• Sebastián Blaksley

Capítulo 9 - Amor dado

Amados míos,


La única voluntad de esta Madre celestial, cuyo corazón inmaculado no conoce sombra alguna de temor, es llevarlos al conocimiento directo de un amor que no tiene principio ni fin. El amor de la santísima trinidad, en cuyo centro reside vuestro verdadero ser.


La realidad del amor es como un círculo infinito de luz y perfecta armonía que abarca dentro de sí todo lo que existe y es. En él existe la vida, la cual se extiende eternamente en la paz que no tiene contrario y la dicha sin fin.


En vuestras almas existe el recuerdo de ese amor porque es el recuerdo de lo que sois en verdad. Este es el amor que vuestro ser anhela. Ningún otro amor puede completar vuestros corazones por la sencilla razón de que no existe otro amor que el amor de Dios, desde donde todo amor fluye.


Si permanecéis unidos al amor que sois, vuestras vidas serán expresiones del amor santo y gozaréis de la alegría de los hijos de la luz. Solo el amor os puede hacer felices. Solo la vida puede engendrar vida.

En vuestra realidad humana muchas veces os angustiáis por cosas que no tienen sentido. Solo una cosa es importante, el amor dado.


En la medida en que os abrís a dar amor, en esa medida vuestros corazones permanecen sanos y el mundo se ilumina. Os aseguro que todo temor tiene su origen en un amor que no ha sido dado. Escatimar la fuerza del amor que impulsa el corazón es bloquear el flujo de la vida.

Hijos de Dios. No busquéis amor. Sed amor.


En la realidad humana, todos tiene la experiencia del desamor. No existe en el mundo un corazón que no haya sido herido. Poco importa si esa herida fue percibida en relación a vuestros padres, parientes, amigos o por quienes llamáis enemigos. El corazón no sabe de esa distinciones.

La herida de amor solo demuestra cuán esencial es el amor para vuestras vidas. No os angustiéis si sentís que fuisteis abandonados. El amor real no puede abandonaros jamás. No os sumerjáis en la tristeza por causa de la incomprensión de aquellos que vosotros amáis. Ellos también tiene su Golitat. Más bien ocuparos diligentemente en mantener vuestros corazones limpios de todo sentimiento que se contrario al amor.


Cultivad en vuestras almas la belleza de las virtudes y concebid en vuestros corazones la pureza del los sentimientos nobles. Haced de vuestros corazones un templo santo donde Cristo pueda morar alegremente. Abríos a sentir el amor que procede de una flor, del fluir de un río, del las melodías del viento y de la majestuosidad de la vida. A cada paso que dais estáis siendo abrazado por un amor que no tiene palabras. Una realidad que está más allá de toda imaginación. Una paz que lo abarca todo y desde la cual ha emergido todo lo creado.


No os preocupéis por nada. Más bien vivid vuestras vidas unidos a esta Madre. Os aseguro que el poder de mi corazón inmaculado, unido al Corazón de mi divino hijo Jesús, puede obrar milagros y hacer que todo lo que necesitan vuestros cuerpos, mentes y espíritu os sea dado en santidad.

Os invito a ser fuertes en el amor hermoso. A permanecer en la pureza del corazón. Esto hará que elevéis vuestras vidas hasta las cimas más altas del reino de los cielos, y que vuestros corazones canten alegremente el canto de la vida eterna.


Nos os dejéis desanimar jamás. Esta Madre os protege con especial dilección.


No se puede dar lo que no se recibe. Esta es la razón por la que una y otra vez os llamo a vivir en el amor perfecto. Para que podáis daros a vosotros mismo. Os aseguro que al final del camino, lo único que cuenta es el amor dado. Del mismo modo os digo en espíritu y verdad que dar y recibir son uno y lo mismo. De tal manera que cada vez que os abrís a recibir Mi amor y el de los demás, estáis dando amor a todos.


El amor actúa pro sí mismo. No requiere de la atención. Tal como sucede las funciones del cuerpo y de la mente. Los planetas siguen girando en sus órbitas independientemente de si vosotros os percatáis de ello o no. El tintinar de los elementos al bailar la danza de la vida seguirá existiendo en la alegría de la creación, incluso sin la necesidad de que vosotros seáis consciente de ello o no. De la misma manera ocurre con vuestro ser de puro amor. Se extiende por el cause de vuestras almas, tal como lo hace el agua que fluye por el cause de un río.


Dejad que vuestros corazones se llenen de amor y veréis lo que significa el milagro de la vida. Permitid que vuestras mentes rebocen de alegría y santidad. Así, vuestras miradas reflejarán la dulzura de Dios. Agradeced al Padre de todos por el don de lágrimas. Son la manifestación visible del fluir del agua de vida eterna que se vierte en vuestras almas y cuya fuente es el amor divino.


Amad a vuestros hijos. Amad a vuestros padres. Amad a vuestras hermanas y hermanos. Amad la tierra en la que tenéis la experiencia transitoria de la vida humana. Amad a Dios. Amaos a vosotros mismos. Amad a quien creéis que os ha hecho algún mal. Amadme a Mí para que podías experimentar la pureza del amor santo. Amad cada aspecto de vuestra realidad.


Amad todo en el amor que Cristo es. De esta manera seréis siempre un canto de alegría. Una flor hermosa plantada en la realidad del espíritu. Seréis lo que estáis llamados a ser: la expresión perfecta del amor que no tiene principio ni fin.


Os bendigo a todos y doy las gracias por responder a mi llamada.


Gracias por ser la luz del mundo.

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