• Sebastián Blaksley

Capítulo 2.1 - El amor es unión


Amada criatura santa, nacida de las entrañas del amor perfecto, y por ende extensión suya,


Vengo nuevamente, lleno de alegría sincera. Revestido en la luz de la gloria de la santidad. La cual es toda mía, tanto como toda tuya, y de toda criatura salida del corazón de la Madre divina, fuente creadora de la vida. Ella es la que hace que exista todo. Sin Su divino amor, no existiríamos, porque no tendríamos una fuente desde donde fluir. De manera similar a como el manantial que obtiene agua cristalina, de una fuente ubicada en cima de la montaña; así la vida de tu ser procede del Inmaculado Corazón de la Madre de todo lo creado. Sin Ella, nada podría sostenerse en la existencia. La vida se secaría, como le ocurriría al manantial que deja de recibir las aguas de lo alto.


Una vez que has comprendido, por la revelación de la sabiduría que mora en ti, cuál es el propósito de tu existencia, lo que sigue es desarrollar la capacidad – por decirlo de algún modo –, de permanecer constantemente dentro de la unidad de la consciencia de la verdad. Es decir, de Cristo. Recuerda que Él es la verdad, así como también el camino y la vida. Siendo uno con su divino Ser, tú mismo te haces verdad, camino, vida.


Amada mía. Reunirte con la verdad es reunirte con el amor. Permanecer en ella, es permanecer unida a tu verdadero ser, el cual es uno de puro amor. Amor es lo que eres, santidad es lo que extiendes. Luz es lo que emana de tu ser. Vivir en permanente unión con esta verdad es de lo que estamos hablando. Te aseguro que cuando te haces acompañar por ella, moras en la paz del cielo. Para que ello sea posible, es necesario dejarse amar. Abrir la mente y el corazón a la realidad que está más allá del mundo de los sentidos físicos, y la mente pensante, aunque sin dudas tu humanidad participa plenamente. Todo lo que eres forma parte de la unión, si es que vives en la unidad. No hay necesidad de dejar nada fuera del abrazo maternal del amor .


En el reino del tiempo, todo hijo tiene una madre y un padre. Esto es reflejo de la ley del cielo. No es algo exclusivo del aspecto físico y mental de tu realidad presente. Es la ley universal de la existencia. Toda criatura tiene un creador. De lo contrario, no podría haber surgido. Esta verdad, es algo simple de comprender. Normalmente todo el mundo está de acuerdo con ella. Sinembargo, en lo que no se suele pensar, ni acostumbra formar parte de la consciencia personal, es el hecho de que lo creado lleva dentro de sí, todo lo que le fue dado de su fuente creadora, y permanece por tanto, unido a ella. Esto se cumple en todos los aspectos de lo que eres. Tanto en el cuerpo, como la mente, el corazón, el alma y el ser. En otras palabras, todo lo que existe tiene una fuente, y lleva dentro de sí todo lo que de ella procede, es portadora de su realidad.


Ciertamente, puedes tomar distancia física y emocional de tus padres en el mundo, o de cualquier cosa que creas que constituía tu seguridad, y satisfacía tus necesidades, incluso de aquellos que dices amar. Pero esto no es así en el plano del ser. La criatura no puede separarse de aquello que constituye su creador, porque dejaría de existir. Dicho llanamente, aquello que eres, va contigo donde quieras que tú vas. El Creador de la vida no crea las cosas de una sola vez, sino que es eterna creación sin fin. Da vida a cada instante. Crea y recrea todas las cosas sin cesar. Por ello es que es eterna novedad. Misterio de un amor que no tiene principio ni fin, y sinembargo es el principio y fin de todo lo creado. Realidad eternamente vivificante. Lo único que puede separarse, es tu modo de pensar, sentir o de ser. Pero no lo que eres, ni tu existencia. Dicho de modo claro y a manera de recordatorio bendito, siempre estarás unido al amor. Hagas lo que hagas, y actúes como desees actuar. La vida siempre estará unida a ti.


La vida es eterna. No tiene interrupciones, ni puede dejar de fluir un tiempo para luego seguir haciéndolo. No existen intervalos en su eterno fluir, porque no existe algo como la no realidad de Dios. Si ella pudiera interrumpirse, todo dejaría de existir; colapsaría el universo porque su fuente no existiría.


¿Puedes comenzar a ver – en mayor profundidad - cuán falta de verdad es la creencia de que puedes separarte de la eternidad? Precisamente porque no puedes, es que existe en tu corazón un anhelo profundo de permanecer en unidad con tu Madre celestial, quien también es tu Padre eterno, tu Fuente, tu realidad. Por lo tanto, amada criatura del amor, la cuestión no es si estás separado de la Luz de la vida o no, sino si estás viviendo la vida como el huérfano que nunca has sido, ni serás, o vives en la verdad de tu perpetua filiación con el amor de los amores, en cuya realidad moras por siempre. Y desde cuya fuente brotan constantemente hacia ti las maravillas del cielo, las cuales son tu herencia y tu verdad.


Ahora te pido que medites acerca de lo que este diálogo te recuerda con dulzura y amor. Conserva estas palabras en el silencio de tu corazón. Hazlo con paz y serenidad, y por el simple gozo de permanecer dentro del abrazo del amor santo, cuya inefable belleza te pertenece. Haz eso, y estarás reuniéndote con la verdad. En esa reunión, experimentarás el gozo de la divina unión. Y te aseguro que nunca más querrás, siquiera perder un instante en las febriles fantasías de que pudieras estar ausente del cielo, o separado de tu divina Madre.


Bendito seas tú, que escuchas la voz del amor, la sigues y la compartes.

6 vistas0 comentarios

Entradas Recientes

Ver todo