Capítulo 66 - El hijo resucitado

Amadísimos hijos del cielo,


En vuestros corazones vive Dios. En el centro de vuestras almas reside Cristo. Uníos a Él. Vivir en unidad con el Cristo interior es vivir en la integridad del ser. Cada uno de los seres creados posee dentro de sí al amor creador.


Hoy quiero pediros que no caigas en la trampa de pensar que escuchar mi voz es propio de algunos seres especiales. Todos son mis hijos. Y la Madre le habla a todos por igual. Es cierto que no todos responden con la misma dedicación y fidelidad. Aún así, Mi voz está activa en todo tiempo, lugar y creación. La voz que brota de mi ser es la voz de Dios, ya que en mí no existe nada que no sea de Él. Lo mismo ocurre cuando vosotros os unís a vuestra verdadera identidad crística.

Haceos uno con la voz interior. En ella oirás grandes cosas. A medida que os dispongáis a oír, escuchareis. Y os iréis haciendo cada vez más capaces de vivir desde esa voz que vive en vosotros pero es de Dios.


Creer que la voz del amor solo puede ser escuchada y seguida por algunos es creer que Dios es injusto. Os invito a meditar acerca de este mensaje. En él hay una gran revelación para el mundo entero. ¡La Madre ha venido!¡La Madre está aquí! Escúchenme. Cada día me manifestaré más. Estáis en perfectas condiciones de oír mi voz, y con ello la voz del Cielo. Por todos los rincones del mundo estoy hablándole a mis hijas e hijos. Algunas de esas manifestaciones se han hecho extensivamente conocidas en varias partes del mundo. Sinembargo, la mayoría no son tan visibles. Tampoco necesitan serlo. La ovación es necesaria a veces. Por ello es que en ciertas oportunidades Dios se vale de ello para el bien de la humanidad. Sinembargo, la fuerza de la celebridad no es algo propio del Cielo. Al amor solo le importa el amor. Lo demás está demás. El que pueda entender que entienda.


Así como un niño necesita tiempo para poder empezar a hablar, y luego más tiempo para desplegar la totalidad de la capacidad de su lenguaje hablado, por medio de palabras y símbolos. Así ocurre con el alma que, habiendo estado durante tanto tiempo desconectada de la voz de la verdad, retorna al amor. Al principio no logar distinguir con claridad esa divina voz que habla en su interior. Pero poco a poco se va acostumbrando a ella, en el sentido en que acepta que es una voz que no le pertenece y sinembargo se habla en su interior. Comienza a recordar que la mente de Dios es la que piensa en la mente del hijo. Y que el corazón de Dios es el que ama en el corazón del hijo.


Cuando el alma retorna al amor, sus capacidades místicas - un día adormecidas - se ponen nuevamente en movimiento. La mente se centra en la verdad y no se complace con otra cosa que con ella. El corazón se ensancha, pasando por un período de sensibilidad, necesario para poder unir en la consciencia los sentimientos, emociones y pensares. La memoria comienza a dirigirse hacia la unión con una remembranza que está más allá de la capacidad de los recuerdos cognitivos. Es una memoria ancestral. Es el recuerdo de Dios que despunta en la mente del hijo resucitado al amor.


Una cosa es comenzar a aceptar que Dios vive en uno y otra es hacer de esa eterna verdad la única realidad de vuestras vidas. Una vez que escucháis la voz de la verdad expresándose en vosotros es necesario dar el paso natural siguiente. El de seguir lo que esa voz dice. Es insensato no vivir en unión con la verdad cuando la habéis alcanzado. Carece de sensatez vivir una vida sumergida en el miedo cuando habéis encontrado al amor.


Hijitos de María. Vosotros que tenéis el privilegio de recibir estas palabras del Cielo. Os he venido a recordar una vez más, que ya habéis encontrado. Que no hay necesidad de seguir buscando. Que vuestros pecados han sido perdonados, no existen ni siquiera rastros de ellos en la mente de Cristo. Que vuestras manchas han sido lavadas y vuestras almas resplandecen en la blancura de la santidad. Sois los hijos resucitados al amor. Os invito a vivir como tales. Id por el mundo con una sonrisa. Vivid serenos en la certeza de que estáis haciendo la voluntad del Padre de los cielos. Tened por seguros que esta Madre divina va con vosotros donde quieras que vayáis.


Cuando Dios os llama, cosa que hace constantemente en todos, lo hace para que viváis en la felicidad duradera. En la respuesta dócil y alegre a Su llamada reside la plenitud de los anhelos de vuestros corazones. Cuando os dedicáis a vivir para el amor, conforme a la llamada que vive en vuestro interior, vuestros sueños verdaderos se realizan, vuestros deseos más profundos se cumplen. La vida que se experimenta es más feliz de lo que siquiera podéis imaginar. Es una vida dichosa. Un descanso del alma que sabe que ha llegado, que sus metas han sido alcanzadas. Y que su realización es verdad. Por esta razón es que mi voz os llama constantemente a la paz. Para que en la quietud del alma podáis oír la voz del divino amor. Y escuchándolo, lo sigáis sin vacilación alguna.


Cuando os unís a Cristo y permanecéis en Él, vuestras vidas no solo cobran sentido trascendente, sino que sois llevados a vivir en la alegre aventura de lo divino. Los milagros se suscitan a cada paso. La realidad del plan de Dios se despliega frente a vuestros ojos. Comenzáis a jugar el juego del amor hermoso. Un juego en el que el asombro es su sello. La novedad su constante.


Con Cristo, lo nuevo se va creando a cada instante. En Él no existe repetición. No hay espacio para el aburrimiento, ni para la apatía. Dios es eterna creación. Es misterio que se va develando a cada paso, y recreando a cada instante. A medida que se desentraña un “pedacito” de él, un nuevo universo insondable de maravillas eternas se hace presente en la mente que quiere saber con el saber del cielo.


Hijos míos. Os estoy llamando a la verdadera felicidad de los hijos del amor. Os convoco a vivir alegres en Cristo. A recorrer vuestros caminos de la mano de vuestra Madre divina, y de vuestras hermanas y hermanos en santidad. Soltad todo pensamiento que os quiera detener. No lo necesitáis. Avanzad seguros hacia el eterno júbilo celestial. Vivid en él. Venid a caminar conmigo. Unidos crearemos a cada instante un nuevo Cielo y una nueva tierra. Extenderemos la dicha de la santidad. Y los corazones cantarán alegres el himno de la vida.


Os bendigo en la en la dicha sin fin.


Gracias por recibir mis mensajes.

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