Capítulo 74 - Mente de Cristo

Actualizado: hace un día

Hijas e hijos míos,

No os perdáis en la inmensidad de formas que adopta la expresión. Esto no solo se refiere a las maneras en que la vida se manifiesta, sino al inabarcable universo del pensamiento. En el reino de las ideas todo es posible, pero no todo es verdad. La mente es ilimitada, sin embargo su vastedad puede no estar unida a la infinita realidad de la mente divina.

La mente no se puede limitar porque fue creada por Dios, al igual que tampoco puede serlo el alma. Ahora bien, que tengáis una capacidad inagotable para crear pensamientos, o mejor dicho ideas que brotan de vuestros pensamientos, no quiere decir necesariamente que esa facultad esté anclada a la tierra firme de la verdad.

Cuando la mente se desentiende del amor, pierde su raíz y se nutre de aguas turbias, lo cual la transforma en demencial y con ello en cruel. Una mente que no está unida a la única fuente del pensamiento que es la mente de Cristo, solo puede crear ilusiones. En esas creaciones, las cuales están alejadas de la manera de crear de Dios, solo puede existir confusión y cosas sin sentido, aun en el caso de que sean coherentes.

En el reino de las creencias siempre encontraréis espacio para la división. Esto se debe a que el amor – única fuente de unidad - no es una creencia, ni tiene relación alguna con ella. El amor es la fuente de vuestro ser. Es la esencia de la vida, es lo que hace que todo siga girando en un movimiento sin fin. El movimiento del amor hermoso.

La misión de vuestra existencia no consiste en llevar un mensaje al mundo, o de enseñar algo que creéis saber. Es, simplemente, ser el que sois en verdad. Eso no requiere de obras, ni de ir por el mundo a darse a conocer, como si fuerais un viajero universal que vino a la tierra a dejar un mensaje, e irse a vagar por mundos ajenos a la realidad de vuestros hermanos y hermanas. Esta concepción de la realidad no admite la unión del cielo y la tierra, meta de esta obra; junto al propósito de vivir como el Cristo viviente que sois en verdad.

Ser amor no es una meta, es la realidad de lo que sois. Pero lo que sí es la meta es vivir aquí, ahora y siempre en armonía con esta verdad. Si aún os preguntáis qué hacer, aquí está la respuesta; ama. Si aún seguís cavilando acerca de qué forma ha de adoptar vuestro llamamiento, os recuerdo que el amor no tiene forma.

Amad, y vivid amando. Creced cada día más en vuestra capacidad de amar. Mirad que nunca podéis agotar esa facultad de vuestro corazón. Siempre se puede amar más, y de modo más perfecto. La perfección es el camino eterno de la verdad divina. Nunca se agota. No tiene un puerto de llegada. Al igual que el amor perfecto, no tiene principio ni fin.

No os comparéis con nadie ni nada. No existe un solo ser creado por Dios que sea idéntico a otro. A cada cual su camino. A cada ser su expresión. A cada mente su manera de pensar. Os digo que hay tantas creencias como mentes existen. Y ninguna de ellas es la verdad. Solo el amor puede haceros vivir en la verdad. Esto se debe a que en realidad ambos son una unidad. No hay verdad fuera del amor. No hay amor fuera de la verdad. Intentad eliminar a uno de vuestra alma, y la otra se va volando.

Permitid que vuestra mente abrace la vastedad inabarcable de la verdad. Si esta permanece dentro de ella, vive anclada a su fuente natural, y con ello la cordura es su única realidad. La mente es para la verdad, lo que un pez es para el agua. Lo mismo puede decirse del corazón en relación al amor. Recordad que mente y corazón son una unidad, tal como lo son la verdad y el amor.

Tú que recibes estas palabras, no juzgues otros modos de pensar, pero tampoco te adhieras a un sistema de pensamiento que no es el que le corresponde a tu naturaleza. Sabrás cómo distinguir entre lo uno y lo otro por tus sentimientos. Siempre que te sientes limitado, es señal de que, de algún modo, tu mente se ha desencajado de la verdad y tu corazón del amor. El pez se ha salido del océano.

En la verdad no hay espacio para el conflicto. Por eso es tan importante vivir en ella. Si no hay conflicto, lo que reina es la paz. Y allí donde ella reina, mora el amor. Os digo estas cosas para que estéis prevenidos ante cualquier cosa que haga que vuestras mentes y corazones experimenten cualquier tipo de falta de armonía. En la paz reside la dicha. En la verdad la certeza. En el amor la plenitud.

Dios es amor y nada más que amor, por lo tanto es unidad. Llevar en alto el candelero de vuestras consciencias iluminando esta verdad, os permitirá evitar todo tipo de confusión en relación a las creencias. Estáis viviendo tiempos de libre expresión. En ningún otro tiempo la humanidad ha gozado de un marco de amplitud semejante al que ahora vivís para poder ser libres. Esto es un don y una responsabilidad. Es el don de la libertad llevado a la forma humana. Esto a la vez exige la responsabilidad de anclar vuestras mentes a la verdad y vuestros corazones al amor, para que desde la unidad de ambos aspectos de vuestro ser, podáis expresaros como el Cristo que sois en verdad.

Cuando la mente llega al punto de reconocer a la verdad como su fuente y su realidad, no permite que se adentre en ella nada que no proceda de Dios. Ha encontrado el refugio que un día había perdido y comenzó a buscar; primero a tientas y errando el tiro, luego rindiéndose a su fracaso, para más tarde ser rescatada por la luz de Cristo, y llevada nuevamente a la casa de la verdad, que es el único lugar en el que le corresponde morar.

Hijo bien amado. Dime, ¿dónde está la mente? ¿puedes verla con los ojos del cuerpo? ¿puedes asirla con tus manos? ¿de dónde obtiene la fuerza vital que le permite pensar? Estas preguntas, las cuales son una misma pregunta, son de gran importancia para aquellos que están bien avanzados en el camino de la verdad. Meditad acerca de ello.

Si observáis serenamente lo que ocurre en vuestro interior sin juzgar, os daréis cuenta de que la mente está allí donde están sus pensamientos. Pensad pensamientos celestiales y vuestra mente residirá en el cielo que Dios ha creado para sus creaciones. Pensad pensamientos infernales y vuestra mente morará en el infierno que ella misma ha creado. En otras palabras, dado que la mente verdadera mora en la mente de Cristo, solo en Él puede pensar pensamientos verdaderos. Cuando se separa de Él, se seca y marchita, como los sarmientos de una vid que al separarse del tronco pierden la vida. Permitid que vuestra mente piense pensamientos verdaderos y habitará allí donde habita la verdad.

Os invito a que permanezcáis unidos a la verdad eterna. En ella encontraréis la paz que anheláis y la belleza de un amor que no tiene principio ni fin. Dejad que sea Cristo quien piense por y en vosotros. Permitid que su mente sea vuestra mente. Entregadle a Él vuestra capacidad de pensar. De ese modo crearéis a la manera de Dios. Seréis unidad perfecta, que es aquello a lo que fuisteis llamados a ser desde toda la eternidad.

Compartid este mensaje.

Benditos sean mis hijas e hijos bien amados.

Gracias por escuchar mi voz y llevarla en el silencio de vuestros corazones.
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