• Sebastián Blaksley

Capítulo 5 - La hora de la verdad

Actualizado: abr 30


Hijito mío.


Hoy quiero hablarles acerca de una de las formas que adopta mi amor de madre celestial. Me refiero con dulzura y dilección al amor que se expresa por medio de mis amonestaciones. Es importante que recordéis que esta madre de puro amor ama con amor responsable, tal como lo hace Dios el Padre.


Un amor que no se anima a expresar las debidas amonestaciones cuando deben ser expresadas, es un amor incompleto y teñido de temor. Por lo tanto, no es un amor perfecto.


Os invito a reflexionar acerca de este mensaje. Vivís en un mundo que busca licuar la verdad, minimizar la radicalidad de mi llamada. En el reino del amor no puede existir nada que no sea la pureza de la verdad resplandeciendo en la gloria de la perfección divina.


¿Creéis que la verdad no hará nada con aquello que es su contrario? Os equivocáis hijitos míos. Os aseguro que todo lo que es opuesto a la pureza del amor será vomitado de su vientre y extirpado del libro de la vida, tal como hace la tierra con aquello que es malsano, o como hace el cuerpo, que pone en movimiento los mecanismos necesarios para eliminar un elemento tóxico cuando este surge. Así mismo, la verdad desnuda hará que toda agua contaminada que desee retronar al cielo, sea antes purificada y vuelva a fluir tan cristalina como todo lo que es de Cristo. De esa manera estará en condiciones de unirse a lo que le es semejante.


Hijitos de mi corazón. Existe un reino donde solo existe la pureza. Una realidad en la que solo existe la santidad. Existe un universo de infinitos universos donde solo existe la bondad. En él, ningún pensamiento descabellado de muerte o destrucción puede siquiera ser pensado. La codicia y su compañera la avaricia son inconcebibles porque el miedo no existe en él. Dentro de este reino de pura luz divina, todo sentimiento es uno de nobleza, belleza y armonía perfecta. Todos son conscientes de la eterna unidad en la que permanecen dentro del amor. El fluir de la vida se mueve libremente al ritmo de la verdad. Y todos se regocijan en ello. Allí, las mentes aman la verdad porque son libres. Viven para siempre en el amor.


¡Alma nacida del Padre!


Recuerda que no estás en el mundo para adherir a sus valores, sino por disposición de la sabiduría divina, en acuerdo con tu voluntad unida a la del Padre. Recuerda que existe un plan de expiación. Deja que el mundo gire. No es asunto tuyo.


No te entremezcles con los valores del mundo. Simplemente observa, calla y espera. Toma distancia de lo que observas. El mundo no es tu hogar ni le perteneces a él. Me perteneces a Mí. Estás en él porque juntos hemos decretado fuera del tiempo que así sea, para la salvación de la naturaleza humana, es decir para contribuir a su retorno a la pura verdad. Una vez más, no estás en el mundo para adscribir a sus valores. Deja que los que son del mundo, aquellos que comulgan a su modo con su sistema de pensamiento, sigan su camino. El Padre, que ve en lo secreto sabrá qué hacer o dejar de hacer con ellos. Deja que cada cual piense lo que quiera. Tú permanece en Mí. Yo soy tu hogar, tu reino y tu todo. Soy la realidad de tu ser.


Permanece elevado por encima de las bajezas del mundo. Lo rastrero no está en armonía con tu naturaleza. Las aves vuelan. Los reptiles no. A cada cual su naturaleza. Que un águila vea que otros reptan, no quiere decir que ella tenga que andar sobre el polvo.


Permite que te muestre lo que tenga que serte mostrado, según mi designio. No todos ven todo. Cuando puedas ver las miles de caras y facetas que tiene la falsedad, con claridad y sin temblar, distinguiendo lo que es santo de lo que no lo es, lo que es armónico de lo que jamás lo será, y lo que es belleza de lo que simplemente parece serlo. Cuando puedas hacer esa distinción sin juzgar, podrás decir en verdad que has alcanzado la verdad.


No te preocupes por aquello que llamas la miseria del mundo. Simplemente observa, calla y espera. Deja que el mundo gire en su locura. No es asunto tuyo. No quieras arreglarlo ni transformarlo. Suéltalo todo. Permanece en Mí. Deja que cada hijo de Dios arregle sus asuntos con su Padre.


La verdad existe. Y llegará el día en que haga acto de presencia en toda consciencia.

A todos les llegará la hora de la verdad. En esa hora, la verdad ya no podrá ser ocultada ni negada. Será una hora terrible. Un encuentro con la pura verdad. Hijito mío. Esa hora existe y todos la verán. Alégrate de que, cuando llegue te regocijes en la verdad y cantes alegremente.


Ora por los que, cuando llegue la hora de la verdad, no estén debidamente preparados. Grande será su dolor. Terrible será para ellos. Pero para los que se han preparado - porque ya han abrazado la verdad eligiendo el amor como su realidad - será la hora de su gloria. La hora de su plena salvación. La hora de su resurrección. Pero para los que no, dolorosos serán sus llantos y crujir de dientes. Verán el sol y quedarán enceguecidos por su luz.


La hora de la verdad existe. Y por más dolor o temor que pueda suscitar este conocimiento, debes comunicarlo al mundo entero. No para asustar, sino para advertir amorosamente. Recuerda que la verdad debe decirse con amor y presentarse unida a la dulzura del corazón. Si haces eso, permites que la verdad adopte las formas de prudencia y humildad, virtudes amadísimas por Dios, fuente de toda virtud.


A todos les llegará la hora en la que ya no se podrá poner ningún velo sobre la verdad. No se podrá llamar con otro nombre a lo que es santo. Toda hipocresía será inútil, pues ante la verdad no tiene poder para engañar. No podrá haber disfraces, porque su fulgor los desintegrará. La verdad desnuda saldrá a la luz, de la mano del amor. Las consciencias la verán en su resplandeciente realidad.


Esa hora existe, es la hora de la pura verdad.


Será una hora terrible. Todo el universo quedará en silencio. Un silencio de terrible expectación. Será la hora de la verdad desnuda. Todo lo oculto saldrá a la luz. Nada podrá ser disfrazado. Una vez más hijo mío; esa hora existe. Es la hora de la verdad. Piensa en ella, conserva este conocimiento en tu corazón. Prepárate para esa hora desde este mismo instante, para que cuando llegue te encuentre en unión con el amor. Y sea para ti, lo que en verdad es: la hora de la luz de la gloria.

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