Capítulo 45 - Canto a la santidad

I. En la eternidad de mi amor


Alma amadísima. Criatura santa,


Te doy gracias por abrir tu corazón para recibir Mi amor. El amor busca extenderse. Compartirse de corazón a corazón, como si se tratara de un manantial de agua pura que fluye desde su fuente, se desborda y va vertiéndose en hermosas vasijas de muy puro Cristal. Por eso te agradezco a ti, y a todos los que me reciben en la belleza de su morada santa, que son los corazones que buscan la paz y el amor.


Cada vez que vienes a nuestro encuentro, mi corazón rebosa de alegría. Yo te busco por todos los rincones del universo. Te hablo a cada instante del día. Te miro. Te contemplo con toda mi ternura. Y busco cómo crear nuevas maneras de darte amor, amor y más amor. Por eso te protejo. Te cuido como si se tratara de una cuestión de honor. Y me regocijo teniéndote en la palma de Mi mano, o abrazándote contra mi sacratisimo pecho para que sientas los latidos de mi corazón.


En verdad, en verdad amada mía, no puedes darte aún una idea de cuánta alegría siente mi corazón por el amor que me profesas. Tanto el amor que me diriges directamente a Mí, que soy tu fuente, tu ser y tu vida. Así como también el amor que extiendes hacia tus hermanas y hermanos en Cristo y a toda la creación.


Solo existe un amor y ese es Dios. Por ello es que todo amor que das me lo das a Mí. Porque soy la fuente de todo amor y el receptor también. Esto es lo que se quiso decir cuando dije que soy el alfa y la omega. Soy el principio y el fin. El amor procede de Mí, se extiende desde mi divino ser hacia los corazones amantes que buscan la paz, la verdad y la santidad del amor hermoso. Y desde ellos, retorna a Mí, que vivo en cada corazón.


No hay un solo ser que no viva en razón de mi amor. Soy el amor hecho belleza en los pétalos de una rosa. Hecho verdad en la hermosura del rocío que refresca y nutre la hierba. Me manifiesto en la magnanimidad del amor fraterno en santidad. Y en la grandeza de las estrellas y el sol. Todo nace de Mí. Se extiende hacia el infinito. Y de ese modo retorna a mis brazos. Tú también, puesto que fuiste creado para lo infinito. Es decir, para el amor perfecto. Saber que fuiste creado para el amor es conocer tu propósito.


Hijito mío. Tú que recibes estas palabras, sabes reconocer el lenguaje del amor. Sabes por ello que el alma enamorada de Cristo solo se siente a gusto en la presencia de su amado. Y que el amor de tu corazón solo descansa en paz en los brazos del amor puro. Por ello es que solo te alegras cuando te sabes amado y amante. ¿Qué dicha puede ser mayor que la de dar y recibir amor santo? Quien tiene amor lo tiene todo porque el amor lo es todo. Quien vive en la presencia del amor, mora en la verdad porque ambas van de la mano. No se puede tener uno sin lo otro. Y dado que allí donde mora la verdad, mora la certeza, junto a ella reside la paz inquebrantable de un Dios que es amor infinito, creador de la vida, y salvador del mundo.

II. Vivir en el amor


¡Oh, humanidad convulsionada! Muchas veces os agitáis por cosas que no tienen sentido. Cosas que ni necesitáis ni deseáis verdaderamente. Os recuerdo nuevamente que, una sola cosa es necesaria para el alma; amar y ser amada con pureza. Lo demás carece de valor para ella porque su esencia, destino y razón de ser es el amor. De amor ha sido hecha, en el amor vive, y por el amor existe por siempre. La vida es amor.


Hoy, como siempre, os invito a venir a Mí. A sentir mi abrazo de amante incondicional de las almas. Os llamo a crecer en nuestra relación directa. Tú y yo. Unidos en el amor, cuya expresión es única. Deseo con toda mi divinidad que vengáis a mi sacratísimo corazón para que podáis experimentar la belleza, fortaleza y santidad de un amor que no tiene principio ni fin. Un amor que os ha creado a todos por amor. Que os ha dado un rostro. El rostro con el que os hacéis únicos e irrepetibles.


Os aseguro que en mi amor encontraréis todo lo que vuestro corazón anhela. Todo lo que vuestra mente busca conocer. Y todo lo que vuestra alma puede necesitar. Mi amor os colmará hasta la medida de vuestra plenitud. No dejará un solo espacio de vuestro corazón y vuestra alma sin llenar con la pureza y santidad de mi divina esencia. Y una vez llenados por mi amor, vuestra divinidad resplandecerá por medio de vuestra humanidad. Todo vosotros - cuerpo, mente y espíritu - serán una unidad integrada en la luz del amor.


Os llamo a cultivar pensamientos amorosos y sentimientos puros. De ese modo, la costumbre de pensar del mundo, tan basada en el sistema de ataque-defensa, será reemplazada por un nuevo patrón de pensamiento y respuesta emocional. Uno que hará que el nuevo cielo y la nueva tierra se hagan presentes en vuestras vidas.


No existe necesidad de esperar en el tiempo lo que no nace del tiempo. La realidad de Dios permanece inalterable incluso en la tierra. Puede que un velo se haya corrido sobre esta verdad, y eso haya nublado el entendimiento de muchas maneras. Pero aún así, eso no hace que la verdad deje de ser verdad. Dios, que es amor infinito y poder sin límites, no puede ser despojado de las almas. Ni de nada que sea verdad.

III. Habrá fe en la tierra


Os digo en verdad que estáis viviendo en los tiempos del resurgimiento de la fe. Vendrá el día en que podréis ver este resurgir como algo visible y fácil de reconocer en el mundo. Estáis siendo testigos de en una era donde las almas se dirigen más que nunca hacia el Dios interior. Ello no necesita que se elimine el aspecto comunitario de vuestra humanidad. Sois relación, porque sois amor. Por lo tanto, os invito a integrar vuestra individualidad con vuestra universalidad. Sois uno y todos a la vez. Sois el que necesita tiempos y espacios de soledad, y también aquel que necesita salir al encuentro para conocerse a sí mismo, y extenderse en el amor que es unión en santidad.


Os llamo a crecer en vuestro marco de relaciones, en un modo que os permita incluir a todo y todos dentro del abrazo del amor. Este modo de incluir es diferente a lo que el mundo ha considerado desde antaño como unión. La inclusión que procede del amor perfecto es una en la que no os perdéis a vosotros mismos en la relación; sino que os podéis manifestar en ella, dentro de la verdad de lo que sois.


Todos sois valiosos porque sois extensiones del amor divino. Todos formáis parte del concierto de la creación. Habéis sido creados por el amor para vivir en él. Esto significa que la meta de vuestro ser no es el aislamiento, sino la totalidad en la libertad de la unión que no tiene principio ni fin. Si habéis perdido de vista esta verdad en vuestras mentes y corazones, fue porque habíais concebido a las relaciones como algo que solo servía al propósito de la supervivencia, tanto de cosas materiales como mentales. Pero esa etapa ya ha quedado atrás.


Para los que viven en el amor, los encuentros son oportunidades de extender su unión con Cristo. Es decir, salir al encuentro del Cristo interior que brilla inmensamente en el corazón de los demás, incluso aunque el otro no lo pueda percibir del todo. Y digo del todo, porque ciertamente no existe alma que camine por la tierra que no tenga - o haya tenido - al menos un atisbo de su relación con Dios, y conozca al Cristo viviente que vive en ella. No se puede ahogar completamente la llamada del amor.


Al corazón no se lo puede enmudecer. Esto se debe a que, el poder del amor que mora en él es incomparablemente mayor al de cualquier pensamiento que pretenda anularlo. Así como el amor no puede ser obliterado - ni arrancado del ser-, la voz de la verdad no puede eliminarse de la consciencia. Todos sabéis qué cosa es el amor y qué cosa es la verdad. Y porque gozáis de ese conocimiento, es que sois seres portadores de una consciencia moral, la cual no procede de los aprendizajes del mundo, sino que está conectada con un saber innato con el que fuisteis creados.


Hacer el bien es propio del amor. Vivir en la santidad es la manera de ser de la verdad. Esto lo conocéis muy bien. Vuestras almas saben cómo hacer esto. Y responden con disgusto y muchas veces tristeza cuando no las hacéis caminar por la senda de la luz de Cristo. ¿Y cómo no iba a suceder eso si lo que sois es luz emanada del Padre de las luces?


Hijitas e hijitos míos. No os disperséis con cosas que causan preocupaciones en vuestros corazones. Simplemente permaneced en Mí, y todo lo demás se os dará por añadidura. Dejad a un lado vuestros temores acerca del futuro, o de cómo habéis vivido el pasado. Gozad ahora y siempre en el eterno presente de mi divino amor. Y vuestras vidas serán un canto a la santidad.


Os bendigo en la paz que no tiene contrario.


Gracias por escuchar mi voz y seguirla.

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