Capítulo 71 - Amor que ilumina

Hijitos míos,

Compartir la verdad que es siempre verdad es el deleite de los corazones que viven en la santidad del ser. En el Cielo, las almas se regocijan en una unión que lleva al ser a crecer en el conocimiento de la verdad y el amor. Vuestras mentes son los templos donde la verdad anhela ser adorada y vuestros corazones el único sagrario en el que el amor puede ser amado en la perfecta caridad.

Os invito a elevar cada día más vuestra realidad. Dios es la vastedad infinita de la eterna perfección. Siempre os podéis elevar más. Siempre os podéis hacer más como el Creador en Él. No existen límites a la elevación de la forma y el contenido. Vuestras almas son como luceros cuya luz procede de la luz Mayor y cuya fuente no cesa jamás.

Vosotros que recibís estas palabras, alegraos de todo corazón. Sois los hijos predilectos del amor de María. Sois aquellos que habéis dicho sí a la santidad del ser. La verdad resplandece en vosotros y por medio de vuestro dulcísimo corazón. Día tras día os vais haciendo más y más semejantes a la luz de Cristo.

Para quienes aún sentís algún recelo en relación a estas palabras, cuando os hablo acerca de mi predilección, os digo. Dios tiene sus preferidos. Ellos son los que se lanzan sin medidas y sin medir las consecuencias a los brazos del amor hermoso. Esta preferencia no excluye a nadie, ni hace que aquellos que no eligen el amor dejen de ser infinitamente amados por el Padre de toda santidad.

Mi predilección no es como la del mundo, puesto que tampoco mi amor lo es. Os amo con amor perfecto. Amor que salva. Amor que libera. Amor que es siempre verdad. Amor que os hace vivir tal como fuisteis creados para ser. Una vez más os recuerdo que solo existe un amor y ese es Dios.

Muchas veces vosotros pensáis en el amor como algo abstracto, desprovisto de identidad. Algo así como si fuera simplemente una idea o tal vez un sentimiento. Pero amados hijos e hijas mías, el amor es persona. Es ser. Es identidad de pura santidad. Posee una voluntad, una mente y un corazón. Y también posee la inherente cualidad de crear a su semejanza, extendiéndose por siempre. Es persona de la cual toda persona procede. Es el Yo Soy de la existencia. De ello surgisteis cada uno de vosotros. De ello es de donde vuestro ser recibe la fuerza vital que lo sostiene en la existencia.

Os he venido a hablar de la persona divina que crea toda identidad verdadera. Lo hago para que os acostumbréis a pensar en el amor como la persona que es. Eso os llevará a comprender en mayor grado la relación que podéis tener con el ser de puro amor que sois en verdad. El amor os está mirando. El amor está de pie junto a todo ser viviente con los brazos abiertos, esperando poder abrazar a sus criaturas bien amadas. Os contempla del único modo posible para Él, es decir con amor. Su voz está ansiosa por ser escuchada por vuestros oídos espirituales en el susurro de su armonía perfecta. Su sonrisa siempre afable, os quiere regalar la alegría de la paz y la seguridad, que solo la certeza de la sabiduría de Dios puede daros.

Hijitos de María. El amor ama a todos por igual, pero no en todo puede sentirse igualmente a gusto. No puede unirse a lo que no es semejante. Ni puede crear por medio de vuestras almas si vosotros no se lo permitís. Si hiciera eso, quedaría anulada la libertad. Y con ello se extinguiría la creación en menos tiempo de lo que lleva un abrir y cerrar de ojos.

Sed dóciles con el amor. Dejaos embeber por una relación que está más allá de toda palabra humana. Hablad con el amor. Él os está esperando con ansias inflamadas. Vibrad en la alegría de ser. Cantad con el amor y al amor. Danzad conmigo, la Madre del amor hermoso. Venid ahora y siempre a vivir vuestro Cielo en la tierra. Permaneced en la dulzura de mi corazón inmaculado. No os afanéis en intentar entender lo que no tiene sentido ni es necesario. Mirad las cosas como las mira María. Todo es cuestión de amor o de falta de amor. Todo converge en el amor. Si usáis este criterio de discernimiento, no podéis fallar.

La mente indisciplinada sale a vagar por mundos mentales cargados de una curiosidad que finalmente cansa, confunde y entristece. Si eso os sucede, retornad a la unidad. Allí donde la verdad resplandece en la simplicidad perfecta. Allí donde se erige el reino de los cielos. Donde solo existe un pensamiento, el amor.

Que nada turbe vuestros corazones. No os canséis con preocupaciones que solo buscan excitar las pasiones de un modo que desordena al alma, y os hace perder vista la experiencia de armonía y serenidad de espíritu. Vivid en la luz.

A medida que os vais iluminando más, vuestros cuerpos también son afectados. Van siendo cada vez más transparentes. Más traslúcidos. Su opacidad va aplacándose. Y por medio de ellos puede verse la luz de la vida. Haceos transparentes en el amor. Dejad que el sol perpetuo de la vida irradie su belleza en cada fibra de vuestro ser. En verdad, en verdad os digo que vuestro cuerpo puede ser transmutado por la luz de la verdad, hasta el punto de adoptar una textura tal que los hermosos colores de vuestra alma pura puedan ser vistos. Tal como si se tratara de un delgado velo puesto sobre la más hermosa de las estrellas del Cielo.

Renaced cada día en el amor. Sumergíos a cada instante en el insondable océano de la verdad. Dejaos inundar por la belleza de la vida eterna. Escuchad la voz del divino amado de las almas y vuestras vidas serán fecundas. Vuestra existencia en la tierra será un canto de alabanza a la verdad. Crearéis un nuevo mundo basado en la santidad. Podréis vivir como lo que sois, humanidad divinizada. Las hijas e hijos de Dios, renacidos de las aguas del perdón y el amor.

No os apartéis nunca de mí. Mirad que el tiempo no es eterno. No os demoréis en venir a mí cada mañana. Dejad los asuntos del mundo para los que son del mundo. Vosotros permaneced en la unión con Cristo, desde donde el flujo del divino poder fluye hacia toda la creación. Desde la unidad transformaréis al mundo mucho más de lo que sois capaces de imaginar. Lo transformaréis por medio de la conciencia de Cristo en vosotros, único medio para crear lo nuevo, porque es la única fuente creadora. Dicho en otras palabras, el amor lo transformará por medio de vuestros corazones unidos a la verdad.

En la unidad, vuestra mente reposa en la paz de la santidad y vuestros corazones palpitan alegres al compás de la vida eterna.

Permaneced en mí, como si fuerais una niña en los brazos de su madre.
Os bendigo en la santidad del ser.

Gracias por guardar mis mensajes en vuestros corazones y por compartirlos con el mundo entero.
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