Capítulo 7 - Oración: portal a la divinidad

Cuanta alegría siente el corazón que permanece en la unidad con todo lo creado dentro del abrazo del amor. Que dicha es vivir en paz. Que regalo más bendito es permanecer en mi corazón inmaculado, dentro del cual reside la realidad del amor santo.


Soy una madre que acompaña siempre porque soy la madre del amor y el amor es presencia. Tengo el poder de hacer llover un diluvio de milagros y bendiciones divinas sobre tu vida y la de todo el mundo. Pero de nada sirve ese poder fuera de la unión. Es por ello que una y otra vez te pido que permanezcas en mí. La oración es el vehículo de los milagros y el alimento del alma. Es la realidad dentro de la cual se vive en amor divino. No existe relación sin diálogo. Por esta razón es que el corazón busca siempre dialogar con su creador a quien conoce muy bien. Porque sin él no puede ser consciente de la unión con su fuente.


Toda oración que brota de la confianza es una plegaria de amor. Por lo tanto, es perfecta. Poco importa la forma en que esta se manifieste, puesto que si la motivación de la oración es permanecer unido a Dios, los efectos de la unidad serán su consecuencia inevitable. El amor no repara en las formas, aunque las integre y utilice al servicio de su expresión.