida os es dada desde la fuente de la vida eterna con cada palpitar del espíritu.


Renovaros en mi amor. Haceos nuevos en el corazón de Dios. Dejad que mi espíritu os haga renacer a la gracia todos los días de vuestras vidas. Sed hombres y mujeres nuevos, nacidos del amor hermoso. Cantad, vibrad y bailad la danza de la verdadera caridad. Vivid alegres en la certeza de que nuestra unión es indisoluble, pues nadie puede separar en la tierra lo que Dios ha unido en el cielo. Somos una unidad santa. Hijitos bien amados, en esta verdad reside la alegría de vuestros corazones. Haceos uno con ella. Y permaneced por siempre en la dicha verdadera, la cual procede de la certeza de que unidos somos el cielo del mundo. Y de que nuestra unión es eterna, como eterno es mi amor por vosotros. Nuestra unión es el arca donde vuestros corazones permanecen seguros y todo ser viviente es llamado a la vida.


Os bendigo en la unidad del ser.

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