• Sebastián Blaksley

Capítulo 51 - Océano de amor infinito

Hijitos míos,


Una vez más vengo a morar con vosotros en la unidad que Cristo es, la unidad del amor. Algunos de vosotros os preguntáis porqué la Madre se manifiesta tanto a lo largo y ancho de la tierra. Os respondo. Porque el mundo necesita de la presencia del amor celestial más que nunca. Una nueva humanidad está naciendo. La madre está vigilante junto al recién nacido. Cuidando. Compartiendo sabiduría. Abrazando. Guiando a sus pequeños hijos redimidos.


Hoy he venido a recordaros que, una vez que el alma ha sido sanada por el espíritu de mi divino hijo Jesús, es necesario que esto sea aceptado. Cuando se estuvo viviendo como enfermo durante un tiempo largo, y luego se alcanzo la curación tras un determinado tratamiento, lo cual es siempre un camino, el paciente debe entender que una vez que ha sido dado de alta, debe comenzar a acostumbrarse a vivir una nueva vida. La vida del alma resucitada. El sanado de las aguas del Cordero.


Los tiempos de la enfermedad crean un estado mental particular al cual muchas veces el alma se adhiere más allá de su realidad. Esto significa que el yo puede crear una falsa identificación con el yo sufriente, incluso más allá de que la enfermedad continúe. Así es como sucede con los apegos a las emociones en general y particularmente con el apego al sufrimiento. En estos casos, el yo intenta obtener una suerte de identidad del dolor.


Cuando el yo se identifica con el sufrimiento, busca crear una identidad de víctima que le permita obtener algo a cambio por su dolor. Este intercambio de “beneficios” es algo ajeno al amor. En el reino de la verdad no existe tal cosa como el uso. Toda transacción que busca transferir beneficios de una parte a otra, es algo que está basado en el uso. Este tipo de situaciones son abusivas por naturaleza. Abusar de una condición, sea la que sea, es el lema del ego. Vivir en la libertad de ser es la realidad del amor.


Os llamo a vivir como los resucitados que sois en verdad. Habéis atravesado momentos de sufrimiento. El dolor vivido ha existido, aunque haya sido en el pasado. Sinembargo, ha llegado el tiempo de aceptar que lo que sucedió no tiene por qué seguir creando dolor en el presente. El pasado no puede tener poder real sobre el ahora. Más bien la fuerza que tiene procede de una manera de pensar y sentir del alma.


Para poder soltar la ilusión de que el pasado es real y tiene poder para determinar vuestros estados de ánimo presentes, es necesario aceptar el hecho de que ya habéis sido liberados de él. Aferrarse al pasado estanca vuestro desarrollo espiritual y mantiene activa la energía espiritual que hace que siga reviviéndose una y otra vez. No en la realidad sino en la ilusión que se crea en la mente que no vive anclada en la verdad.


Os invito a poner vuestros dolores en mi inmaculadas manos. Yo los tomaré con todo el amor de mi corazón de Madre divina y lo llevaré dulcemente al centro del círculo de amor infinito que procede del padre de la creación. En Él vuestros dolores serán transformados en gracias inimaginables.

En verdad, en verdad os digo que el amor divino tiene el poder de transformar todo en más amor. El dolor vivido puede ser fuente de luz para vosotros y el mundo entero. Puede crear fuentes de vida eterna, nacidas de la unión de vuestra confianza en el amor con el Cristo viviente.


El amor no es indiferente ante el dolor de sus hijas e hijos. ¿Cómo podría?. Si permanecéis en paz, y dejáis que la verdad os envuelva, podréis ver que, Aquel que os dio la vida, hace constantemente cosas para sanar a sus hijos, para ayudarlos a regresar a su hogar eterno, para sanar sus heridas para devolverles su dignidad e identidad. Aún así, el amor puede hacer por vosotros mucho más de lo que sois capaces de imaginar. Por esa razón es que os pido insistentemente que entreguéis todo a Cristo.

No dejéis un solo aspecto de vuestras vidas fuera de su abrazo.


Dadme vuestros cuerpos. Yo sé como transformarlos en mensajeros perfectos del espíritu de amor. Confiadme vuestras mentes. Mi gracia puede descender sobre ellas como si se tratara de una lluvia de agua fresca, y lavarla de todo pensamiento que no procede de la mente divina y enturbia el entendimiento. Regaladme vuestra voluntad y la reuniré con la voluntad de Dios. Poned en mis manos vuestros corazones y los haré cantar, bailar y vibrar al compás de la vida eterna.


Constantemente podéis uniros más y más a vuestra fuente. Este camino de crecimiento en la unión, el cual os va llevando constantemente a una sumergiros en una mayor profundidad, dentro de las aguas del amor misericordiosos del Padre, constituye la razón de la existencia de vuestro ser.


Os estoy revelando la esencia de la vida. El ser que sois en verdad, el cual es extensión perfecta de Dios, es un ser de puro amor. Como tal, es un ser dotado de libre albedrío. Don este que os ha sido dado, no para que neguéis la verdad sino para decidías libremente cuan unido queréis estar al amor. En esto reside la realidad de lo que sois, en cuan unidos estéis a vuestra fuente de vida sin fin.


Dios es consciencia pura de infinita potencialidad, siendo en sí todas las cosas: nada existe fuera de Él. En cierto sentido, es como un vasto océano de agua cristalina, en el que todo lo que creado nada libremente. En las profundidades de ese océano, existe su corazón, la esencia del amor. Podéis nadar lejos o cerca de él. Y también podéis nadar dentro de sí mismo. Que tan lejos, cerca o dentro de su corazón estéis es asunto del libre albedrío.


Vosotros que habéis elegido el amor, no dejéis de moveros cada vez más, en dirección hacia las insondables profundidades de las aguas de la vida eterna. Os digo en verdad que si queréis llegar a uniros con el centro del ser divino podéis hacerlo. Permaneced en mí y dejad que os funda en el amor.

Bendito sean mis hijos.


Gracias por escuchar mi voz y seguirla.

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