• Sebastián Blaksley

Capítulo 8 - En el amor de María

Hijos míos,


Cristo os está llamando desde todos los rincones del universo como nunca antes lo había hecho. Esta madre os convoca a la santidad. Os invito a elevar vuestras miradas para seguir creciendo en vuestro interior. Una vez que habéis llegado a la cima, debemos seguir avanzando hacia las alturas máximas del cielo. Habéis sido creados para permanecer en unidad con Dios. Esto es un don y una responsabilidad para con vosotros mismos, y el mundo entero.


Vuestros corazones llevan dentro de si el ímpetu de la santidad, la potencia del amor. Haced que esa fuerza os impulse y mueva a más amar cada día. Embelleced vuestra realidad regalando flores todos los días de vuestras vidas. Las flores de las divinas virtudes que el creador ha puesto en vuestras almas. Haced de la tierra un nuevo paraíso. Vivid en la verdad.


Queridísimos míos. Como Madre del amor deseo que os soportéis los unos a los otros con santa tolerancia. Cada cual tiene su tiempo. Cada cual su historia. Todos venís de realidades humanas diversas. Eso hace que a veces tengáis una visión de la realidad muy limitada. Esa limitación es muchas veces la base de vuestras disputas. Ninguno de vosotros sabé qué cosa es la totalidad del alma de vuestras hermanas y hermanos. Tampoco conocéis los detalles del camino de cada espíritu. Por lo tanto, tratad de comprender a la humanidad y tened para con ella un sentimiento de pura compasión santa.


¿Cómo lograr eso? Poned todo lo que os mortifica en manos de esta Madre. En mi corazón inmaculado hay espacio para todos y todo. No actuéis como si estuvierais solos, librados a las fuerzas de la naturaleza. No lo estáis. Vuestra madre celestial está junto a vosotros siempre. Permaneced en mí. Habladme. Contadme vuestras hazañas. Compartid conmigo vuestros sueños y anhelos. Expresad ante mi corazón vuestras frustraciones, vuestros miedos y enojos. Vuestras penas y alegrías. Invitadme a formar parte de todo lo que creéis que constituye vuestras vidas. Todo.


No hay dolor que mi corazón inmaculado no pueda desvanecer para siempre, ni herida que no pueda sanar. Quiero ser unión en vuestra realidad humana. Quiero formar parte de vuestras relaciones.

Os ofrezco mi amistad divina. Os doy la paz de Dios que vive en mi corazón. Os aseguro que de nuestra relación santa surgirán frutos de plenitud. Podéis hablar conmigo, oírme y verme si lo deseáis. Quien me llama me recibe. Quien me busca me encuentra. En cada cual que me invoca me manifiesto conforme a la naturaleza de su corazón, tal como sucede en las diversas relaciones que tenéis en el mundo.


A la hora de venir hacia mí, para crecer cada día en nuestra intimidad de amor, no os preocupéis por lo que llamáis vuestros pecados, limitaciones e incapacidades. Mi amor es mucho más grande que todo ello. Esta madre no está interesada en argüir con sus hijos, aunque como vaso de sabiduría que soy, si deseáis recorrer conmigo el camino del devenir de la mente pensante, os puedo llenar de verdad y crear una nueva inteligencia, en unión con vosotros y Dios Padre creador. No es que la cree yo propiamente dicho, pues todo milagro procede de la fuente de la vida que ha dado existencia a todo lo que existe, se mueve y es. Causa primera y ultima de la realidad. La esencia. Solo Dios hace milagros y los hace en unión con nuestros corazones unidos en santidad.


Quiero llenar vuestras vidas de alegría duradera. Quiero pintar de colores tenues y hermosos vuestras sonrisas. Colorear vuestros corazones con las luminosas realidades del cielo. Un mundo maravilloso, lleno de amor y bondad está aquí, dentro de vuestras almas. Ser conscientes de él es posible. Gozar para siempre en su eterna realidad, también. Es allí donde os espero. Es allí donde vuestro ser os espera todos los días de vuestras vidas. Donde la verdad acerca de lo que sois, y de lo que es la vida, reside.


No os miréis tanto a vosotros mismos. Tampoco a los demás. Fijad vuestras miradas en mi amor. Os doy mi rostro, dibujado, pintado y esculpido de incontables maneras a lo largo de la historia de la humanidad, y más abundantemente en los últimos milenios. Lo hago para que tengáis un forma en la que depositar vuestro anhelo de unión divina. El hombre necesita de la forma para conocer el contenido. Ambas son una unidad. Por esta razón es que Cristo se ha encarnado.


No os estoy llamando a cumplir un precepto, ni a seguir una norma. Os estoy llamando a vivir en el amor. Os estoy convocando a formar parte de un movimiento que fue creado en el cielo y ahora se manifiesta en la tierra. El movimiento del amor hermoso.


El mundo necesita conocer la belleza del amor. Vuestras hermanas y hermanos están anhelantes de la experiencia del amor puro. Está cansado de las contaminaciones externas e internas. Ya la miasma de pecado y desamor ha llegado a su cenit. De aquí no pasará. Esto es palabra de Dios.


Os aseguro hijitos míos, que vuestras conciencias se están despertando cada vez más, de una manera que nunca antes había sido vista en la tierra. Estáis viviendo en los tiempos del despertar de las consciencia al mor. Sois testigos vivientes de esta verdad. Tened fe en la vida que Dios ha creado. No dudéis ni un instante en que Jesús y María os bendicen y están a las puertas, llamando a todos para ingresar en vuestras casas interiores y hacer morada santa en vuestros corazones. Vivid en la esperanza que no defrauda. La cual procede de la certeza de saberse hijos de Dios. Todo el poder de Dios está unido al poder del amor, pues son uno y lo mismo. Meditad acerca de ello.


Así como cada uno de vosotros tenéis la capacidad de resiliencia. También lo tiene la humanidad como un todo. Sois uno y todo a la vez. Nada está desconectado de la totalidad, ni siquiera el falso mundo de la autonomía. Os digo esto para que reflexionéis acerca del destino de la vida. Especialmente de aquello que llamáis vuestro planeta o vuestro mundo.


Es cierto que la humanidad ha tenido una relación llena de desamor para con la naturaleza. Llevan miles de años de ello. Pero también es cierto que eso ha quedado atrás. La humanidad se relacionará cada vez con más amor para con todo, incluyéndose a sí misma. Hará eso hasta envolver toda la vida dentro del abrazo del amor. Esto se debe a que el movimiento de la consciencia de Cristo ya está aquí. La potencia del amor de Dios unida al universo de la forma ya se ha echado a andar. No habrá fuerza capaz de evitar su infinito despliegue. El amor avanzará sin que nada ni nadie pueda detenerlo. En esto consiste el triunfo de mi corazón inmaculado.


Cada uno de vosotros, que sentís el llamado del espíritu a invitar a los demás a que crezcan en la consciencia del amor a la tierra y todo lo que forma parte de ella, y a hacer de vuestro mundo un mundo muchos más amoroso, también sois instrumentos de Cristo en la nueva consciencia. Os doy las gracias por vuestro sí al amor. Os invito a poner vuestro llamamiento también en mis Manos para que, como Madre de la vida haga llover sobre la tierra un diluvio de bendiciones, y de ese modo sanar la tierra y las consciencias.


Os llamo a acepar el hecho de que cada ser viviente, cada aspecto de la creación, es tan sagrado como lo es Dios mismo y cada uno de vosotros. En cada elemento, en cada flor, en cada gota de agua vive Dios. En cada viento sopla el espíritu de vida. Amad la diversidad divina. Haceos uno con la inabarcable vastedad del universo, para que podáis ser conscientes de vuestra ilimitada amplitud. Abrid vuestros corazones y comenzaréis a escuchar el canto de la vida. Las melodías de la creación. Amad en mí, todo lo que existe. Esto es amar a la manera de Dios.


Os bendigo a todos. Vivid por siempre en el amor de María.

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