Capítulo 62 - Coro de María, madre divina

Hijitos bien amados,


La paciencia es una virtud muy apreciada por el Creador. Ella os ha sido dada como regalo del cielo, para que podáis esperar sin ansias las maravillas que Dios creó para cada uno de vosotros. El amor se va desplegando a cada instante. El flujo de la vida se mueve desde el corazón del Padre y la Madre divina hacia la realidad de lo que sois. El movimiento del amor nunca cesa. Todo lo que vuestras mentes pueden llegar a imaginar es nada en comparación a los regalos que desde el cielo os están esperando, para que los recibáis ahora mismo con las manos abiertas de par en par, y un corazón agradecido.


Aprended a vivir sin miedo, vosotros que habéis elegido solo el amor. Poco a poco os iréis acostumbrando a la presencia de Cristo en vuestras vidas. No os desaniméis, si creéis que el mundo no avanza hacia la luz del amor eterno. La mente humana no puede ver la totalidad. Su limitada manera de entender puede llevar al alma a la confusión, si no se la une con la verdadera fe.


Os estoy revelando una gran verdad. La fe es el tesoro que Dios ha dado al hombre, para que por medio de ella suplante aquello que la mente perdió cuando pasó del conocimiento a la percepción. Es un medio perfecto para la compleción. Una vez que el verdadero saber sea reintegrado a vuestras mentes santas, la fe se desvanecerá, retornando a la eterna amorfia de Dios, que es de donde procede.


A los efectos de esta obra, considerad a la fe y a la confianza como una unidad. La primera vive en la mente por medio de las creencias. La segunda en el corazón, por medio de la intuición de la verdad. Certeza que existe en vuestra alma desde antes de que exista el tiempo.


Sumergíos cada vez más en mi amor de Madre divina. Permaneced en el abrazo de Cristo. Es dentro de Él donde encontraréis el refugio para estos tiempos de tanta agitación en el mundo. Si os ancláis a Mí, nada os hará sucumbir. Yo soy la roca firme sobre la que está edificada la casa de la verdad. Ni los vientos de las pasiones, ni los arrebatos de los impulsos humanos, ni la insensatez del sistema de pensamiento de miedo podrán siquiera moveros un ápice, si os aferráis al amor divino que vive en vosotros en la unidad de Cristo.


No os alejéis nunca de la Madre. Estos mensajes son un medio para que os unáis más al Cielo. Hacedlos vuestros, porque lo son. Puedo hablaros por medio de estas palabras porque soy Madre de la Palabra de Dios. Soy creadora de vida, porque soy una con la fuente del ser, al igual que lo sois cada uno de vosotros. En nuestra unión reside un poder que sobrepasa toda medida humana. Juntos, no solamente podemos iluminar al mundo, sino crear universos completos. Podemos atraer los milagros del amor hermoso sobre la vida terrenal.


Os invito a vivir pacientemente. A dejar a un lado las ansias que proceden del miedo. El ajetreo del mundo muchas veces os arrolla hacia tierras enlodadas. Y cuando eso sucede os hacéis todo un desconcierto en vuestro interior. Perdéis la armonía y con ello la alegría que procede de la paz. Por esta razón es que en ciertas ocasiones os alejo del mundo. Para que podáis retornar a la consciencia del amor que sois en verdad.


Hijos míos. No existe una sola meta del mundo que tenga sentido. Abandonadlas todas de una vez. Seguid solo los caminos que os traza el amor. ¡Que hoy sea el día en que volvéis vuestra espalda al mundo y miráis cara a cara a la verdad! Esto no requiere despreciar al sistema de pensamiento que le dio origen a un mundo sin sentido. Hacer eso sería señal de que creéis que ese mundo ha tenido impacto sobre vosotros, y os ha hecho daño de alguna manera. Sin embargo, los que viven en la verdad saben que eso no es verdad. El mundo es tan impotente para con vuestro ser, como lo es un pequeñísimo copo de nieve para con el sol.


Las ansiedades que ahora experimentáis proceden de una falta de entendimiento. Sin embargo, no perdurarán mucho tiempo en vuestros corazones. Las ansias nacen de la ignorancia, de ella se alimentan y en ella crecen. El amor nunca tiene prisa. Sabe que no puede ir a ninguna parte porque lo único que existe es su infinita realidad eterna. Os invito a vivir sin miedo. A entonar una nueva canción. Haced de vuestro canto un himno de alegría y gratitud. Quien vive en Mí no debe temer nada, ni siquiera al miedo. En mi corazón inmaculado hay un refugio seguro para cada alma. Hay una mansión preparada para cada uno de mis hijos, esperando a ser habitada.


Hijitos míos. Os hago llegar estos mensajes por amor. Vienen a vosotros en razón del designio divino. Nada sucede por causalidad en el reino de Dios. Estas palabras os son regaladas por el Corazón Uno, única fuente de sabiduría y verdad. Recibidlas y acunadlas en vuestros corazones. Acogedlas como si se tratara de gotitas de agua que descienden del cielo. Llenas de inocencia y de amor. Llenas de ternura y de deseo sincero de unirse a vosotros en santidad. Son palabras de la Madre del Cielo. Son un cántico de esperanza para la humanidad. No creáis que están separadas de vosotros. Son la expresión viva de un diálogo incesante que existe entre la Madre y el hijo, entre el alma y su creador.


Cuando recibís mis mensajes, una lluvia de gracias se derrama sobre vuestro ser. Todo lo que forma parte de vosotros es embebido por este movimiento de la Gracia, suscitado como efecto de pasar a solas un tiempo conmigo. Cada instante que os unís a mi inmaculado corazón por medio de estos mensajes, os estáis uniendo más al amor de Dios. Estáis trayendo el Cielo a la tierra. Esto se debe a que en vuestra unión con el amor reside todo poder y toda gloria.


Sed pacientes con las obras del espíritu. En el plan que Dios tiene para cada uno de sus hijos en la tierra, existe un tiempo para cada cosa. Un lugar para cada expresión. Todo se despliega en armonía. No hay necesidad de acelerar, ni de detenerse. Solo es necesario dejarse llevar por el viento de su soplo de amor vivo. Él sabrá cómo conducir los destinos de su obra. Os digo en amor y verdad que Dios os está llamando, a uniros al movimiento del amor hermoso que ha creado para aquellos que desde la tierra quieran vivir como los Cristos vivientes que son en verdad.


Dios ha restaurado en ti lo que necesitaba ser restaurado. Ha sanado las heridas de tu corazón. Ha reunido lo que estaba disperso en tu mente. Ahora te llama a que te unas a Él para seguir extendiendo la creación eternamente. Te está llamando a formar parte de su movimiento. A permanecer en la Gracia divina. En su designio ha concebido esta obra. Para que todo aquel que reciba con amor estas palabras, se una al segundo advenimiento en la santa expresión de la verdad de su ser. Por este medio, juntos reuniremos las voces que conformarán uno de los coros de amor y santidad de la segunda venida de Cristo. Nuestro coro irá creciendo cada vez más en número, melodías y tonos, en virtud de las nuevas voces que se irán sumando. Será un canto de esperanza. Un himno a la alegría. Una nota del cielo.


Amados creadores de este bendito coro del segundo advenimiento. No le neguéis al mundo la belleza de vuestra voz. Responded a esta llamada ahora mismo. No con ansias sino con júbilo. Os espero con los brazos abiertos. En mi corazón inmaculado existe un lugar para cada uno de mis hijos. No os privéis de la belleza del amor divino. Venid al cielo. Unidos somos la luz del mundo.


Benditas sean las almas que alaban a Dios.


Gracias por escuchar mi voz.

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