• Sebastián Blaksley

Capítulo 52 - Epifanía del amor

Actualizado: may 22

I. Portal a la verdad

Hijas e hijos míos. Todos lleváis en el alma un portal a la verdad. Un portal que es atravesado por vosotros cuando os encontráis conmigo. Epifanía del alma. Encuentro directo de corazón a corazón con Aquel que es la fuente de vuestra existencia, anhelo profundo de vuestro ser, y alegría sincera de vuestros corazones.


Hoy vengo a invitaros a que toméis consciencia del portal a la verdad que existe en vosotros, y que aceptéis el hecho de que ya lo habéis atravesado. En verdad, en verdad os digo que vosotros que recibís estas palabras - y las acogéis con amor y respeto en la santidad de vuestros corazones -, habéis cruzado ese portal. Habéis tenido vuestra epifanía. Habéis sido llevados al desierto para que os hablara al corazón y os trajera en brazos a mi morada santa. Sois los enamorados de Cristo, esposas y esposos del amor santo, hermas y hermanos de la verdad increada. Hijas e hijos de la luz. Co-creadores del nuevo reino terrenal y el nuevo cielo que el amor está extendiendo desde la santidad del ser. Nacimiento de un nuevo mundo. Triunfo del amor hermoso. Delicia de la misericordia divina. Recreación de la perfección.


¡Oh, santidad de las almas! Si conocierais la vastedad de vuestro ser, quedaríais tan maravillados que no podríais siquiera pronunciar una palabra. La reverencia sería el único sentir de vuestros corazones. Y la contemplación, la única realidad de vuestras mentes iluminadas por la verdad. En ellas reside la fuente de la vida, la luz de la sabiduría y el poder de Dios en toda su magnificencia. Portal a la verdad. Morada de Cristo. Allí, todo Dios se recrea a sí mismo en la eterna creación.


Hijas e hijos míos. En verdad os digo que un reino de pureza y santidad se erige esplendoroso en el centro de vuestro ser. Es la casa del Padre. Templo santo a la verdad, en el que habitan las maravillas que ni ojo vio, ni oído oyó. Os llamo a permanecer en él todos los días de vuestras vidas. Regaláos la paz de Cristo, que es el cielo de vuestros corazones. Haced de la verdad que sois vuestra eterna compañía. Y os aseguro que vuestras vidas respirarán belleza, libertad, santidad. Todo refulgirá en la luz del amor que sois. Conoceréis que ese mismo amor es lo que todo es, pues es el fundamento de la creación. Seres conocedores de la verdad. Y vuestra dicha será grande.


Dejad vuestra mente en libertad, para que vuestros pensamientos puedan volar al cielo de vuestro verdadero ser. Haced lo mismo con vuestros corazones. Amad en libertad. No los aprisionéis con estructuras que no pueden comprender. Vosotros que conocéis el lenguaje del amor, permitid a vuestros espíritus desplegar sus alas, para que el viento del amor hermoso los lleve allí donde desean permanecer, es decir en los brazos del divino amante de las almas. Haced que vuestras potencias vivan unidas a la verdad de lo que sois, de tal manera que puedan estar al servicio de la eterna co-creación de un nuevo amor santo, en unidad con el creador de toda vida. Haced que la luz sea lo único que contemplen vuestros ojos. Que vuestras miradas se posen en la hermosura que procede de la santidad. Y que vuestra memoria solo sea para recordar a Dios.


Hijas e hijos míos que estáis aquí junto a vuestro amor santo. Vosotros que escucháis Mi voz y la seguís. Esta obra es en sí una epifanía. Es un encuentro directo con el amor. Manifestación de una realidad profunda que se vive en la belleza de vuestros espíritus puros. Es la expresión viva de nuestra relación santa. Os aseguro que al recibir estas palabras en la santidad de vuestros corazones, os hacéis conscientes de nuestra eterna unión de amor. Por medio de ellas, vuestras almas entran en diálogo directo con lo eterno, escuchando la voz del cielo en el susurro de la santidad y la sutileza del amor. Aquí se encuentran el amante divino con la divina amada. Unidos en la armonía de la fuente y la extensión del ser. Abrazados por un amor que no tiene principio ni fin. Amor que no cesará jamás. Amor que es delicia de los ángeles. Éxtasis de los místicos. Desvelo de los buscadores de la verdad. Pasión de los que aman en santidad.

II. Palabra creadora

Cada palabra que brota de mi corazón está llena de luz. Inunda con sabiduría y belleza las almas. Alegra los corazones y hace descansar en paz a las mentes. Ella sale de las profundidades de mi divino ser y vuela por el cielo de la creación, alcanzando los corazones que debe alcanzar. Mi voz es como el viento, nadie sabe de donde viene ni a donde va, pero sopla. Siempre sopla el viento de mi amor. Allí donde es recibida, crea vida, hace renacer la esperanza verdadera. Extiende plenitud. La plenitud de la ley soy yo, porque solo el amor puede hacer que algo sea pleno. Los sistemas del mundo solo pueden cumplir el propósito de contribuir a la realización de la humanidad en la medida en que estén cimentados en el amor. De hecho, si lo observáis bien, cuanto más se alejan de él mayor es su caída y con mayor crueldad sucumben.


Gobernantes de la tierra. Y por tal no me refiero solamente a los que ostentáis ese cargo en los sistemas gubernamentales, sino a todos los que camináis por ella como seres humanos. Pues todos gobiernan algo de un modo u otro. Algunos sus hogares, otros sus talleres, otros sus vidas. Algunos naciones. Y otros instituciones. En fin, que todo poder de gobernar es lo mismo. A vosotros os digo que, si el basamento de vuestros propósitos y acciones no es el amor, crearéis dolor. Pero si el amor ocupa el lugar que le corresponde; es decir el primero junto a la verdad, que es su eterna compañera, estaréis uniendo vuestro poder de crear al de Dios. En razón de ello, los frutos de vuestros gobiernos serán la paz, la prosperidad y la felicidad.


No os afanéis buscando estructurar sistemas que cambien de forma pero no de contenido. Eso carece de sentido, pues es perder el tiempo. Buscad simplemente basar vuestros anhelos y deseos sinceros en el amor y la verdad. Vosotros sabéis muy bien cómo hacer esto, porque esa sabiduría reside en vuestros corazones. Es la sabiduría del cielo que vive en cada alma. El conocimiento al que se retorna cuando se decide traspasar el portal de la verdad, para comenzar a vivir el cielo en la tierra. Y de ese modo traerlo a ella.


Haced que vuestras capacidades estén sujetas al amor y la verdad, y todo irá bien. No habrá nada de qué preocuparse. Aquel que tiene en sus manos la vida, os dará lo que necesitéis para que seáis felices, plenos y viváis por siempre como el realizado, o la realizada que estáis llamados a ser. Que nada turbe vuestros corazones. El amor vela por vosotros y por el mundo entero. En verdad, os digo que por medio de nuestra unión de amor, la cual se hace más visible en estas palabras, una nueva luz se vierte sobre la tierra. Un manantial de gracias inimaginables cae sobre ella. Y el amor de Dios la inunda con toda su dulzura.


Mi palabra es música para el alma. Alimento para el ser. Vida para el espíritu. Sin ella la vida se extinguiría, los planetas dejarían de girar y las memorias quedarían vacías de todo, al dejar de existir. No habría ni rastros de la existencia de las cosas. Mi palabra es pensamiento, amor, creación. Renueva la faz de la tierra. Y hace cantar a los corazones. Permaneced unidos a ella y recibiréis una bocanada de aire fresco que os dará descanso en el camino hacia el abrazo eterno de nuestro amor. Soy el que nunca se ha ido y el que vendrá. Puedo ser tu ahora y tu mañana, porque soy el tiempo unido a la eternidad. Vivo en ti, tal como vivo en la belleza de una flor. Y tu vives en mi, tal como lo hace toda la creación.


Bendito seas tú que escuchas mi voz y la sigues.


Que la paz y el amor sean los únicos baluartes de tu corazón, como lo son para Mí. Para que vivas eternamente en la concordia de la santidad.


Gracias por responder a mi llamada.

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