Capítulo 44 - Nuevo conocimiento

Hijitos,


Una vez más he venido a morar con vosotros de este modo particular. Estos mensajes son escritos para cada uno de mis hijos e hijas de todo el mundo. Compartidlo entre quienes os rodean, si sentís el llamado a hacerlo. Ese impulso del corazón procede del cielo. Pero por sobre todo, os invito a llevarlos en vuestro silencio interior. Haced que se hagan carne en vosotros. Se os regalan para que sean vividos.


El mundo va caminando hacia la hora de la verdad. Lo hace cada vez con más celeridad. No en el tiempo, sino en la manera de percibir de la mente. Con esto os quiero decir que la vida de la consciencia no está sujeta a las limitaciones del tiempo, el espacio y la materia.


Lo que sucede con la aparente aceleración de los acontecimientos del mundo, es que os habéis hecho conscientes de la dirección que va tomando la humanidad. Sois conscientes de que existe un tiempo para todo, y que a todo lo que es del tiempo le llega su final en el tiempo. Sois también más conscientes de la necesidad de vivir en la unidad del amor. Ese conocimiento os lleva a reconocer y expresar el sentido de urgencia de la llamada del cielo. Urgencia que no guarda relación alguna con el tiempo, sino con la importancia que conlleva.


Dios nunca tiene prisa, pues dispone de toda la eternidad. El alma puede tenerla o no, dependiendo de si está atada a la creencia de que el tiempo es la única realidad, o no se aferra a esa ilusión. De la falsa creencia en la realidad del tiempo es de donde procede toda ansiedad. Sin embargo, más allá de lo que la mente pueda creer, está la verdad. El amor de Dios es más grande que toda duda, que todo pensamiento humano, y que toda realidad imaginable. Por lo tanto, nada puede hacer que el ser se sienta ansioso. La ansiedad es siempre el resultado de un patrón de pensamiento del ego. Nacido de la creencia falsa de que las carencias son reales, y que deben ser satisfechas por la mente.


Vivir sin ansiedad es vivir una vida de paz en la que el amor puede brillar libremente. El deseo de estar allá, cuando se está aquí, es lo que provoca los estados ansiosos. Esto, a su vez procede del deseo.

Os invito a vivir sin ansiedades; sin caer en la desmesura de ansiar demasiado las cosas. Ninguna cosa del mundo es tan importante como para poner vuestro deseo a su merced. Cuando os aferráis a ideas o cosas, o relaciones, haciendo de ello algo esencial para vuestra felicidad, caéis en un estado de miedo. En efecto, solo el temor es capaz de crear una idea así e intentar hacerla realidad.


Honrad el presente. Vivid el ahora en el amor de Cristo. Permaneced atentos a las cavilaciones de vuestra mente y corazón. No seáis tan condescendientes con sus divagaciones. De ese modo, observando, soltando y mirando a la distancia lo que ocurre en vuestro interior, sin juzgar nada, os vais liberando del patrón de pensamiento, y de la respuesta emocional que los hábitos no convenientes crearon, los cuales estorban la paz mental.


Se me ha llamado con acierto, reina de la Paz. Ese nombre no es solamente una manera de llamarme. Es la denominación perfecta de lo que el ser es. Vosotros sois invitados a ser soberanos de la concordia. Reyes y reinas de la armonía. Podéis serlo, porque se os ha dado un reino para gobernar. El reino de vuestra alma. En él podréis hacer reinar la belleza de la santidad, la paz que no tiene contrario, y el amor perfecto, si os disponéis a hacerlo. Para ello, tenéis un camino simple que todos pueden recorrer. Un medio sencillo pero eficaz. El de uniros a mi inmaculado corazón y al sagrado corazón de Jesús. En nuestra unión permitís que fluya la Gracia divina hacia vuestros corazones, y desde allí al mundo entero.


Dejad a un lado el pasado. No os aferréis a él. Ya pasó y nunca más volverá. Dejadlo ir. No intentéis adelantaros al futuro para intentar controlar los acontecimientos. Eso os crea preocupaciones sin sentido. La Madre vela por sus hijas e hijos. Se ocupa de todo, si se le permite intervenir en todos los acontecimientos de la vida humana. Cuanto más me entreguéis, más puedo ayudar. Cuanto más confiéis en mí, más puedo hacer por vosotros, y por el mundo entero.


No hay nada que el amor perfecto no pueda resolver. Haced de esta verdad la vara que rige vuestros corazones y no perderéis el rumbo. El amor desarma las estructuras que necesitan ser desarmadas. Desata lo que está atado e impide que el espíritu vuele libremente. Sana heridas. Ilumina las mentes que se han sumergido en la ignorancia. Y abraza dentro de si la santidad del ser.


Os quiero llevar a un conocimiento que no es del mundo. Al conocimiento del amor de Dios, en un grado hasta ahora nunca alcanzado en la humanidad. En ese saber que aquí se os ofrece, por medio de la revelación, podréis reconocer el amor que sois en verdad y vivir en unión con ello. Así seréis capaces de caminar por la tierra como verdaderos hombres y mujeres y verdaderos Cristos divinos.


No intentéis desprogramar vuestras mentes y corazones a vuestro modo. Dejad que sea el Espíritu de sabiduría el que haga eso en vuestro interior. Vosotros simplemente estad atentos a los movimientos de vuestra alma, y entregadme a mi vuestra voluntad, vuestra mente, corazón y vida. Os aseguro que disfrutaréis cada vez más de la transformación que iréis experimentando. Todo se hará serenamente y sin necesidad de sobresaltos ni esfuerzos. Todo será hecho por el amor.


Os invito también a no juzgar la manera en que Cristo va transformando vuestras vidas. Os aseguro que la transformación que ya habéis experimentado es mucho más profunda que lo que sois capaces de imaginar. El alma trabaja por sí sola en unión con el espíritu y con Dios. En su accionar interior, la Gracia llega hasta los confines más profundos de la mente y el corazón. Va transmutándolo todo en luz. Va haciendo renacer lo que toca con su mano amorosa. Un nuevo ser es dado a cada instante en la divina Gracia que el alma va recibiendo cuando se une al amor.


En el conocimiento al que os quiero llevar veréis grandes cosas. Veréis los milagros del amor en vuestras vidas. Seréis testigos de la benevolencia de la verdad, y de la belleza de Cristo. Conoceréis un amor que no tiene principio ni fin. Podréis experimentar la santidad de vuestro ser en un grado que aún no habéis experimentado en el mundo. Brillaréis con más luz.


Os doy mi paz.


Gracias por recibir mis mensajes.

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