• Sebastián Blaksley

Capítulo 55 - Relaciones puras

Hijitos míos,


Os bendigo en la santidad de Cristo. He venido una vez más a morar con vosotros por la simple razón de la caridad. El amor me mueve. El amor me alimenta. El amor es mi ser. Quiero invitarlos incesantemente a entregaros a la Madre del amor. Vuestro yo herido será sanado y abrazado por la ternura de mi corazón inmaculado. El dolor vivido será transformado en un mayor conocimiento del amor de Dios, y con ello borrado de vuestra memoria por medio de las aguas del perdón de Cristo. Vuestras lágrimas serán transmutadas en risas y jolgorio, tal como un día el agua fue cambiada en vino para la fiesta nupcial.


Todos lleváis en vuestros corazones alguna herida. Todos tenéis vuestras cruces. Algunas más pesadas que otras. Algunas más grandes, otras más pequeñas en apariencia. No las carguéis en soledad. Dádmelas a Mí. Yo se la entregaré a mi divino hijo Jesús y Él las cargará por vosotros. De ese modo os liberaréis del peso que conlleva.


Vivir en la verdad es también reconocer que hay cosas que no proceden del amor. Por ende, causan dolor. La herida que no es reconocida y entregada al amor de Cristo no puede ser sanada. No necesitáis saber los detalles de esa herida, ni tampoco entenderla. Vasta con estar atento a cualquier sentimiento doloroso que sintáis; o cualquier des-armonía que experimentéis o veáis en vuestras vidas, abrazarlo en vuestra consciencia, y llevarlo hasta la fuente del amor hermoso que vive en vuestro ser.


Por sus frutos los conoceréis. Por lo tanto, discernid a la luz de los efectos. Lo que procede del amor crea efectos de paz y armonía. Lo que procede de una falta de amor provoca miedo, disensión y pérdida de la serenidad de espíritu, entre otras cosas. El corazón será siempre la guía perfecta en vuestro camino de luz. Cuando esté exaltado, o sea presa de la ansiedad e inquietud, simplemente retornad al centro de vuestro templo interior. Llevad amor a esa parte herida de vuestra alma. Amaos a vosotros mismo con pureza.


Amar con pureza es amar incondicionalmente. Es llevar amor a las heridas, es abrazar al niño que llora en el interior de los corazones. Es acariciar al alma que sufre en silencio, o vociferando. Es tener compasión de todos, empezando por vosotros mismos. Quien no se ama no puede dar amor verdadero. El alma da lo que se da a sí misma. Tal como es adentro, así es afuera.


Los que por tanto tiempo han vivido sin la experiencia del amor puro, aquellos que no han sido bien amados, encontrarán en Mí el amor que no os ha sido dado. Mi corazón puede llenar de luz todo espacio que en vuestros corazones haya quedado vacío de amor. No hay dolor que no sane en Mí. No hay torcedura que no sea enderezada por mi inmaculado corazón. No hay mal que no sea transformado en bien, cuando es entregado a María.


La fuerza del amor que procede de mi corazón, y del sagrado corazón de Jesús, os pertenece por derecho de nacimiento. Es el mismo poder que procede de Dios, en quienes somos uno. Os llamo por amor a permanecer en la unión de los tres corazones. A tomaros de la mano de la Madre y del Hijo. En nuestra unidad de amor perfecto viviréis dentro del refugio de amor divino.


Todo lo que procede de Dios goza de perfecta certeza. Vuestro ser no es la excepción. Os invito a vivir en el conocimiento de que existe un amor que no tiene principio ni fin, el cual está disponible en todo tiempo, lugar y circunstancia dentro de vuestros corazones. Podéis sentirlo. Podéis compartirlo. Podéis darlo y recibirlo.


Cuando os unís a la fuente de vuestro ser, experimentáis la sanación que ya se os ha dado y que es eterna. Con amor y santidad os digo que aquello que sois en verdad, nunca ha sido dañado. Permanece eternamente en la armonía del Cielo. Permaneced allí. No hay necesidad de salirse de la morada santa.

Hijitos bien amados. Las relaciones son sagradas. Dios las ha creado para que podáis vivir en la verdad.


Si se establecen desde el espíritu de amor, serán relaciones divinas en razón de su fuente. Y dado que todo lo que procede de Dios es dicha y elevación, creceréis en el conocimiento de la consciencia del amor. Todos los yoes establecen relaciones, sean las que sean. No se puede vivir sin ellas. Lo único que se puede hacer es disponerse a vivir la relación santa, o a permanecer atrapados en el laberinto de la relaciones especiales donde reside el ego.


Una vez que el corazón ha sanado, comienzan a establecerse vinculaciones puras, inocentes, divinas. Ello se debe a que la energía relacional que irradia el alma, ha pasado de ser tóxica a ser pura. Las almas generan una fuerza de atracción sobre aquello que es semejante a su vibración afectiva. Es decir, que tienen la capacidad de atraer hacia sí mismas, lo que es capaz de unirse a su modo de sentir en el presente. Si siente envidia, atraerá la codicia. Si siente compasión, atraerá amor. Os insisto amorosamente en que mantengáis limpios vuestros corazones de cualquier sentimiento que no sea amor. Tener ordenada el alma hace que la armonía se una a ella. Y con ello, la felicidad que siempre existe donde reina la concordia.


Poned en mis manos toda experiencia de relaciones especiales que sintáis que habéis tenido, y que de un modo u otro os desvió del propósito del amor. Yo las tomaré y haré en ello el milagro de la resurrección. No en razón de mi poder, sino en razón del amor de Dios que vive en mí.


Dejad que la sabiduría os lleve por donde sabe que deben ser llevados. El Cristo universal, de donde surge vuestro Cristo personal, vela por todos. Ilumina el camino. Mueve los obstáculos. Lleva al alma por praderas llenas de verdor.


Una vez que me hayáis entregado cualquier preocupación que haya anidado en vuestros corazones, o cualquier dolor vivido, os pido que confiéis en el poder del amor de María. Os pido que soltéis todo en Mí. Y no penséis más en ello. Yo la Madre me ocuparé de todo lo que me permitáis en vuestras vidas. Os invito a vivir alegres en mi amor. Os regalo la vida eterna. Os doy mi paz.


Gracias por escuchar mi voz y seguirla.

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