Capítulo 5 - Las siete olas de consciencia

Extracto de la obra no publicada ni editada, denominada "La era del corazón", la cual se encuentra en proceso de ser recibida por Sebastián Blaksley . Se publica el presente capítulo - mensaje, sin edición y exclusivamenteen el presente blog, con el propósito de compartir con los grupos que lo han solicitado.


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Amada encarnación de Cristo. Alma nacida de mi divino amor. Gracias por darme tu atención, tiempo y humanidad para unirnos en la verdad y la santidad de lo que somos. En nuestra relación directa mora la sabiduría del cielo, el conocimiento perfecto, la alegría sin fin. ¡Cuánto gozo experimentan nuestros corazones por estar juntos en este diálogo! ¡Qué serenidad más profunda le regala a la mente la seguridad que procede de la certeza de Cristo!


Amada mía. Una vez que hemos recorrido la senda hacia la comprensión amorosa del camino del alma, y la conciencia universal del creado; es menester darse cuenta de que, el viaje de la creación va desde un estado máximo de falta de unidad con la verdad, hacia la unión con esta. Sabes ya que la verdad es Cristo. Por lo tanto, en esta obra ambas expresiones – verdad y Cristo – serán tratadas como sinónimos, ya que son dos maneras diferentes de expresar una misma e inefable realidad.


Para poder entender con mayor facilidad lo que aquí se revela, usaremos el ejemplo de la tierra. En sus orígenes, su unión con la consciencia de Cristo era prácticamente inexistente. Decimos “prácticamente”, porque en rigor de verdad nada puede existir sin la chispa de realidad que le da existencia, la cual procede de Dios. Aún así, existir y ser no son lo mismo. A los efectos de estos escritos, consideraremos a lo primero como todo aquello que existe, pero no es plenamente consciente de su unión con la fuente del ser. Lo segundo será entonces, todo ser que existe y es consciente del amor que le da la vida y su existencia.


Es justo hacer esta distinción, ya que la vida sin amor carece de propósito. En otras palabras, es una vida restringida, limitada, carente de poder creador. No es vida completa, ni eterna. En este sentido, y solo en este sentido, podemos decir que no es vida. Pero la vida vivida en el amor, sí que tiene un propósito santo. Es creadora de un nuevo amor, extensión divina por siempre ilimitada. ¿Cómo podría ser de otro modo, si el amor es el fundamento de la vida, al ser su fuente, realidad y destino?


El tiempo transcurrido entre la manifestación de la masa informe - de la cual se desprendería la totalidad del reino material - y la aparición de la forma, fue la primera ola de la consciencia. El primer paso, por decirlo de algún modo, hacia el retorno a la casa de la verdad. Lo informe tomaba forma.


Aparecían planetas, galaxias, hermosas constelaciones. La luna comenzaba a regalar su belleza, y las estrellas la hermosura de su luz. Nacía así el universo que contemplas hoy en día. Quizá no suelas meditar acerca de lo que un salto de consciencia como este significó, dado que tiendes a dar por sentado que todo lo que ven tus ojos, y perciben tus sentidos físicos, ha estado ahí desde siempre. Pero eso no es del todo cierto, ya que si bien existían en la pura potencialidad de la consciencia, no se manifestaron sino hasta que así debía ser. Todo tiene su tiempo en el reino del tiempo.


Vayamos ahora a lo que sucedió en la tierra. Paso a paso comenzó a poblarse de seres cada vez más conscientes. El tiempo transcurrido desde la existencia de la tierra yerma, hasta la manifestación de vida consciente del entorno en el que existía, constituye la segunda ola del movimiento de la consciencia, hacia la plena realización de la unidad del creado con Cristo, es decir de su viaje de regreso a la verdad. En esta era, los seres carecían de consciencia de sí mismos, pero sí podían reconocer – aunque limitadamente – que existía la creación. Esto es un salto de inmensas proporciones. La consciencia comenzaba a ampliarse más y más. Ahora era capaz de conocer que existía un universo. Seguía avanzando sin prisas, pero de modo certero, hacia el despertar al amor. En otras palabras, a la consciencia de la unidad.


Hija bien amada. Escucha con apertura de corazón lo que se te dice a continuación. La extensión del universo material, o historia de la creación, no es otra cosa que un movimiento de expansión de la consciencia del creado. Su propósito es su re-integración a la totalidad. Este viaje, el cual consta de siete olas de consciencia, lo realiza desde un estado inconsciente, o grado máximo de separación o condensación permitido, hacia la reunión con el amor, es decir con Cristo.


Es cierto que la consciencia nunca deja de expandirse, y avanza hacia el corazón de Dios y su infinita vastedad. Aún así, en lo que se refiere a la consciencia del universo físico, existen saltos cuánticos en los que ella se extiende más de que lo que se ampliaba en su trayectoria anterior. Es algo así como un salto de consciencia universal. Cada uno de esos saltos, es a lo que llamamos aquí, ola de consciencia.


Sigamos juntos el camino que lleva al reconocimiento del viaje de la creación. La tercera ola abarca el tiempo que va desde la existencia de vida consciente del entorno creado, pero no de sí misma; hasta la aparición de un ser que es consciente de sí mismo, además de la creación. A esta nueva manifestación de consciencia la habéis llamado humanidad. Como tal, su propósito es reunir a la creación física con Dios. Para ello ha sido creada. Su naturaleza ha sido dotada de todo lo necesario -por decirlo de alguna manera - para que el designio divino se cumpla de modo perfecto.


Lo que se quiere decir aquí es que, una vez que la creación estuvo lista, se hicieron presentes en ella los hijos e hijas de Dios. Es decir, la naturaleza humana. Primero, una expresión de esa naturaleza sin lenguaje, tal como lo conoces hoy, y un grado casi inexistente de consciencia de su humanidad, y desde luego de su unión con la fuente de la vida eterna. La creación tuvo que esperar un tiempo antes de ver caminar sobre ella a una misma naturaleza humana, pero cada vez más consciente.


Daremos por nombre “cuarto movimiento” al período que va desde la existencia de una humanidad consciente de sí misma y de la creación, pero inconsciente de la existencia de Dios; hacia la aparición de un ser religioso. Es decir, uno que es capaz de ser consciente de la existencia de un ser superior, como origen, señor y destino de la vida, y de expresar su relación con él.


En este tiempo, surgen las religiones o instituciones religiosas, y de conocimiento de la verdad, tal como las conoces hasta ahora. La creación comenzaba a ser testigo de las primeras ciudades, naciones, y corrientes del saber filosófico y trascendente. Todo ello como expresión natural de ese estado de consciencia. Dios comenzaba a ser reconocido. Se le daba un nombre, un símbolo y una casa donde adorarlo. Aún así, este era un “dios” separado de la creación.


Hemos dicho “dios” con minúscula, porque ese no era el Dios verdadero de Dios verdadero. Era una primera aproximación hacia el reconocimiento de su divina esencia, existencia y realidad. Había un Dios, pero tan lejano a su creación, como las más distantes estrellas del firmamento, e incluso mucho más. Aún así, se lo ubicó en el cielo. Como tal, esa concepción era perfecta, ya que dio paso al siguiente estadío de consciencia en la creación. Así es como el universo del tiempo y la forma comenzó a hacerse consciente de sí misma. Lo hizo por medio de una humanidad que era capaz de ser consciente de la pregunta de “qué soy”. Dicho con mayor precisión, la pregunta fundamental se hacía presente en la consciencia del creado. En razón de ello, la creación sería reunida con Cristo, ya que en esa pregunta resuena la voz del amor llamando al alma a vivir eternamente en su divina realidad.


Llamaremos quinta ola al período de tiempo que va desde la aparición de la humanidad consciente de la creación, de sí misma, y de Dios; hasta la manifestación de un ser capaz de concebir al Dios uno como unidad con lo creado, lo cual lleva invariablemente al reconocimiento del Dios amor. Este es el primer advenimiento. En esta quinta era de consciencia, Cristo se hace humanidad y con ello reúne en sí mismo todo lo creado. No hay necesidad de extendernos en esto pues conoces sus efectos muy bien, y ya se ha dicho mucho. Sin embargo, diremos que a partir de ese momento en la historia de la creación se abrió una nueva era, la era del Cristo humanado. A ello llamaremos la sexta ola de consciencia.


Alma llena de gracia. El sexto salto de consciencia es el tiempo que estás viviendo ahora. El mismo abarca el espacio temporal que va desde la resurrección de Jesucristo hasta este instante. Y continuará hasta la plena realización de la humanidad divinizada.


La naturaleza humana manifestándose como expresión de Dios, es lo que significa esta sexta era de consciencia. Una vez que esto se realiza, queda reunida dentro de sí – es decir del Cristo humanado, manifestado en cada hombre y cada mujer - toda la creación. Dicho llanamente, la humanidad reunida con el amor hará que todo lo creado se reúna también en él. ¿Cómo es posible esto? Es sencillo de comprender. Recuerda que aquello a lo que te unes se hace santo en razón de lo que eres, del mismo modo en que se hace amor en virtud de tu ser. Esto siempre fue así, pues lo es en mí. Mi unión contigo te hizo uno con mi divino ser. De igual manera, tu unión con la creación la reunirá con el amor que juntos somos en la unidad.


En esta sexta era de consciencia, el Cristo humanado deja de ser un ser individual, separado de todos los demás, para ser reconocido como lo que es: la expresión viva de lo que todo ser humano es en verdad, y con ello cada aspecto de la santa creación.


Hija de la luz. Déjame recordarte algunas cosas. Dado que a Dios se lo conoce en el amor, la creación no podía gozar de la gloria del Padre mientras estuviera sumergida en la inconsciencia, o consciencia totalmente miedosa. Por ello fue menester crear el tiempo. Ciertamente este surgió como efecto de la contracción de la consciencia, o limitación causada porla negación del ser. Sin embargo, el amor jamás permitiría que exista algo que impida al ser vivir en la verdad de lo que es, si así lo dispone. Por lo tanto, el reino del tiempo llevaría dentro de sí, aquello que le permitiría al creado ir creciendo hacia la toma de consciencia de la verdad y el amor, los cualesson su realidad y fundamento. Una vez alcanzado ello, el camino al reino de los cielos estaría despejado nuevamente en la consciencia universal.


El tiempo actual - o estado al que hemos llamado de la sexta ola de conciencia - es el preludio del nuevo cielo y la nueva tierra. Hacia ello va la creación. No solo la tierra, sino todo lo que existe en el universo físico. Recuerda, amada mía, que la historia de la creación no es otra cosa que un viaje sin distancia desde la oscuridad del olvido de Cristo tu ser, hacia la luz de su recuerdo, y de allí a la unión plena con él. En esa unión, eres una con Dios, es decir con el amor.


Demos ahora el último paso en la comprensión de lo que se revela en este diálogo. Lanueva era que surge como efecto de la actual, es a la que llamaremos séptima y última ola de consciencia. Es ese un estado en el que el creado vive conscientemente como la unidad que es con Dios. En tal reino, la humanidad - y con ella la creación - no solamente conoce que existe un Dios que es amor, y se hizo uno con ella, sino que vive conscientemente como la expresión de Cristo que es en verdad. Es decir, como la hija de Dios que siempre fue y por siempre será. En pocas palabras, la consciencia de la filiación retorna a la verdad de lo que es.


La expresión “un nuevo cielo y una nueva tierra” busca dar a entender que la creación en su totalidad vivirá en la unidad del Espíritu. El tiempo y la eternidad serán uno, tal como siempre lo han sido. Todo vivirá en el amor que Dios es. Ningún aspecto de la filiación quedará excluido de ello, ni se podrá excluir a sí mismo, pues el conocimiento de la verdad será restaurado para siempre en la consciencia del creado.


Naturalmente, hijita de mi corazón, alma bendita, no centraremos nuestros diálogos en las eras pasadas o la que pronto vendrá, sino en el presente. En la realidad que la humanidad está viviendo ahora. Hemos recorrido una senda de revelación de cómo la consciencia va creando efectos conforme a lo que es. Esto fue necesario para que no quede ninguna duda de que todo lo que acontece en la vida del mundo, y en la tuya particular, no es otra cosa que el resultado de la consciencia que le da origen.


De una humanidad consciente de la verdad, es decir del amor que es, surge un mundo muy diferente de aquel que nace a la sombra del miedo y la inconsciencia. ¿Verdad que esto tiene sentido? Sabes, pues ya lo has experimentado, que tu vida a tenido un vuelco en algún momento. Hubo un ates y un después en tu camino. ¿A qué se debe eso? Se debe a que en las profundidades de tu ser le dijiste sí a Cristo. Al hacerlo, todo cambió. Comenzaste a dar testimonio de la verdad con tu modo de ser, actuar y expresarte. Al principio, fue algo que parecía bastante desordenado. Sin una consistencia armónica. Pero poco a poco fue tomando forma hasta ser una expresión claramente definida, consistente y cada vez más hermosa.


El aspecto humano de lo que eres se va adaptando, es decir acomodando, para ser la expresión de la consciencia que le da existencia. Esto ha sido así desde siempre, puesto que la naturaleza humana es servidora del espíritu. Nunca Alrevez. Naturalmente, cuando un servidor sirve a dos amos, no puede servir bien, ni de modo claro y sereno. Mucho menos, cuando estos son diametralmente opuestos en todo.


Una vez que tu humanidad fue puesta al servicio del amor, incluso sin que la mente pensante pueda entenderlo con claridad al principio, cesó el conflicto. Todas sus fuerzas y capacidades comenzaron a unirse a él. Así es como como se reintegró al amor. Tras haber sido reunida con él, su expresión no podía dejar de ser otra cosa que lo que el amor es. Antes de ello, también expresaba lo que estaba en armonía con el estado de consciencia en que se encontraba. Una consciencia en conflicto, o dividida, exterioriza conflicto y división. Una consciencia unificada, extiende unidad. Esto es verdad, no solo para ti que eres un alma bendita, nacida del mi amor entrañable, sino para todo lo que existe, se mueve y es.

Alégrate de que así sea.

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