• Sebastián Blaksley

Capítulo 7 - Oración: portal a la divinidad

Cuanta alegría siente el corazón que permanece en la unidad con todo lo creado dentro del abrazo del amor. Que dicha es vivir en paz. Que regalo más bendito es permanecer en mi corazón inmaculado, dentro del cual reside la realidad del amor santo.


Soy una madre que acompaña siempre porque soy la madre del amor y el amor es presencia. Tengo el poder de hacer llover un diluvio de milagros y bendiciones divinas sobre tu vida y la de todo el mundo. Pero de nada sirve ese poder fuera de la unión. Es por ello que una y otra vez te pido que permanezcas en mí. La oración es el vehículo de los milagros y el alimento del alma. Es la realidad dentro de la cual se vive en amor divino. No existe relación sin diálogo. Por esta razón es que el corazón busca siempre dialogar con su creador a quien conoce muy bien. Porque sin él no puede ser consciente de la unión con su fuente.


Toda oración que brota de la confianza es una plegaria de amor. Por lo tanto, es perfecta. Poco importa la forma en que esta se manifieste, puesto que si la motivación de la oración es permanecer unido a Dios, los efectos de la unidad serán su consecuencia inevitable. El amor no repara en las formas, aunque las integre y utilice al servicio de su expresión.


Los tiempos de la unidad, que son los tiempos que estáis viviendo, se caracterizan por la integración de la forma y el contenido en una realidad única, no existiendo distancias entre uno y otro. En cierto sentido podemos decir que el viaje del alma es un viaje que va, desde la creencia en la forma sin contenido, exaltándola y poniéndola donde no puede estar, es decir por encima de todo. Hacia el reconocimiento de lo esencial. Y luego a la integración de ambos uniéndolas a la fuente del amor hermoso.


Reunir todo lo que es verdad en mis hijos para trascender esa unión e ir más allá de lo imaginable, allende lo que no puede ser puesto en palabras, es a lo que invito cada día en nuestra relación divina. Somos la Madre y el Hijo, unidos por siempre en un amor filial que procede del corazón de Dios.

Orar es un servicio a la creación. Vivir en la unidad con el amor es el modo mas elevado de servir porque desde la unidad divina fluye a la creación todo tipo de bendiciones, gracias y fuerzas que hacen que tus hermanas y hermanos puedan ser plenamente felices. El poder de la oración es inconmensurable. No solo trae beneficios para ti, permaneciendo en la experiencia del amor puro, y con ello en la seguridad perpetua, sino que regala vida a todos y todo.


La oración es capaz de curar toda enfermedad, de resolver todo problema humano, de crear universos enteros, de sanar el planeta tierra y abrazar dentro del amor todo lo que existe y es. Nada queda excluido del poder de la oración porque la oración es una expresión sublime del amor. El alma sin oración desfallece, tal como le ocurre al hombre sin amor.


La oración es un diálogo de amor entre tú y yo. En ello radica su poder. Esta es la razón por la que la verdadera oración transforma. Permanecer en oración constante es permanecer unido a ese espacio de tu corazón donde existe una realidad silenciosa que nada puede perturbar. En esa profundidad del ser, que es la puerta de entrada a lo divino, el silencio del corazón, existe la relación más sagrada del universo. La relación más santa que pueda jamás imaginarse. La relación entre tú y yo. La relación de la vida eterna.


La oración de silencio es la más elevada que se puede alcanzar en el mundo porque es la oración del cielo. Todos pueden acceder a ella, tal como todos pueden acceder a su verdadero ser, el cual es uno con Dios.


Permanecer en silencio dentro del abrazo del amor es ser tú mismo en armonía con la voluntad del Padre de la creación. Desde ese silencio santo, la sabiduría del amor dictará lo que debe ser dicho, o no, a su debido tiempo. Lo que debe ser hecho o no, en el momento que el designio de la verdad así lo decrete. Es en ese silencio donde haces milagros, sanas las heridas tanto tuyas como de los demás, incluso sin necesidad de pedirlo. La mente divina conoce todo y sabe muy bien lo que hay que hacer o no. No necesita de las palabras. Ni siquiera necesita de tu reconocimiento. Solo necesita que te unas a ella en silencio y con humildad. Esto es contemplación.


El verdadero silencio - en el que la oración se eleva hasta el corazón mismo de Dios - procede de la ausencia de juicios. Todo intento consciente que haces de conectarte con el silencio de tu corazón, es un decreto que emites al universo para dejar a un lado los juicios; y con ello, de vivir en la santidad del ser uno.


Hijos míos, os invito a no dejaros engañar por el parloteo de la mente pensante, vuestra o de otros, la cual durante tanto tiempo ha estado tan activa que parecía no dejaros en paz. Poco a poco ese ruido interior se va desvaneciendo para dar paso al gozo del silencio de la paz. La mente permanece sana y salva cuando reposa en Mí corazón inmaculado. Así es como retorna a la casa del amor santo y descansa en la paz que no tiene contrario, la cual procede de la certeza de la verdad.

Embelleced vuestras vidas, permaneciendo en oración. Haced del silencio vuestro fiel compañero. Con él van siempre la verdad y el amor.


Recordad que el silencio es el portal a la divinidad. Ahí es donde me encontrarán siempre. Allí es donde habita la dulzura del amor. Es allí, en el hondón de vuestro corazón, donde encontraréis vuestro ser santo. En él reside la fuerza que ha dado vida a todo lo que existe y es. En él encontraréis siempre a Dios, fuente de todo amor.

Os regalo una plegaria. Hacedla vuestra.

Padre celestial. Concédenos la gracia de acallar nuestros pensamientos para que podamos oír tu voz y de ese modo ser conscientes de nuestra unidad. Amén”

Ahora os dejo en el abrazo del amor.


Os expreso mi gratitud por extender vida, uniéndoos al movimiento del amor hermoso.


Os doy las gracias por responder a mi llamada.

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