Capítulo 77 - Dios en vosotros

Hijitos míos,


Os bendigo en la luz de la Gloria que procede de mi divino Hijo Jesús y es fuente de vida eterna.


He venido a invitaros a iluminar al mundo por medio de la conformación de grupos de oración, tal como lo dispone la voluntad del Padre de todo lo santo, lo bello, lo perfecto. Los grupos serán diversos, según las formas de las creencias que tenga cada cual. Sin embargo, su propósito será el mismo; compartir la verdad en Cristo. Serán inspirados por el Espíritu Santo en vosotros. En ellos se hará presente mi divino Hijo Jesús. Y allí donde está Él está la Madre.


El Padre quiere preparar la segunda venida de Cristo, en gran medida, por medio de estos grupos de base. Por tal razón es que os hago este llamamiento. Abrid las puertas de vuestras casas a quienes busquen la verdad. Abrid vuestras mentes a aquello que está más allá de toda palabra, y vuestros corazones al amor divino.


Permaneciendo en oración, las virtudes retornarán a las almas que aún viven alejadas de ellas, y crecerán más robustas en aquellas que ya están viviendo en el camino de la santidad. No os olvidéis que el conocimiento procede de Cristo. En Él encontraréis la paz. Obtendréis la fuerza y la luz necesarias para transitar estos tiempos de grandes desafíos para la humanidad. Los transitaréis serenos, con la mirada puesta en el cielo y los pies en la tierra. No os perderéis en la inmensidad de los acontecimientos.


Así como a lo largo del tiempo Dios se ha encarnado de diversas maneras en el universo, y en todos los universos que existen, hasta llegar a la encarnación sublime en la carne humana con el nacimiento de Jesús, así ahora dispone encarnarse en cada uno de vosotros. Ya no existen barreras entre el Cielo y la Tierra. Ser el Cristo humanado es lo que estáis llamados a ser desde que la concepción virginal del Dios hecho hombre se realizó de modo perfecto. Regocijaos en esta verdad. Son tiempos de grandes revelaciones. Son tiempos de luz.


En verdad, en verdad os digo, que mi divino Hijo Jesús hará brillar en la luz de su Gloria un nuevo reino terrenal, donde Él y solo Él será el soberano. Será un reino de paz y belleza. Un reino plenamente humano, tal como Dios concibió a la naturaleza humana desde toda la eternidad. Y tan divino como lo es el amor. Las mentes vivirán iluminadas y la dualidad será plenamente trascendida. Todo lo que no es de la verdad será dejado atrás para siempre. Solo la santidad será el alimento imperecedero de cada ser. Esta nueva conciencia será plasmada en el plano del universo, tal como un día fue plasmada en él la consciencia dual.


El universo es, en cierto modo, como un reflejo de lo que acontece en la mente. Os digo en cierto modo, porque en la verdad Dios ha creado un universo benevolente donde solo reina la armonía, la belleza y la santidad. Sin embargo, sobre él se puede proyectar lo que la mente piensa. No solamente en forma de interpretación, sino también tergiversando su realidad. La mente puede negar la verdad o aceptarla. Puede concebir mundos irreales, utilizando la imaginación como fuente creadora en sustitución del modo de crear de Dios. De una manera de crear surgen las fantasías, de la otra la extensión de la realidad del amor. La experiencia de la dualidad acontece como resultado de la negación del amor como única realidad de vuestro ser y todo ser, es decir de la separación. Y del deseo de que ello sea verdad.


He venido a acompañaros en estos tiempos de Gracia sin igual. Os aseguro que no hubo jamás un momento en el que la Madre no haya estado velando por el mundo entero, incluso antes de que los seres humanos pisaran la tierra, tal como hoy lo hacen. Soy la eterna co-redentora de Dios. Soy el poder del amor hecho realidad en vuestra existencia, y en todas las dimensiones de la creación. Vengo a dar agua a los sedientos. A dar luz a los que aún viven en la oscuridad. A dar amor a los que se sienten solos. A llenar el vacío de Dios en las almas que aún no han reconocido a la santidad como fuente de la vida.


Vengo a daros amor divino. Vengo por designio del Padre, a caminar con vosotros en los tiempos del segundo advenimiento. Así como el plan de Dios quiso que la Madre fuese protagonista de la última fase de la encarnación redentora de su divina esencia, así también lo ha dispuesto para esta etapa en la que se Cristificará en sus criaturas.


Dios en vosotros es el término apropiado para definir la realidad de los tiempos que estáis viviendo. Son tiempos de una nueva humanidad, nacida hace dos mil años en Nazareth de la mano del Arcángel, como acontece en toda creación divina. Y llevada a la plenitud en la resurrección de Jesús.


El triunfo del plan de Dios está siempre asegurado. Él ha prometido la restauración de su reino en la tierra y en todas las dimensiones de la creación y así será. En vuestro interior podéis experimentar la realidad divina. El cielo no es algo ajeno a vosotros, sino que es lo que vosotros sois en verdad. Llevar a las almas al pleno conocimiento de ello es lo que constituye la salvación. No busquéis el reino fuera de vosotros, más bien dejad que os sea revelado por la sabiduría de Cristo.


La verdad solo puede ser conocida en unión y relación. Esto se debe a que solo puede ser revelada como lo que es, un diálogo eterno de luz y verdad. Dentro del diálogo conoceréis al amor. Dentro del diálogo encontraréis a vuestro verdadero ser. La unión de hermanas y hermanos bajo la luz de la verdad crea una fuerza que barre suave pero firmemente lo que debe ser barrido. Así es como la casa de la verdad es limpiada para permitir que el divino huésped de los corazones pueda morar libremente en ella.


Permaneced en paz. Confiad en el amor.


Os doy las gracias por recibir mis mensajes.

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