Capítulo 91 - Luz de la verdad


Hijitos,


Cuanto más os sumergís en la verdad, más os hacéis uno con el amor que Dios es. Esto se debe a que la verdad y el amor son una unidad. Y dado que amor es lo que sois, es de vital importancia para vuestra alma vivir en la verdad. Mi amor quiere llevaros a comprender plenamente qué cosa es la verdad y acerca de a qué se refiere la verdad.


Se os ha dicho que la verdad es Cristo, y que Cristo es vuestra verdadera identidad tal como Dios la creó para ser. Si aceptáis ambos aspectos de la misma verdad, os daréis cuenta muy fácilmente que la verdad que os hace libres, y en efecto la única realidad de la verdad, se refiere a lo que sois. Andar en verdad significa vivir tal como fuisteis creados para ser. Para eso es necesario conocer la verdad. De lo contrario el alma llevaría dentro de sí un impulso inherente a conocerse a sí misma, que no podría satisfacer, lo cual carecería de sentido.


El alma descansa en paz cuando vive en la certeza de lo que es en verdad. Si se lo entiende bien, esta es la definición más completa acerca de lo que significa la paz de Dios. Todo temor procede de una ignorancia acerca de lo que el ser es. Todo amor, de la sabiduría del ser. En el conocimiento del corazón reside la vida del espíritu. Por ello es tan importante conocerse a uno mismo en la verdad.

Vosotros no sois lo que el mundo os pretende enseñar que sois. No sois lo que un sistema cultural ha predefinido que sois. Tampoco sois aquello que vosotros podéis definir por vosotros mismos. Lo que sois no puede ponerse en palabras humanas, porque está allende todo límite. No puede nombrarse ni simbolizarse. Tampoco es necesario hacerlo.


No hay dudas de que la mente busca constantemente etiquetar las cosas, y con el afán de controlar, limita todo de miles de maneras diferentes. Aun así, nunca ha podido nombrar al amor sin errar en su intento. Nunca ha podido ni podrá nombrarte a ti. La inabarcabilidad de tu identidad es lo que le da miedo a la mente pensante o mente ego. El no poder controlar al amor es la raíz del miedo de ese aspecto de la mente que pretende crear su propio mundo, separado de la realidad de Dios. La verdad sin Cristo es algo inconcebible porque son lo mismo, tal como lo es el Cielo y el amor.


Solo por medio del Verbo divino puede conocerse la verdad revelada. Solo el Espíritu de Dios puede ser el revelador del conocimiento que es suyo. En otras palabras, no existe conocimiento fuera del Creador porque no existe verdad fuera de sí mismo. Así como el amor se conoce en su única realidad, la verdad se manifiesta en sí misma. Por esta razón es que solo puede serles revelada a las mentes que abrazan la verdad. Sin la disposición de la voluntad del ser a conocerse a sí mismo tal como Dios lo conoce, el conocimiento divino es estéril para el alma, aunque sea verdad.


En cierto sentido, vosotros sois los que tenéis la última palabra. No para determinar qué cosa es verdad, ni para dictarle a la vida lo que debe ser, pero sí para pasar vuestros días viviendo en la verdad o no. No existe otra elección posible. Sois siempre libres. Vuestras elecciones no cambian la realidad, pero sí vuestra experiencia. Y dado que la experiencia es la realidad del que cree que es su verdad, le afecta en su consciencia. Es esa afectación la que, es necesario hacer que deje de ser una experiencia de enajenación de sí mismo, para retornar a ser de conocimiento perfecto de sí mismo.


¡Cuanto temor hay en una casa donde se mora con un huésped desconocido! Imaginaos por un instante habitar en semejante compañía. No se puede permanecer en paz. La atención se fija en aquel que no se sabe qué es y por ende cómo actuará. Así es como os hacéis a vosotros mismos, cuando os alejáis de la verdad. Os transformáis en extraños para vuestra consciencia. En seres desconocidos y por ende no amados. Recordad que no se puede amar lo que no se conoce.


Os invito a pensar en la verdad, a la luz de Cristo. Solo en ella podéis contemplar las cosas a través de los ojos del amor y por ende de la realidad divina. No aceptéis otra verdad que la de Dios. No entendáis las cosas acerca de vosotros mismos fuera del entendimiento que procede de la sabiduría del amor. Solo en ella podéis ver en la luz de la santidad. En ella conoceréis los designios del creador para vosotros, pues lo que sois y vuestro destino son uno y lo mismo.


Os llamo una vez más a amar la verdad con toda vuestra alma, vuestra voluntad y vuestro corazón. En ella encontraréis los tesoros del reino esperando a ser descubiertos, aceptados y compartidos. ¿Puede Dios haberse equivocado al crearos? ¿Puede Cristo querer la condenación eterna de sus retoños de amor? ¿Puede la ausencia de amor proceder del amor? ¿Puede lo que no es real tener efectos reales?


Todas estas preguntas apuntan a lo mismo: a conocer la verdad utilizando como marco de referencia al amor. Si hacéis eso no podréis perderos jamás. De él obtenéis la sabiduría necesaria para vivir en la certeza de la verdad. La duda no existe allí donde mora el amor. Por esa razón es que quienes conocen la verdad y la aceptan de todo corazón, no conocen otra cosa que la realidad de la santidad. Son los hijos de la luz. Nacidos del espíritu y no de la carne. Son los herederos del Reino de la vida.

Haced de la verdad vuestra única realidad pues eso es lo que es. Haced de su dulzura vuestra compañera fiel. Caminad con ella. Cantad con ella. Alegraos en ella. Haced que vuestros pensamientos sean veraces, tal como lo son los pensamientos de Dios.


Os regalo una oración santa. Si la lleváis en vuestras mentes y corazones os estaréis haciendo acompañar por la verdad. En razón de vuestro deseo de que así sea, el Cielo mismo descenderá allí donde pronunciéis estas palabras. El suelo que piséis será santificado. El aire que respiréis será bendecido, por la radiante luz de la verdad que de ellas emana. El mundo será más luminoso. Y acercaréis el Cielo a la Tierra.


Orad con fe lo que aquí se os regala con amor, diciendo alegremente en vuestros corazones:

“Soy hijo de la verdad. Nacido de la luz. En ella existo, me muevo y soy.”

Permaneced con estas palabras en el silencio de vuestros corazones, dejad que hagan lo que saben hacer en unión con el espíritu de amor.


Descansad en paz.


Gracias por recibir mis mensajes.

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