Capítulo 8 - En el amor de María

Hijos míos,


Cristo os está llamando desde todos los rincones del universo como nunca antes lo había hecho. Esta madre os convoca a la santidad. Os invito a elevar vuestras miradas para seguir creciendo en vuestro interior. Una vez que habéis llegado a la cima, debemos seguir avanzando hacia las alturas máximas del cielo. Habéis sido creados para permanecer en unidad con Dios. Esto es un don y una responsabilidad para con vosotros mismos, y el mundo entero.


Vuestros corazones llevan dentro de si el ímpetu de la santidad, la potencia del amor. Haced que esa fuerza os impulse y mueva a más amar cada día. Embelleced vuestra realidad regalando flores todos los días de vuestras vidas. Las flores de las divinas virtudes que el creador ha puesto en vuestras almas. Haced de la tierra un nuevo paraíso. Vivid en la verdad.


Queridísimos míos. Como Madre del amor deseo que os soportéis los unos a los otros con santa tolerancia. Cada cual tiene su tiempo. Cada cual su historia. Todos venís de realidades humanas diversas. Eso hace que a veces tengáis una visión de la realidad muy limitada. Esa limitación es muchas veces la base de vuestras disputas. Ninguno de vosotros sabéis qué cosa es la totalidad del alma de vuestras hermanas y hermanos. Tampoco conocéis los detalles del camino de cada espíritu. Por lo tanto, tratad de comprender a la humanidad y tened para con ella un sentimiento de pura co