• Sebastián Blaksley

Capítulo 4 - Paz que no tiene contrario



¿A qué otro hijo podría ir dirigida esta obra de amor sino a ti, a quien amo con amor infinito?


Sé muy bien lo que has vivido. Cada latido de tu corazón provoca un eco en el mío.


Somos la concordia del amor. Somos uno.


En nuestra unidad reside la escapatoria segura de todo lo que no es la voluntad de Dios para ti y para nadie. El amor solo dispone amor, armonía y plenitud.

Te estoy invitando a permanecer unido a esta Madre, de un modo especial. No existe una obra como esta, puesto que estas palabras son una puerta de entrada a una única expresión de mi amor maternal. Por la voluntad del Padre y mi amor, en unión con lo que es verdad, abro mi corazón para que desde él puedan absorber vida.


Queridísimos hijos mío. En esta obra quiero calmar los corazones atemorizados por causa de tantos mensajes negativos acerca del final de los tiempos. Existen muchos que asustan a mis pequeñísimos. Pero aquí está la Madre de la esperanza que no defrauda. He venido a deciros la verdad. He venido a servir.


El mundo no perecerá. La humanidad no sucumbirá a los embates de la rebelión. El triunfo del amor es seguro. Las amonestaciones que han sido compartidas, eran necesarias y aún hoy siguen siéndolas para muchos. No interpretéis mis amonestaciones como un acto de desamor, sino todo lo contrario.


Sé muy bien cuán fuertes sois. Cuán poderosas en vuestra voluntad y cuán libres sois. Sé que podéis cambiar. Que podéis crear universos de amor y bondad. Sé que podéis vivir unidos a la llama de amor de mi corazón inmaculado por siempre. Os conozco desde siempre. Soy vuestra Madre y sé bien qué eres. Por eso os hablo en estos términos.


El mundo está recibiendo bendiciones y gracias como nunca antes. Un diluvio de amor cae sobre él. Veréis grandes signos que quizá no comprenderéis. No temáis a ello. Nada ocurrirá a quien ha elegido al amor y la verdad como sus compañeros de vida. Sin importar cuán conscientes sean de ello. Solo basta desear vivir en el bien de todo corazón. De lo demás se ocupa la realidad del espíritu. Ese es el espacio de la libertad.

El triunfo de mi corazón inmaculado ya está aquí. Pocos son los que comprenden lo que esto significa. Eso no se debe a que haya un error, sino a la magnitud de su significado. Por todas partes observaréis el surgimiento de nuevas expresión de unidad. Ya está aquí. Ellas surgen como fruto de la expiación.


Os aseguro que os salvaréis. Son muy poquitos, muy poquitos, los que no optarán por el Reino. No os preocupéis por esta verdad. Ciertamente es doloroso aceptar que algunos no aceptarán al amor como su eterna realidad. Aún así, esa es la voluntad de esas almas y debe ser respetada. Por siempre amadas. Esto es parte del misterio del mal. No os asustéis por ello. Nos os atañe a vosotros, que acogéis mis menajes de amor y verdad con santa disposición.


No he venido a hablaros de los flagelos del mundo. Los conocéis bastante bien. A cada paso que dáis se os habla de ello. He venido a deciros cuánto os amo. A daros las gracias por haber respondido a la llamada del amor. A confirmaros en la verdad. A transmitirles un mensaje directo del Cielo. Un mensaje del Padre de las luces para vosotros que recibís estas palabras. Dios os abraza en la unidad. El amor os ha restaurado. La verdad os ha hecho libres. Sois la renovación de la verdadera caridad.


Vivid alegres todos los días de vuestras vidas. Comprended que estáis cumpliendo una función celestial aquí en la tierra. Os necesitamos. Esta madre te necesita tanto como ella misma es necesaria. Sin vuestras vidas humanas, no puedo derramar bendiciones a los demás. Sin vuestras oraciones no puedo hacer nada para servir a la amada humanidad. Vuestra unión con Cristo es el portal de la salvación.


Nos imagináis cuantas bendiciones reciben vuestros hermanos y hermanas por vuestro intermedio en unidad con mi corazón inmaculado. Soy la llama ardiente del amor. Soy la pasión de Dios hecha maternidad. Soy la fuerza vibrante de la vida. Soy aquello que hace que viva todo lo que es.


El mundo va caminando hacia la verdad. El universo va extendiéndose hacia lo infinito. Es la expansión perpetua del amor. Crece. Aumenta. Se ensancha el cosmos. Y lo hace dentro del cuerpo de Dios, de donde surge.


Permaneced por siempre en la alegría de mi corazón. Sois importantes para Dios. Él mismo se hizo dependiente de vosotros por puro amor. Vuestro padre no hace nada sin vosotros y nunca lo hará. Nadie puede sacarles vuestra libertad. Tampoco vuestra santidad. Sois los hijos del Cordero. Los amados de Dios. A Él le pertenecen y a Él están retornando.


Andad serenos por la vida. Confiando en mi asistencia. No os abandonaré jamás. Sois mis hijos, ¿Cómo podría? No hay nada que le pidan al Padre en unión con mi inmaculado corazón que no les sea concedido. Depositad en Cristos vuestros temores. Vuestras alegrías. Vuestros sueños más profundos. Vuestras vidas. Os aseguro que juntos haremos transformaciones milagrosas.


No estáis solos. Nunca lo estuvisteis. Y nunca lo estaréis. Adelante de vosotros va la Madre. A vuestra izquierda y derecha va María. Detrás de vosotros va mi Espíritu de amor. Os rodeo por todas partes.


Os invito a entonar un nuevo canto. El canto de María. Un himno de alegría y gratitud. Os invito a colmar la tierra con vuestros sentimientos amorosos, con vuestros pensamientos santos, con la verdad de vuestro ser.


Mostrad al mundo el rostro del amor. Decidle que esta madre está esperándolos a todos. Que las compuertas de mi corazón se han abierto de par en par, como nunca antes lo habían estado. Soy María. Soy la dulzura del amor. Soy vuestra realidad. Soy la voz de vuestros corazones santos. Soy la paz que no tiene contrario y mora en vuestro ser.


Permaneced alegres en el amor.


Gracias hijitos por responder a mi llamada.

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