Capítulo 75 - Corazón de Dios

Hijitos míos,


Gracias por recibir mis mensajes de amor y verdad. Desde el cielo de vuestra santidad os bendigo en la sabiduría del amor. Soy Madre de todos y todo. Soy la Madre del divino amor. Soy vuestra certeza a la realidad del reino.


He venido a deciros lo que en la profundidad de vuestras almas conocéis, pero no siempre recordáis o aceptáis como guiá para vuestra existencia. En este diálogo de unión, os recuerdo que así como las mentes piensan en la mente de divina, pues no pueden pensar sin estar unidas a la fuente del pensamiento, así también vuestros corazones permanecen unidos al corazón de Dios, y solo en razón de esa unión pueden palpitar.


La mente que se separa de Dios es una mente que piensa sin Él, y por ende su funcionamiento es contrario a la naturaleza del pensamiento. Lo mismo ocurre con vuestros sentimientos. Solo en Dios podéis vivir en el amor. Sin una fuente desde donde amar, no se puede amar. Sin una fuente desde donde pensar, no se puede pensar. Vosotros amáis porque Dios os amó primero.


Cuando mi divino hijo Jesús os dijo que sois como los sarmientos y os invitó a no separaros de la vid, lo que os quiso decir es lo mismo que aquí se recuerda. Cuando una hermosa flor se separa del tallo, languidece hasta perecer. De la misma manera ocurre con el alma cuando no está unida a la fuente de la vida eterna. ¿Puede el cuerpo humano vivir sin respirar? Es evidente que no. De la misma manera sucede con vuestros corazones. No pueden amar sin Dios.


Llenarse de Dios es llenarse de amor. Vivir en Cristo es vivir la verdadera vida. Caminar asidos al amor hermoso es recorrer el camino de la dicha sin fin. Es también inundarse de plenitud. El alma vuela cuando vive en Dios. La mente se despeja y piensa con claridad. Es iluminada por la sabiduría que procede de la mente de Cristo. El corazón canta, vibra y se alegra al oír la voz de Dios porque sabe


Quién es su fuente y su amado.


Os invito a leer con el corazón. A entender las cosas con el corazón. A poner el corazón en todo lo que hacéis, decís y pensáis. Si hacéis eso, en muy poco tiempo vuestras vidas estarán llenas de espíritu. Al infundir vida a vuestras acciones, vuestras obras serán santas en razón de lo que sois en verdad. Haced todo por amor. Dejad de hacer aquello que el amor os invita a no hacer. Pensad con amor acerca de vuestros semejantes y de la creación que os rodea. Comenzad a vivir exclusivamente en el amor. Amaos a vosotros mismo en Cristo.


Tened misericordia acerca de vuestras almas y de las demás.


Cada cual tiene su Goliat. Considerad esto. Si recordáis esta verdad y permanecéis en el amor, seréis más compasivos con los demás y con vosotros mismos. Algunos, tal como lo hizo el pequeño David, ha vencido a su ego, lanzándole la piedrecita de la verdad. Otros aún no.


Ser comprensivos es una de las formas que adopta el amor. Recordad que no todos alcanzan el mismo grado de sabiduría al mismo tiempo. En el plano de la materia y el espacio las cosas se desenvuelven por medio de procesos. Llevan su tiempo. No intentéis acelerar las cosas, ni retrasarlas. A cada cual le corresponde un camino. Solo la sabiduría de Cristo puede saber la causa por la que cada alma ha sido puesta en un lugar determinado, en una condición dada, y en una vida particular dentro el universo de la humanidad terrena. Solo Dios conoce a cada alma completamente.


Ser felices es la razón de vuestra creación. No habéis sido creados para ninguna otra cosa que esta. Por tal motivo es que la Madre os llama una y otra vez a vivir como Dios manda. Es decir, a la manera de Cristo.


Hijo mío. La santidad no es algo que haces o dejas de hacer. La santidad es tu realidad. Vivir en armonía con ello es vivir en la concordia del ser, única forma de alcanzar la plenitud. Un pez solo puede ser pleno siendo pez. De la misma manera, tú solo puedes vivir en plenitud siendo amor. Esto no es algo que se pueda enseñar ni aprender, pues la santidad está más allá de toda palabra, tal como lo está el amor, ambos son una unidad.


No hay santidad sin amor, del mismo modo en que no hay amor sin santidad. Ambas van siempre unidas entre sí y también con la verdad. De este modo forman una relación trina inseparable. De la santidad brota toda nobleza, del amor toda virtud y de la verdad toda paz. En ellas el alma se regocija siendo tal como Dios la creó para ser.


Permitid que vuestros corazones canten alegremente la revelación de este mensaje. Dedicad este día a la alegría del amor. Dejad a un lado toda preocupación. Permaneced en la luz de la santidad. Sentid la belleza de vuestros corazones. Abrazad vuestra perfección. Gozad de vuestra inocencia y pureza. En la sencillez del alma pura existe una dicha que no puede ser dada por nada que proceda del mundo. En ella, el alma sonríe con afable sonrisa, y permanece incólume en medio del mar tempestuoso de los avatares de la humanidad.


Volad hijos míos. Volad cada vez más alto. No temáis a las alturas. Mirad que nunca podréis llegar al sol.


Alegráos en la verdad. Sois los santos hijos del amor. Os envío por el mundo para que deis testimonio de vuestra santidad. La Madre os está llamando a expresar la belleza de vuestros corazones puros. A dar a conocer la inocencia de vuestras almas. A iluminar siendo lo que sois en verdad.


Escuchad todos. La grandeza de un hombre o de una mujer se mide en su capacidad de amar con amor perfecto. Así es como Dios mira las cosas. Cuanto más amáis, más os eleváis. Esto es lo que significa la elevación de la forma. No consideréis las cosas desde ninguna otra perspectiva que no sea la del amor.


Muchas veces creéis que os eleváis cuando adquirís más conocimiento. Eso es cierto, pero solo en la medida en que ese conocimiento sea el conocimiento del amor. Saber amar es propio de aquel que vive unido a Dios. Cuanto más os abismáis en vuestro ser santo, más grande es vuestra capacidad de amar con amor puro.


Os invito a crecer en el amor. A no detener vuestro vuelo.


Recordad hijos míos. Siempre se puede amar más y mejor.


Cada día podéis renacer en el espíritu. Que hoy sea uno de esos días. Y que cada amanecer os encuentre abrazados a la certeza de mi amor de Madre celestial. Vayáis donde vayáis, allí estoy con vosotros. Seáis como seáis, allí esta la Madre con su hija e hijo. Soy la incasable compañera de la humanidad. Soy vuestra amiga y vuestra salvación. Soy la madre de Jesús y madre vuestra.


Benditos sean los que escuchan mi voz y la siguen.


Gracias por recibir mi corazón.

12 vistas0 comentarios

Entradas Recientes

Ver todo